jueves, 4 de abril de 2013

Piensas que escribo abiertamente,
pero eres tú quien dibuja puertas en el cielo.
Eres tú quien diseña llaves y llaves.
Quien atraviesa con juventud y entusiasmo
este tapiz tejido de tinta o luz
de oxígeno o sangre.
Sobreviven aún planicies muchas en la tierra
donde se ve sin duda moverse el sol.
Allí cuerpo y posesión viven juntos casi para siempre.
Crían dragones para apostarlos ante el más allá.
Son muchos y proliferan esos lugares
lindos y simpáticos, como árboles en la tormenta.

El clavo de fuego

Atrapa el día con sueños y palabras,
aferrado el clavo del instante, prieto el puño,
con firmeza hendido en la llama o el mar,
en los giros del viento o la explosión sin rumbo.
Hice una pausa en la corrección de exámenes
que se apilan en dos columnas: corregidos y pendientes
aprobados y por corregir. Medita sobre ello.
Tu beso ha sido un árbol por el que
arrambla el río de mi olvido y mi memoria
sin moverlo. No tiene raíces ese árbol,
pues en mí no hay más realidad que este río
recién desbordado de siempres por la lluvia
torrencial de los instantes y otros.
Tu nombre escrito por el vacío está hecho de sol.
Me has descubierto.

miércoles, 3 de abril de 2013

Si Moebius no entretuviera la B, su banda no sería tan interesante.

Poema escrito en el quirófano

Hay un paisaje entre la angustia
y la confianza iluminado por la modernidad.
Conocidos los ritos, literaturizadas las formas,
voy a tocarte, voy a cuidar de ti,
haremos un pacto como otro cualquiera
con el chisporroteo de nuestra próxima rutina.
[Aquí tuve que ir a guiñarle a un buen amigo,
tardaré los días que hagan falta]
Porque nos entusiasmamos.
Estoy nervioso y no del todo dejo
de pensar
en ti mientras atiendo este crucial detalle.
Han dejado las toallas, tan bien colocadas.
Y sé que llevo esperando que saltemos
del sueño, más de lo que creo mi vida.
Este papel es espontáneo. Este teclado
y la pantalla, su espontaneidad
ahora me asombra.
Cómo no he caído antes
en lo poderosamente actual
[DICCIONARIOS POR FAVOR]
que es la materia de las cosas.
Julio César y todo lo demás
mientras me roza tu cabello en tu perfume.

martes, 2 de abril de 2013

Para la verdad siempre hay tiempo.
El ser humano es el único desastre que camina.
In silva espesa turba
il tuo pensiero
qua ego entrandum
con un machete cutting and cutting
ad travis tan weiten spielraum
até les idées brillassent seules
like a lot of stars in darkness of night.

Ahora

Cada vez es más difícil oír la lluvia.
Hay un ruido de fondo que se parece al deseo.
Y tal vez, memoria caprichosa qué
se te antoja, lo sea.
Si no estás dispuesto a arder ni mientes el fuego.

lunes, 1 de abril de 2013

Lo escrito...

Es una escalera, pero no por la que suben y bajan los ángeles.
Es una piel, pero sólo como contorno. Si es sensual,
está más cerca de lo sensual en sí que de nuestros sentidos.
Es una tierra ya arada donde sembramos nuestros ojos y regamos;
nada brota de ella porque es tierra arada sin tierra: lluvia.
Tiene fachada y su interior carece de tapias y sus pasillos
están dispuestos al capricho de los vientos, pero existen.
Nace como exigencia y acaba como placer. Es un padre
que nos invita. Un extranjero que nos ama. Un enfermo
picado de eternidad y fantasmagorías excelentes.
Frío abrigo de invisible fuego. Amor y nada.
Ilusiones de punto.
Poner en función es una tentación.
¿Es así como funciona lo Real aunque no lo sepamos?
¿Lo real funciona como tentación?
Está lo sabido. Técnica y lógica, práctica y estética.
Y mi razón cuajada en automatismos
¿dónde aprendió a escribirte el amor entre los labios?

domingo, 31 de marzo de 2013

El siglo XY

Durante un breve periodo fuimos
los héroes de toda la humanidad.
El todo es muy grande.
La humanidad es muy grande.
Pero entonces no nos lo parecía.
Conocíamos bien nuestras ilusiones,
apenas sabíamos nada de nuestros sueños.
De eso se hablaba. Fueron tiempos
de mucho parloteo: largos pasados
y brillantes futuros en lontananza.
Fue breve. Duró lo que una
conversación entre un hombre
y una mujer, si son jinetes
del deseo.
Lo escrito interrumpe al que habla.

