lunes, 3 de octubre de 2011

Se pasaba las horas investigando
cómo era posible que él fuera feliz
mientras los demás se empeñaban
en absurdos y tortuosos afanes.
Su propia felicidad era un absurdo que le
atormentaba.
Dios. Palabra. Ley. Padre.
Tal vez conozcas a la persona que has sido.
Pero si ya conoces a aquella que vas a ser
es que estás muerto.

Ideas

En tiempos de paz se siembra la guerra
y en tiempos de guerra se siembra la paz;
pero en estos años de sequía, ciertamente
no sé qué pensar.

domingo, 2 de octubre de 2011

Sin el más mínimo respeto por las cosas
con tal de borrar la suciedad.
Ni las personas.
Ya sólo finjo en aquello con que me engaño a mí mismo.
¡Ah, gente necesitada! Gente que se aferra a su idea,
que quiere mover las cosas al ritmo que bailan sus ideas.
Mueven sus ojos en la dirección que marcan sus ideas.
Mueven sus manos en la dirección que marcan sus ideas.
Y así podrían seguir, hasta que me encontraran:
pues, ¿qué puede saber nadie de la necesidad?
Nada permanece, sino que sigue, y seguir
es casi un movimiento. Bien mirado, no hay
sueño más estático que el delirio de persecución.
Cuando me desperté estabas lejos, y tus caricias
fueron la manera en que acudí a buscarte.

Hasta la Muerte

Tus sonrisas son órdenes.

sábado, 1 de octubre de 2011

viernes, 30 de septiembre de 2011

Me didas

En la medida en la que soy destruido,
también me rodean menos los objetos.
Vacíos antes extraños ocupan su posición.
Surge, inesperado, lo digno de amor.
Lejos, borrosos, siguen arrastrándose
nuestros fantasmas. Revolotean;
pero ahora bailarán este nuevo ritmo.
Deseo no enturbiado por objeto, atraía
la materia hacia su singularidad.
Allí donde aún qué sabemos apenas,
el beso era inevitable.
En off, en espera, en insistente mecánica,
como una palabra, tal vez menudeada,
pero que aún no ha vibrado así en tu voz.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Tiempo, suelta mis cabellos

En tres horas he trenzado
la caída de mi casa,
el terror en mi país,
la pobreza de mi alma.

En tres horas he trenzado
pero tú
me pellizcas con los dedos.
El tiempo canturrea exigiendo perdón.

Rei

Sin tí estaría condenado a mí mismo.
Ellos no existen, y si existen están
en un lugar inaccesible del caos o de las piedras.
Amarlos, imposible. Comprenderlos,
una empresa inútil, un deseo insensato.
Pero ese detalle original, que arrasa
el Universo con lo que hasta ahora ha sido,
me fascina, me ciega, arrastra mi deseo, me
destruye a crecer y a través de ellos.