La desnudez es un plato que se sirve a ciegas.
Pero me vistieron de una herida difícil de robar;
pero no imposible, eso sí, de tomar prestada.
Viene el día a robar la desnudez que regenera
la noche, cada noche, sirviéndose de este cuerpo
roto. Sueñas que eres tú quien robas
lo que la realidad te arrebata.
Vivo encadenado al vuelo de un águila y el veneno
del rayo lo pisan sin pausa mis piernas, mis pies.
jueves, 20 de marzo de 2014
miércoles, 19 de marzo de 2014
Deja entonces la memoria en la puerta.
Cuando odies que sea una sensación tan nueva
que aún no esté escrita.
Deja entonces la memoria en la puerta.
Cuando haya brotado esa fuente de vacío
que me lleva atando a ti por la eternidad
que no se sepa, nadie, no, ni tú, de tan nuevo:
aunque lo llamen amor
y piensen que comprendieron lo que se habla.
Yo estaré bajando contigo las escaleras
sin llaves y sin ropas,
sin cuerpo, sin distancias.
Cuando odies que sea una sensación tan nueva
que aún no esté escrita.
Deja entonces la memoria en la puerta.
Cuando haya brotado esa fuente de vacío
que me lleva atando a ti por la eternidad
que no se sepa, nadie, no, ni tú, de tan nuevo:
aunque lo llamen amor
y piensen que comprendieron lo que se habla.
Yo estaré bajando contigo las escaleras
sin llaves y sin ropas,
sin cuerpo, sin distancias.
martes, 18 de marzo de 2014
Un idioma pausado al borde de tu nuca efímera.
Veo la ausencia de mi cuerpo como un collar
que aprieta el vacío dibujado de garganta.
El tiempo, ese peinado, ese trenzado de horas,
ha serigrafiado un vuelo en mi endeble memoria.
Soñé entre tus párpados. Resbalé por tus rizos.
En ese abismo caí, espaldas abajo. Cuando di
contra el suelo sólo fui eco.
Me abrazas en este momento de falta.
Me abrazas en este momento de falta.
Veo la ausencia de mi cuerpo como un collar
que aprieta el vacío dibujado de garganta.
El tiempo, ese peinado, ese trenzado de horas,
ha serigrafiado un vuelo en mi endeble memoria.
Soñé entre tus párpados. Resbalé por tus rizos.
En ese abismo caí, espaldas abajo. Cuando di
contra el suelo sólo fui eco.
Me abrazas en este momento de falta.
Me abrazas en este momento de falta.
lunes, 17 de marzo de 2014
Humano
Antes de beber se romperá la copa.
Quedarán solos y heridos labios
y labios, aprendiendo a separar
agua de sangre, sangre de licor
divino sólo por el deseo
de ese veneno del tiempo.
Aún no he olvidado tus besos.
Quedarán solos y heridos labios
y labios, aprendiendo a separar
agua de sangre, sangre de licor
divino sólo por el deseo
de ese veneno del tiempo.
Aún no he olvidado tus besos.
Sucede en las horas y los roces.
Las horas perennes y los roces
que han de partir en dos el Destino.
Sucede que han de partirme en dos
el Destino y esa mano extraña
que pulsa ojos en vez de roces
y horas expulsa perennes de mi partir
en dos cuando decidiste
ir lejos para impedir que el día
desaparezca.
Las horas perennes y los roces
que han de partir en dos el Destino.
Sucede que han de partirme en dos
el Destino y esa mano extraña
que pulsa ojos en vez de roces
y horas expulsa perennes de mi partir
en dos cuando decidiste
ir lejos para impedir que el día
desaparezca.
domingo, 16 de marzo de 2014
Noli exire
¿Aún no has asumido
que esto de tu vida
es algo crónico?
Estrictamente prohibida la ilusión de libertad pasajera.
Después de todos los desastres
que hemos compartido cómo
resignarme a una calma sin ti.
Resistencia a la ilusión por carestía de solidez mundana.
Cierto es que el viento es
más auténtico que el aire.
que esto de tu vida
es algo crónico?
Estrictamente prohibida la ilusión de libertad pasajera.
