Qué pretendes.
Cómo puedo ser objeto de tu intención si no me conoces.
Un remolino de orgullo avanza tras el
movimiento de tus brazos, y llega, tanto
a la imagen de mi fantasma en tu memoria, como
a mí mismo, sin que yo sepa: quién soy,
qué parte del fantasma eres, o es mío, o pertenece
al viento, si es que existe algo
que se pueda llamar memoria, viento, tensión,
o brazo.
Me encierro a estudiar para saber qué decir en la calle. Pero el estudio es un espacio sin fin y las calles parecen cerradas.
Estoy solo en mis aciertos, mientras mis errores me únen a los demás. Acierto para ti, me equivoco para nadie.
Perdí mi civilización en busca de la esperanza; mientras otros esperaban que buscara mi pérdida.
Pues no es la noche lo que el Sol calla.
¿Cómo he aprendido a borrar con mis palabras
cuanto tengas que decirme?
¿Qué palabra escuché que me enseñara
a borrar cualquier palabra?
Rastreo en el continuo del silencio
aquello que mi dicción ha recortado
cuando aún no sabía que creaba las cosas.
Dijiste morir es imposible,
pues morir es traicionar a la muerte,
ya que el amor de la muerte consiste en su perdón.
Y sin embargo moriste.
Cuando supe que la única utilidad del saber es el amor, todo lo demás, incluido el saber, incluido lo útil, se volvieron vanas ilusiones.
¿Cómo ha llegado la noche si aún sigo amándote, Sol? Con esta oscuridad, ¿qué quieres enseñarme?
Me hiciste, amor, un repertorio de locuras.
Y yo me deleitaba, embriagado de temor,
en tan odiosos desvaríos.
¿A qué razón me llevaban?
Hoy, a solas contigo,
y tu acto de amor.
Trabajamos un solo Sol para soñar miles de estrellas.
Si alguna vez es triste llevar razón,
busca un par de razones cargadas de alegría,
o preferirán la locura.
El punto de tus palabras ha de ser más elevado que tu punto de mira; pues no se puede mirar más alto que la palabra.
La tristeza sólo es la ausencia de perdón.
No hay nada malo, sino fuera de su momento.
¿Cómo la paz fuera de su momento?
¿Cómo el amor fuera de su momento?
He atrapado el error, y era su bien y su momento.
Tiempo, no te impongas.
No te extiendas oscuros los espacios de la soledad.
Deja que brillen nuestros sueños de inmediatez.
Sométete tú, redúcete a ser la mirada en nosotros,
aquellos, los que amamos.
En la mina de tu descanso quiero remar
para no perder mis ojos ni mis labios.
Pero antes de ser ojos y ser labios ya fueron adiós.
En la presa de tu pérdida quiero remar
para que no haya en el amor ni un descanso.
Si eres real, no habré de conocerte.
Mis ojos y mis manos por tu piel,
paseo a tu alrededor
y sólo puedo creer en ti.