sábado, 27 de abril de 2013

viernes, 26 de abril de 2013

No ha de quedar. Sólo una visita.
Como tú visitaste las grandes obras.
No se quedaron. Te tocaron. Te transformaron.
Mundo y memoria se transformó contigo.
No se quedaron. Sólo una visita.
Así llegas aquí, te marchas.
Y algo ha cambiado.
El fuego no tiene
destino.
No sueño nada desde que no sueño contigo.
O bien las horas de la noche me han censurado.
Hay cierta fidelidad en este enigma, donde actúo.
Pero un desastre inconformista.

jueves, 25 de abril de 2013

Amaneció el bullicio de un día laborable
que no sabrá del auspiciamiento rojo
si tu cuerpo deja una sola gota
donde anoche hubo ásperos algunos sueños.
Esfuerzo y renuncia, qué
haces de mí. Me hago esfuerzo.
Y como el esfuerzo es efímero,
poco sostenible.
Hoy le he dado al día la rutina esperada.
El gesto se hizo arte y el arte risa.
Embrido palabras salvajes que en hordas
trenzadas hasta hacerme animal.
Fiera de mis labios y los suyos,
lanzados porque tú eres el libro que habla,
la página que han de pasar mis dedos
–hueles aún a abrazo después de la mesa–
porque no sé lo que intentas.
Hoy he sido un cobarde, como tantos
días, porque no lo dejé todo y te busqué.
(que no te conozca no es una excusa,
es un dedo acusador, página arrancada)
¿Sabes norte acaso qué debemos buscar?
Estómago trabajando. Piernas trabajando.
Dedos trabajando. Sexo trabajando.
Pulmones trabajando. Paciencia trabajando.
Palabras id vosotras en busca de las palabras
que no están a mi alcance. Id y volved.
Cada átomo de pensamiento admite su torpeza
y aún así se premia con horas de sueño
a su ser sí sí mismo
aún sin acabar.

miércoles, 24 de abril de 2013

No
soy
el autor
de mis días,
calígrafo de mis horas,
ejercicio
pautado, interferido de amor.
Está la habitación manga por hombro –la habitación–
a pesar de que la primavera está tendida –la primavera–
Y aún queda lugar, admirable arquitectura –la admiración–
para lo que me besaste, lo que me dijiste –el beso, el beso–
entre libros, cuadernos, discos, y ropas –la ropa aunque
dudo–
aún sus antiguos dedos tentando las teclas –la antigüedad–
calientes de tanta pulsación, ¿son humanas? –el calor–
pero ese es otro –ilegible– tras otras puertas –el otro–
Él escribía, tú y tus labios, yo escucho
escribo, cedo ante el espacio que se desliza.
Si me sigues
leyendo con tus recuerdos me vas a romper.
Me hicieron frágil. La nieve en los Alpes
sospechaba que vendrás como hoy a morder.