Después de todos los desastres
que hemos compartido cómo
resignarme a una calma sin ti.
Resistencia a la ilusión por carestía de solidez mundana.
Cierto es que el viento es
más auténtico que el aire.
sábado, 15 de marzo de 2014
Recuento una jaula
con miles de animales según las piedras,
con miles de idiomas, miles de reinos,
una jaula con fechas, ramas de muchos
árboles genealógicos que no terminan
en mí, ni en ti, ni en nadie conocido.
En esos puertos se comercia con hierro.
-hierro y distancia- -hierro y distancia-
Los visitantes se detienen a saborear especias.
con miles de animales según las piedras,
con miles de idiomas, miles de reinos,
una jaula con fechas, ramas de muchos
árboles genealógicos que no terminan
en mí, ni en ti, ni en nadie conocido.
En esos puertos se comercia con hierro.
-hierro y distancia- -hierro y distancia-
Los visitantes se detienen a saborear especias.
viernes, 14 de marzo de 2014
jueves, 13 de marzo de 2014
Estudio de una mujer con abrigo celeste XII
Otro sí habló con ella. Tuvo algo que preguntarle. Esto tiene algo de recuerdo fantasma. Otros posiblemente. Junto al árbol de la memoria. Un patio diáfano bajo un cielo gris y lloroso. Yo no; pero este lamento pertenece a otra historia. En ese instante me veo en otros asuntos, tal vez embriagado en lo que ha resultado ser esto mismo, aún sin saberlo, alejado estúpidamente de ella.
Estudio de una mujer con abrigo celeste XI
Estos son todos los detalles que recuerdo. Todos los que otros detalles no me ocultan sin más. Todos los que están libres de mentira, libres de interés, libres de oportunidad. Así es como siguen sucediendo, faltando interrogantes.
Estudio de una mujer con abrigo celeste X
Varias veces pidió y esperó a que nos acercáramos. Que no nos quedáramos lejos. Sufría por su voz. Tal vez sólo era una excusa para romper el hielo. Tal vez era consciente del efecto remoto que esas ideas pudieran ejercer sobre nosotros. Como si cuanto me espera en la vida estuviera ya marcado por la presencia ineludible de sus palabras y su ruego y su cordialidad. Ya estábamos allí, nos esperaba, nos quería cerca. "No voy a comerme a nadie", esta frase coloquial, ¿también así en su idioma? Hipótesis y excusas cuando en el gesto no se adivina ni sentido ni causa.
Estudio de una mujer con abrigo celeste IX
Si oyera su voz, ¿la reconocería a pesar de sus palabras? ¿Y así su silueta a pesar de las ropas o las ropas a pesar de la silueta, como se diría de las palabras a pesar de la voz? Cuánto en mi egoísmo querría reconocerla y encontrarla de nuevo en otro instante fuera ilusión de mi empeño. Cuánto de lo que ella es o lo que está haciendo de mí con su apenas detalle hace surgir reconocimientos que se me escapan. Porque me desconozco tan exactamente como a ella. ¿Me reconozco? Volcados como estamos.
Estudio de una mujer con abrigo celeste VIII
No se encuentra detenida en una imagen de la memoria, porque falta demasiada comprensión. Eso no evita que ella esté aquí. Porque en su momento también era así mi desconocimiento, ni sería absoluta la atención previa. Sí entonces cuando ya, con su corriente de incógnitas habitaba conmigo. Con mi incomprensión, mi desconocimiento. Pero ella no es ningún proceso. Sigue el mismo instante en falta que huniera dejado atrás cualquier inmanencia.
miércoles, 12 de marzo de 2014
Estudio de una mujer con abrigo celeste VII
¿Qué hacía nuestra generación? La suya y la mía ¿eran la misma? Porque yo vengo de una ciudad aún más antigua, y prolongada en los textos y las piedras. Ella nos recibe en su ciudad apenas terminada de reconstruir: puesta al día cuando aún no ha terminado su tristeza. En este siglo quieren acaso dar por terminada la destrucción. Ella hablaba como si el pasado quedara bien lejos. Ella estaba allí como si el pasado estuviera allí mismo, consigo; como si todos los momentos se abalanzaran sobre ella dulcemente. Y nos los regalaba sin poder evitarlo. Dulcemente.
