domingo, 12 de mayo de 2013

Ya no estoy hecho
de ti, sino de tú vacío; si eres quien
yo creo, quiero. Donde la condicionalidad
es una ilusión. Qué te llevas conmigo.
Un muro de aire o un muro de tiempo
aún no es lejos ni vacío. Escribo
con ladrillos frescos de río.
Ni con tierra ni con sangre fantaseo.
El dolor se ríe, no se pone profundo.
Hablo con mis actos. Los actos no existen.
Dime qué son (si sabes cazarlos al vuelo).
Digo lo que hago. En lo que son los dichos
lo que digo existe qué. Y en esto consiste
la retórica entera del ser humano.
El hombre no quiere abrazarte y cuando te abraza
no quiere soltarte y cuando te suelta
no quiere alejarse y cuando se aleja
no quiere olvidarte y cuando te olvida
conoce lo imposible.
Te vi ala a ala entre los brazos de un hombre.
–¡Qué celos de ese hombre!–
Te sentí vena a vena tejiendo a labios en labios
de un hombre. –¡Sí, qué celos terribles, celos!–
Arrastrado por el ímpetu de un hombre que te amó
toda la noche. –¡Sin piedad del fuego que me arrastra!–
Y ese hombre era yo, al que le envidio su momento.
Si el hombre fuera un alfiler
para la mujer, que es prueba de lo perdido.

sábado, 11 de mayo de 2013

Vacío. Agujero. Beso. Amor. Conocimiento.
No tenemos nada.
La nada nos tiene.
Y sólo por un momento.
Hombre atareado. Levanto la cabeza y estás ahí.
Ellos lo llaman recuerdo o fantasía, no es eso
–demonio de tu ausencia que a pesar de sus mil nombres
no termina de existir– eres tú realmente.
Te imagino en tus tareas: levantas la cabeza. Ese soy.
Esa inquietud tuya donde otros ven mi nombre
y no este hombre atareado que en un respiro escribe.
Te beso y olvido
tus besos. Te abrazo y olvido los brazos.
¿Era tu piel de nata, eran almíbar tus pechos?
He de encontrarte, eso lo reconozco.
Lo cuchichean mis manos, lo musitan
mis labios. Ellos se han llevado
su trozo personal –labios y manos– de olvido.
Un enjambre de narraciones absurdas.
Vivo a saltos contigo. Lo sé.
Sé que tú convives con las habladurías. Pero saltaste
y la distancia del salto los dos la olvidamos.

jueves, 9 de mayo de 2013

Te atreverás a no pintar de noche en los muros
de las esbeltas viviendas respetables.
Te atreverás a no tallar con finura oriental
el asa de los muebles tan novedosamente útiles.
Te atreverás a dejar mi cuerpo de lado
como esas palabras por miedo que estrangulen
–según los manuales de primeros auxilios
que toda persona nece nece necesita–
con renovada valentía ahora que conoces
qué es arte y qué es espacio de amor
el corazón la filigrana el ojo y la
¡herida, por Dios, La Herida!
a transigir en silencio
por respeto a la ignorancia
–hermosa belleza ignorante–
y a lo que aún ha de estar muerto.
Después de nosotros, se conocieron nuestras manos.
Después de ellas, ni tú ni yo éramos los mismos.
Después que nosotros, ahora con manos, se conocieron
la lengua y la palabra, el sexo y el sudor.
Líquido por líquido, estación por estación,
ni tú ni yo volvimos.
Placer desconocido. Emoción que nos visita,
a la que cómplices atendemos porque sabemos
que acabará con nosotros, como sospecho
que acabas al morder contigo y acabo
de soñar contigo. Salimos esta tarde
a pasear con estas y otras cosas.
He visto en tus ojos un vacío, que es
el reflejo del vacío en mi mirada.
Fui a llenarlo de besos pero me encontré
globos cerrados, labios sellados.
Vacío de una boca que ni oye ni escucha.
Por eso uso las palabras, que en realidad no son nada.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Quise arroparme con este objeto del mundo.
–pon aquí, donde dice objeto, tu voluntad–
Y con este y con este objeto, objeto del mundo.
–pon aquí, donde dice aquí, ese allí mismo–
Quise quise, mundo de ropas tuyo, quieres quieres.
–no me digas otra vez que es más correcto–
Pero yo no podía saber. Vendrás desde
ese trocito de deseo que aún recuerdo.
En qué quedó –deseo, recuerdo, saber y ropa–
este despojo mío de cuerpo, país
vecino del tuyo. Arruga el papel, voltea
la pantalla, abrázame fuerte y cierra
la fantasía si es posible.

martes, 7 de mayo de 2013

Hemos creado la paciencia, la hemos creado nosotros.
Cogimos un trocito de ciudad, de platos y de alcoba.
Tú con tus padres, yo con los míos, probábamos
tantas variantes que hoy ya quién sabe.
Cuando nos dimos cuenta estábamos tan enfrascados
–tú con mis labios, yo con los tuyos, probábamos–
en la creación, tantas variantes, quién sabe.
Creamos y perdimos.
Cada instante ahora se parece demasiado a una ausencia.
Ni tú ni yo podemos consentirlo.

lunes, 6 de mayo de 2013

Besarse y saltar.
Besarse precipitados.
Labios y lengua, dientes y labios,
Distancia y humedad y ese calor
de ir a buscarte y que me busques
y que el encuentro se deshaga.
¿En qué más rincones de tu cuerpo
te me desapareces por más que te beso?
¿En qué solar de mi piel puedes besarme
que no me pierdas yéndote a buscarte?