jueves, 16 de mayo de 2013

No es lo único

El bien consigue que la mitad
del mundo seamos malos.
Y no es lo único malo
que consigue.

Serie de adivinanzas

Adivina adivinanza:
¿Yo nací?
-
Soy un vacío, pero no del todo.
Porque he perdido mis límites.
-
Mi mirada succiona tus ojos
taponados por tu propia mirada.
Entonces me miras y me ves.
Pero te apartaste para mirarla a ella.
-
Entre tus brazos, diste definición
a un agujero que de tuyo te pertenezco.
-
Ha desaparecido el hueco dejado por el Otro
sin llenarse.
-
Siempre has sido tú, y lo has sido el mundo entero
y esto no tiene nada que ver con el instante.
-
Quién recuerdas. Quién esperas.
Te vació. Te pertenece.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Hallazgos importantes del ser humano.

–1 El ridículo.
–2 Su propia humanidad.
(Uno bien de uno, dos bien del otro)
–3 El 0.
Un día me entretuve con una obligación.
Y el día que me aburrí la dejé bien colocada.
Tanto que otros –yo ya ni me acordaba– la consideraron
importante. No se conformaron
con repetirla: la idolatraron, desangraron y santificaron y
definieron las líneas de la ciudad.
Cuando llegué, admiré sus monumentos,
lamenté su suciedad –fíjense cómo era
aún mi razón paralelística–;
pero no reconocía mi obligación querida.
Cuando lo descubrí fue terrible.
Fui un monstruo. Pero lelo.
Hice con el cuidado y la obligación lo que aún no sabéis.
Escribo alrededor de una grieta.
Así dibujo mis pasos. Y mis actos
son el alrededor, los pasos y la grieta.
¿He de insistir en lo escrito? Si soy
real, soy lo escrito. Pero esta exigencia
no es física, ni casual, ni argumentativa.
Sólo es real. Sólo es escrito.
Declaro: habiéndome encontrado con tus regalos,
a saber –¿creen que iba a confesar aquí
nuestras intimidades?– vivo en consecuencia
y en resistencia civil, sonrosada y carnívora
aparentemente rastrillando sentidos
o pura apariencia.

martes, 14 de mayo de 2013

Algunos se asombran del calor de mis caricias,
cuando es el fuego de tus dedos que persiste
ahora en ellos. ¡Si supieran!
Pero muchos son piedras, otros duermen,
y los que están despiertos están lejos del
lenguaje y el que comprende no te vivió
–aquella habitación, la luz anaranjada
ardía de las cortinas, y aquel viaje nuestro–
y sin embargo lo veo alejarse
con tu misma despedida.
Los hombres se matan a mordiscos, no te extrañe.
Se arrojan unos a abismos de estructura y sangre,
otros usan vísceras como proyectil.
Hay grandes himnos de envidia.
Cómo fueron nuestros cuerpos, yema a yema
en esa noche. Como nuestros civilizados
pasos echan de menos de vuelta a casa
el hogar arderá a partir de ahora.
Cómo serán los días que llamamos humanos.
Gritas porque aprendiste la lección
o porque la lección no funciona
en el contexto –que creías distinto–
de lo real: Disyunción o causa
funciona o no como realidad
llamada inmanencia.
Pienso con disciplina obediente.
Siento con disciplina obediente.
Me castigo con disciplina obediente.
Me evado con disciplina obediente.
Me redimo con disciplina obediente.
Me canso con disciplina obediente.
He aprendido bien a ordenar las opciones.
Aunque nadie me felicita.

lunes, 13 de mayo de 2013

Nueva racionalidad del bien

Si existe el bien
no va más allá de una sola frase.
El bien está en el detalle.
Si no lo estuviera no lo habría en absoluto
y si el bien está en el detalle,
aunque luego devenga
en pérdida hacia lo general o lo absoluto,
siempre se puede volver al detalle.
En el gesto está la creación.
Justo ahí comienza el vacío.
Y nadie volverá a saber
de ese que vivió sin conocerte.
El mundo se sostiene por un hilo.
Olvido, impertérrita fuerza física.
Concienca de olvido, asombroso saber
humano.
Lo que falta
después del abrazo, ¿no es un olvido? Anhelo
de brazos impertérrito, que crea
la ilusión de abrazo también persistente.
Tú eres esos brazos o este mismo anhelo.
Yo soy este anhelo o esos mismos brazos.
O ambos el mismo olvido que nos está creando.

domingo, 12 de mayo de 2013

Ya no estoy hecho
de ti, sino de tú vacío; si eres quien
yo creo, quiero. Donde la condicionalidad
es una ilusión. Qué te llevas conmigo.
Un muro de aire o un muro de tiempo
aún no es lejos ni vacío. Escribo
con ladrillos frescos de río.
Ni con tierra ni con sangre fantaseo.
El dolor se ríe, no se pone profundo.
Hablo con mis actos. Los actos no existen.
Dime qué son (si sabes cazarlos al vuelo).
Digo lo que hago. En lo que son los dichos
lo que digo existe qué. Y en esto consiste
la retórica entera del ser humano.
El hombre no quiere abrazarte y cuando te abraza
no quiere soltarte y cuando te suelta
no quiere alejarse y cuando se aleja
no quiere olvidarte y cuando te olvida
conoce lo imposible.
Te vi ala a ala entre los brazos de un hombre.
–¡Qué celos de ese hombre!–
Te sentí vena a vena tejiendo a labios en labios
de un hombre. –¡Sí, qué celos terribles, celos!–
Arrastrado por el ímpetu de un hombre que te amó
toda la noche. –¡Sin piedad del fuego que me arrastra!–
Y ese hombre era yo, al que le envidio su momento.
Si el hombre fuera un alfiler
para la mujer, que es prueba de lo perdido.