sábado, 30 de marzo de 2013

Mi maestro me ha mandado escribir un comentario sobre mi última lectura. Pero ¡yo pienso! que mi última lectura es esto que estoy escribiendo, es decir, justo lo último escrito antes de seguir comentando (intuyo que así no acabaremos nunca). Escribir es un castigo. Leer es un castigo. Y yo quisiera ser Sócrates o Peter Pan (¡oh Sherlock!) y vivir sólo en un puro comentario vivo. Acción. Acción. No sé por qué soy tan obediente. Será porque me lo exige la coherencia temática de lo que digo. No ya lo que pienso.
En mi texto observo que hablo de mí mismo. Aún no soy nada, sólo una posición observable o legible. A un lado tengo un templo griego, sus columnas, su tímpano, su fachada, líneas y mármol. Aún no sé si lo tengo frente a mí o estoy de lado. Lo que de verdad me rodea es toda esa esa algarabía de palmeras, pajaritos, ríos, nieve que baja de las montañas trazando aeroplanos, ceras de colores y tartas y un ejército de etcéteras que no volveré a nombrar.
Te busco. Tú eres una mujer. Pero lo eres sólo un momento. En seguida eres un juez severo con anteojos que lee. Me miras de soslayo, porque el que lee ahora lector soy yo. Yo, monstruo. Lector que escribe. Hay un monstruo, una mujer, un juez. No sé quién de los cuatro está más cerca del templo griego. Ahora que lo recuerdo el juez puedes ser tú, maestro. Y si el monstruo soy yo, ¿quién es la mujer?
Avanzo decidido a interrogar al monstruo; pero en seguida me entretiene la distancia. No había caído en que también existe la distancia. La distancia es seductora y me enreda con su conversación. ¿Es acaso la distancia la mujer? No lo creo, porque la distancia engorda su imagen con cada palabra, se alimenta de sí misma y la mujer no la conozco. ¿Quiere usted que le describa la distancia? ¿Usted o yo? Bueno, sería grato seguir siendo obediente, la distancia es una animada taberna de dunas y canciones y espejismos. En su lugar haré un poema, que será una puerta para salir (salir y entrar, dunas y almas) de la distancia.
Hay allá montañas saltarinas donde se pone el sol
y se oculta el pesar y el movimiento.
En el país de la perenne confianza
los raíles del tren se rizan antes de tocarse,
salen desde los pasillos de mi casa,
en un horizonte de ojos y manos.
Este es mi ventana en el paisaje. El paisaje una pared y el poema es una puerta. Es una puerta pequeña hecha de viento. Quiero abrir. Pero sus hojas me interrogan (han venido decididas): ¿Cómo quieres salir por mí? ¿Quién eres tú que me hablas? Soy el poema. He de darte nombre, entonces: pensé que eras una ventana para salir pero ahora estoy hablando contigo. Pensabas salir a través de mí; ¿no ves que soy, como tú, más persona que lugar? No lo entiendo bien; tendría que ponerte un nombre: ¿cómo me llamarías tú a mí, poema?
–¡Ay, querido! Eludes tu responsabilidad. ¿Desde cuándo es tarea de un poema erigirle un nombre a su autor? Yo no sé hacer esas cosas, tú no me lo enseñaste. Difícilmente puedo ayudarte. Tampoco si lo que quieres es salir de tu paisaje a través de mí. Pero estoy dispuesto a acompañarte, en busca de una vereda. ¿Dónde quieres ir?
Lo que quería era ir a su nombre, pero no quise decírselo. Ese fue nuestro primer secreto. Le hablé del templo griego, y el cariño que le tenía. Y con susurros y miramientos intenté hablarle del revoltijo de nosequés en que estábamos sumidos. Pero en secreto, yo quería ir a su nombre. Usted, maestro debería habérmelo enseñado. Debería haberme explicado quién es la mujer. El deber lo esgrimo ahora y no me suena a ti. Si lo supiera no tendría que moverme y sería feliz como una estatua con su amada materia.
¿Ves? He dudado. Ahora el poema y el monstruo se alejan juntos. No sé si se han hecho amigos, sólo los veo alejarse caminando en animada conversación. Me encuentro solo, en medio de la confusión, lejos del templo y de la taberna que ahora veo claramente y cuyo bullicio bien que consigo escuchar. Si doy. un paso ahora seré. capaz de crear cualquier cosa. Con ella podremos hablar. de la soledad. No sé muy bien. a dónde podría llevarnos ese tema.

viernes, 29 de marzo de 2013

La muerte es un hito y la palabra
es una herida difícil de nombrar.
La palabra escrita carece de voz
y esa carencia no siempre es soportable.
La palabra pasa y acaba y sólo queda
su fantasma. Lo escrito queda y emprende
la colonización de un mundo ignoto.