La pasión no saluda ni termina de despedirse entre un filo y otro del fuego que no es silencio ni distancia ni adiós ni recuerdo.
El pecado de los que no escriben demasiado.
Zambullirse en literatura efímera. Empaparse con pasión y desaparecer como desaparece ella.
Nunca, pasé por ti.
Un sueño navegando entre sueños, diseñando entre sueños. Un diccionario de sueños, el sueño. Pero ahí está la certeza del amor que me ardes.
Yo pensé que hoy no existía. Pero no lo supe hasta que llegaste.
jueves, 6 de junio de 2013
Escribo rodeado de individuos que no sabemos qué pensar. Escribo al borde de mi obsesión, pues filo eres de largo recorrido, ¿quién?, tus propias pesquisas me recortan, porque no soy yo, qué has visto, qué estas viendo qué piensas y nada te interfiere, qué molestos interrumpen, pensamientos, cómo has aprendido a no hacer les caso, no son tuyos, ni son acción. Estas mesas tan bien diseñadas, disciplinadamente vendidas. Estos cuadernos en los que se vuelcan odios e indiferencias, catalogados según la cantidad de falta que hayan recogido. Esta luz del verano, protegida por las instituciones. ¡Basta ya! Tecleo con mis dedos prestados, aunque es mi sangre quien dicta o escribe o más quisiera yo, qué torpe palabra. Y habiendo dejado constancia del desvío (rodeando), construida tu paciencia desbaratada mi obsesión ausente de extraños, de cuántos escudos he dudado por evitar un movimiento. Tú ves el baile de la vida. Tú bailas con ella. Materia o posesión corroe su envidia o asunto.
miércoles, 5 de junio de 2013
Mi cuerpo ceniza las promesas, mi pensamiento roe el olvido, pero mis pasos y mis errores inspiran esperanzas.
La razón avanza a zancos por una realidad que sueña con tortugas yo contigo y el mar las algas me conocen los abismos me alaban nadie de lejanas corrientes indeciso a veces espuma a veces tridente voraz sobre la roca reposo me razona.
martes, 4 de junio de 2013
Tiempo cohartada.
lunes, 3 de junio de 2013
Vas caminando sin mancha. Vas marchando sin herida. Y qué son las huellas de tus pasos, qué la herida de tu marcha.
Qué sucede cuando la realidad desaparece en el dilatado momento y el mundo es un eco. Sabes que algo o quisieras imaginarlo. Nada encajada en la garganta y respirada en ordenadas fracciones. El pasado ha comenzado su éxodo. La materia no tiene piedad.
Ámame sin mi permiso. Destapa con violencia el océano de la distancia. Cuando tu sangre se vuelva azúcar no te detengas. Que no te asuste la multitud de los vientos. Que no te asusten las voces de los que hablan muy serios. Cuando las calles se hagan grietas húmedas sin fin no te detengas. Que se vuelvan confusos los monstruos a sus sueños. Cuando se te escape mi cuerpo clamando injusticia no te detengas. cuando ni el aire nos entregue ya salvación alguna, cuando nos arda entre los dedos la vida entera no te detengas. Cuando sientas que van a llegar los vecinos con su muerte no te detengas. Que confundidos al preguntarme cómo es que vivo les pueda decir: me amó sin mi permiso, destapó con violencia el océano de la distancia, los monstruos confusos se volvieron a sus sueños, no se asustó ante la multitud de los vientos, ni ante las voces que aún siguen hablando muy serias, se hicieron húmedas grietas sin fin las calles y no se detuvo, cuando el aire nos negó su salvación ni cuando ardió entre nuestros dedos la vida entera se detuvo, cuando se le escapó mi cuerpo clamando injusticia no se detuvo, cuando su sangre se volvió azúcar no se detuvo, cuando sintió que llegabais vecinos con vuestra muerte no se detuvo, y en la hora de la despedida lo que tú sigues llamando inevitable y yo llamo mío, amor, conmigo, me entregó este don de todos los regalos, en el cofre divino de sus manos, en la pausa terrible de sus labios.
El placer de la destrucción, amigos humanos y humanitarios, comienza por uno mismo y sus hábitos, continúa dulcemente por ti mismo, en el calor que me traspasan tus células en roces, abrazos y demás mágicamente, porque la biología es magia. Culmina en todos esos litros de historia pero no se acaba. Ahora, también, les recuerdo, existe el cuidado y el cariño, no vayan a obsesionarse.
Te amo desde la atalaya de mi cuerpo, del que es difícil bajar, a pesar de las ya antiguas civilizaciones que lo construyeron, del presente glorioso que fue sólo promesa. Es una fortaleza hospitalaria: los días entran y salen sin respeto. Quisiera abandonarla por momentos para seguir los pasos de tu libertad y tus empeños. Y para no perderte cada vez que te marchas de vista o de conocimiento voy alzando esta torre –algunos dicen que abstracta– carente de direcciones.
Comparte mi té esta tarde y el tintineo de sus manos removerá mi propia dulzura mientras aguante despierto.
Es peligroso creer en las ideas. Conviene creer en el peligro más que en las ideas. Es necesario un nuevo significado para convenir y otro para necesidad.
Que tomar partido sea una apuesta por la totalidad, quién lo creería. Nos acostumbramos a ver aparcada la vivencia y por mucho que no nos quejemos –nadie nos oiga una queja más alta que otra– de aquellos que se incluyen sin pensar, sin intención ni conocimiento de evitarlo –obsérvese cómo se demora la línea argumental muy a pesar de nuevas, frescas, inocentes y dispuestas palabras– en esta pareja que no somos, pues ni nombres, ni números, ni hechos nos bastan, a ti y a mí, en este encuentro.