El momento hermoso es un momento cobarde
que nuestro caos dibuja de dolor y de esperanza.
Cualquier precio pagamos para olvidar el valor.
Pero la belleza y la perfección no pueden ser lo mismo,
pues no sería posible una perfecta belleza
y no sería posible una bella perfección.
O sí sería y ese escenario de errores
seríamos tú o yo, juzgándonos
en un amor imposible.
Sedada por su propio acto de sadismo, la belleza
se ensaña con nuestro ser hasta ser nada;
pero siendo su veneno de estorbos precisos
sabotajes resultan saludables.
Un lazo de unión nos ata
precisamente a la distancia.
¿Quién nos permitió dudar de la belleza?
Todo rostro, desgarrado cinco veces,
iluminado suficientemente por los astros
o por las diferentes versiones del fuego,
y en el que reconozcamos el dulce brillo
sensual de nuestro aroma, suave y líquido,
es más: en el que sospechemos que sujeta
sin nada, las palabras.
Ser intercambiable por ella.
Recibimos o tomamos
robado o prestado
el privilegio de hacer
hermosas las cosas.
La belleza es un error y un lugar;
pues, ¿qué necesidad habría de ella de no ser
por los errores, que habitan y limitan los espacios?
Pero siendo lo contrario del error, acaba
convirtiéndose en lo contrario de sí misma.
La precisión con que los tiempos se anudan al objeto
y es paisaje soñado, presente y pasado deseable,
he ahí el suceso humano, la idea imperecedera.
Sin que oigamos reír a la ignorancia.
A la ilusión lanzada a través
de cuanta corrupción nos quiere, nos rodea,
le dimos un nombre. ¿Lo hemos olvidado?
Acaso era un sueño, un recuerdo, una sombra.
¿Aún quieres
llamarla
belleza?
Quien trabaja con el orden busca la belleza.
Quien trabaja con el caos busca la belleza.
¿Cómo negar que incluso en la minuciosidad
del delirio suicida no está también la búsqueda
de la belleza?
Es hermosa la muerte, es hermoso el olvido.
Es hermoso el perdón, que deja atrás los imposibles.
Acaso la belleza esté reñida
con la perfección y sólo habita
en la posibilidad dialéctica,
en la oposición, en el conflicto,
como la manzana de la discordia.
La civilización lucha
para hacer del odio
algo hermoso.
La belleza sirve
de lente al valor
pero eso
¿quién lo ha dicho?
¿Hay realmente algo anterior a la belleza?
Haciendo arqueología entre imágenes, ideas, ignorancias,
hasta encontrar el primer objeto bello, el primer momento
en que el terror, el sufrimiento, este vivir en fuego
se hizo hermoso, y dejó de ser un todo impreciso.
Empecemos diciendo
que la belleza es una
¿promesa?
La belleza, lanzada en una dirección,
encuentra en mí mismo un estorbo;
pero siendo yo estorbo de mí mismo,
¿hago de la belleza un tropiezo
o del tropiezo un momento hermoso?