jueves, 25 de abril de 2013

Amaneció el bullicio de un día laborable
que no sabrá del auspiciamiento rojo
si tu cuerpo deja una sola gota
donde anoche hubo ásperos algunos sueños.
Esfuerzo y renuncia, qué
haces de mí. Me hago esfuerzo.
Y como el esfuerzo es efímero,
poco sostenible.
Hoy le he dado al día la rutina esperada.
El gesto se hizo arte y el arte risa.
Embrido palabras salvajes que en hordas
trenzadas hasta hacerme animal.
Fiera de mis labios y los suyos,
lanzados porque tú eres el libro que habla,
la página que han de pasar mis dedos
–hueles aún a abrazo después de la mesa–
porque no sé lo que intentas.
Hoy he sido un cobarde, como tantos
días, porque no lo dejé todo y te busqué.
(que no te conozca no es una excusa,
es un dedo acusador, página arrancada)
¿Sabes norte acaso qué debemos buscar?
Estómago trabajando. Piernas trabajando.
Dedos trabajando. Sexo trabajando.
Pulmones trabajando. Paciencia trabajando.
Palabras id vosotras en busca de las palabras
que no están a mi alcance. Id y volved.
Cada átomo de pensamiento admite su torpeza
y aún así se premia con horas de sueño
a su ser sí sí mismo
aún sin acabar.

miércoles, 24 de abril de 2013

No
soy
el autor
de mis días,
calígrafo de mis horas,
ejercicio
pautado, interferido de amor.
Está la habitación manga por hombro –la habitación–
a pesar de que la primavera está tendida –la primavera–
Y aún queda lugar, admirable arquitectura –la admiración–
para lo que me besaste, lo que me dijiste –el beso, el beso–
entre libros, cuadernos, discos, y ropas –la ropa aunque
dudo–
aún sus antiguos dedos tentando las teclas –la antigüedad–
calientes de tanta pulsación, ¿son humanas? –el calor–
pero ese es otro –ilegible– tras otras puertas –el otro–
Él escribía, tú y tus labios, yo escucho
escribo, cedo ante el espacio que se desliza.
Si me sigues
leyendo con tus recuerdos me vas a romper.
Me hicieron frágil. La nieve en los Alpes
sospechaba que vendrás como hoy a morder.

lunes, 22 de abril de 2013

Lo que se diga de él es irrelevante.
Él no existe, tampoco es. Podría decirse:
"el tiempo es la embestida de un rinoceronte extinto",
sería irrelevante y la frase traería cola.
Marco Polo lo llamaría unicornio y querría
sacarnos de nuestro engaño medieval. El tiempo
no es elegante, ni ama a las vírgenes, porque
no es un rinoceronte. Según los científicos
"el tiempo es un sustantivo paleozoico y con sinusitis".
Podría darnos pena su irrelevancia, su carácter
enfermizo, melancólico, hipocondríaco,
rinoceróntico; pero como nosotros
nos relevamos, él –discontinuidad
en la línea monemática– irrelevante.

domingo, 21 de abril de 2013

–Se cruzan los reflejos en una ventana sin cortinas–
Ha pasado el tiempo y yo sigo aquí.
Besos, despedidas, sexo, lágrimas y no son recuerdos.
El lugar no es el mismo, el cuerpo no es el mismo,
quién lo diría, jóvenes y labios éramos todo.
El tiempo ha pasado, recojo y remuevo
el aroma de tu piel, lo verdadero, el sentir
de la más cariñosa de tus palabras.

sábado, 20 de abril de 2013

¿Cuál es tu opinión?, hombre de oídos valientes,
mujer de caricias inverosímiles. Creo
haber perdido algo en tus labios. Un día
una pareja hablaba de viejos rencores ya olvidados.
Terminaste. Tú juventud era ingobernable.
Y ya no volvió a entrar la luz del sol
como el amante celoso o ajetreado propietario.

viernes, 19 de abril de 2013