jueves, 29 de septiembre de 2011

Tiempo, suelta mis cabellos

En tres horas he trenzado
la caída de mi casa,
el terror en mi país,
la pobreza de mi alma.

En tres horas he trenzado
pero tú
me pellizcas con los dedos.
El tiempo canturrea exigiendo perdón.

Rei

Sin tí estaría condenado a mí mismo.
Ellos no existen, y si existen están
en un lugar inaccesible del caos o de las piedras.
Amarlos, imposible. Comprenderlos,
una empresa inútil, un deseo insensato.
Pero ese detalle original, que arrasa
el Universo con lo que hasta ahora ha sido,
me fascina, me ciega, arrastra mi deseo, me
destruye a crecer y a través de ellos.

martes, 27 de septiembre de 2011

Dejado a cada instante y obligado
a amar lo que yo no quisiera.
Mientras opciones de ti me son
perdidas. He de vivir
allí donde llamean los conceptos,
allí donde sirven
y donde van a parar
los que ya no regresan.
He intentado, de veras, escribir
con palabras normales; pero, a mí
al menos, me resultó imposible no dejarme llevar
por todo lo improbable en el silencio
o por lo excepcional de la palabra.
Como un demonio en fuga, doy aliento
para hacer de mis palabras perfecta escucha,
y no callar.

Odio

Si afinas los oídos, verás que no
hay nada más parecido al presente
que el silencio. Por eso hoýmos
confundidos los robos que nos interesan.

lunes, 26 de septiembre de 2011

La escalera de Jacob

Comenzó por el error, clarividente descuido.
Paso a paso fue bordando el engaño,
hasta creerse del todo
un perfecto fingimiento.
No me digas que existen esos besos.
Un estado gobernado por un millón de tiranías
difícil o fácilmente podría ser llamado democracia.
Y, sin embargo, intenta aplicar esto a la armonía
del alma, a la tectónica de una catedral
o a la gramática.
Aplícalo al bullir de tus pasiones o al trasiego
de los días. Verás
lo que pasa.
Sólo yo he vivido un otropeyo.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Qué gesto darías si supieras que cada matiz
te será devuelto, casi como un beso o una bofetada,
por el Otro, siempre atento, siempre despierto.
Y cuál si te atravesara el poderoso convencimiento
de ser abrazado por el más estremecedor de los vacíos.
¡Píllalos, píllalos, que se escapan tus pecados!
Podría parecer ridículo ese correr encorvado,
tras los caprichosos correteos de nuestros errores
tan pesados de llevar;
pero, no lo olvides, ese es el gesto de la humanidad.
El amor tiene algo de humillante para quien no lo posee.