Como te has visto, así has de mirarte.
Miro en mi posición como miro las estrellas en el cielo:
siendo presente del observador
y pasado del objeto.
Se me ha escapado esta idea, me recriminas, dolorosa.
Y qué decir de las ideas que me resbalan, que me
traspasan, que me adelantan sin yo conocerlas.
Pero tienes razón, si estás aquí, es producto de aquello
que no dejo pasar. He de cuidarte,
ignorancia.
Hasta los errores son un acto de rebelión
que buscan consumar lo que no está permitido
en el acierto.
Conoces esa extraña sensación de que no
se acumulan los cadáveres, a pesar de las lecciones
con que a la hora asaltan tu cultura.
Apareciste como lo insufrible del efímero momento.
Y es ahora cuando mi ignorancia cuida de mí,
trabaja por entero cada detalle, pues no sabe
qué parte de mí decidirás llevarte
a pasear contigo.
Iban acechando las consecuencias de sus actos.
Mientras sus actos campaban a sus anchas.
Centras la atención en la periferia de ti mismo.
Lo que quieres se encuentra en el origen,
en el punto en que equidistan los máximos de las distancias.
Te pillé
en el preciso instante en que intentabas ignorarme.
Y ahora puedo hacer de ti lo que insinúe
mi falta, mi ética o mi respeto.
Si aún me dejo llevar por el orden de las cosas,
tal vez pretenda amarte en una convicción
de que me llamas desde fuera
de mi cerebro en coma.
Me pedías un minuto de atención para que viviera
la complicidad de tu sonrisa;
pero yo estaba demasiado ocupado
encubriendo un crimen.
Permitiré que me limpies con cuidado,
que seas tú quien encuentre, brillando
entre la suciedad, mis perdidos perdones.
Eran piratas que coleccionaban como gemas
preciosas maneras de atender los sufrimientos.
Con la palabra sólo pasamos el testigo
de un descubrimiento: rescatar el momento
de la desaparición.
Llamamos Destino a la compresión del pasado.
¿Qué extraña aberración hace al ojo retirarse
del paisaje?
Aquellos que hablan alrededor de una mesa
saben
que los objetos de su conversación, sus enseres
y sus labios, sus oídos, sus actos y su amor
son imposibles.
Tras un periodo de vida nómada,
decidió instalarse en la acción.
El primer beso cargado de alimento me enseñó
que el sufrimiento era pasajero.
Más tarde, algo me haría sospechar
que no aterrizaríamos nunca.
Qué de los cielos queda
sujeto.
El fracaso de la realidad es el triunfo de mi inconsciente,
que sabe que la realidad no puede perder,
y es lo único que sabe.