Pero ni ella ni yo tenemos que ver con eso. Ahí estaba todo traspasándonos, enredándonos. Temperatura, humedad, cuerpo, ropas, historia... pero ella vivía su momento ante nosotros aún desconocidos, y yo vivía mi momento ante ella aún desconocida. ¿Qué hacíamos los dos en ese instante?
martes, 11 de marzo de 2014
Estudio de una mujer con abrigo celeste VI
Ha pasado más de una semana. Delante de mí estuvo apenas minutos. En pocos momentos sostuvo su mirada hacia mí. Es difícil saber si me veía o simplemente paseaba la vista como hacemos los oradores. Pero sí fue que en un momento dado decidió reparar más en sus oyentes. Creo que había permanecido un rato recitando un poco como autómata su discurso sabido, y tal vez se dio cuenta, y decidió entonces compensarnos y salir a nuestro encuentro con la mirada. Se detuvo en aquellos o aquellas que le prestaran más atención, o que considerara llamativos. No sé. Yo fui uno de ellos. Luego siguió con su paseo visual. No sé si me vio realmente. Ahora es difícil saber dónde quedan las miradas.
Estudio de una mujer con abrigo celeste V
Llevaba un grueso fular a juego con el abrigo. No recuerdo el color. La forma me resulta difícil de describir. Ahora lamento mi falta de volcabulario sobre estos temas. Sólo reparé en que el fular era extraordinariamente grueso, se hinchaba sobre el pecho como si llevara un retoño de tela. Tal vez quisiera proteger una respiración dolorida. Lo llamativo es que, en comparación, el resto del vestido era liviano, un abrigo celeste, abrigo sólo de nombre. Perfectamente conjutado. Por su ropa quise pensar que era una mujer jubilosa y radiante, de no ser por ese ocultarse tras ese fular. Era paradójico, como se dice de la mujer que intentara tapar su desnudez sólo con sus brazos: ¿cuánto abrigo pudiera dar para un traje tan liviano ese fular?, ¿cuánto apoyo podía encontrar en ese surtidor de tela que flotaba sobre su pecho?
lunes, 10 de marzo de 2014
Estudio de una mujer con abrigo celeste IV
Para terminar, nos animó a que nos demoráramos los conociéramos un poco. Ella se incluía en la historia de su pueblo. Y hay que notar que aquella lección era la explicación de una monumental construcción para el apogeo de un pueblo ya de por sí orgulloso, para entrar con orgullo en aquel siglo nuevo que tanta desgracia les supuso, para reivindicar no sé qué grandeza en que se empeñan los pueblos. Y ahí estábamos cobijados en la inmensa sinagoga, y el fértil árbol gris de la cenicienta historia, y por todas partes el sufrimiento marcado y remarcado desde generaciones. Y sin embargo, su invitación era de veras humilde, como quien pide permiso para que entren en su casa. Y eso sólo en el gesto de su voz, en el tono de su moverse y su mirada. Con qué finura le ha sido grabado.
domingo, 9 de marzo de 2014
Estudio de una mujer con abrigo celeste III
Había en su humor un toque de resignación. Sobre ese discurso aprendido, repetido, tantas veces, repetido, el mismo una hora y otra hora, un día y otro día. Llegar hasta el humor era un regalo para nosotros. Llegar hasta el humor era una proeza, creo yo, admirable, porque al menos un pie se quedaba desnudo allá en su sufrimiento, al menos un trozo de recuerdo, aunque sólo fuera la mitad de un abrazo se quedaba desnudo allí donde su sufrimiento bajo el sol conquista el momento. Ella hacía preguntas triviales. Ella era una pregunta fundamental.
sábado, 8 de marzo de 2014
Estudio de una mujer con abrigo celeste II
Como fuera interrumpida en su discurso, cayó en la sima de su propia profundidad, como veríamos caer a quien, cruzando un abismo, su endeble puente de cuerdas sintiera roto de súbito. Aun sabiendo que ese puente fue siempre una ilusión. Dudó, se confundió, se autocorrigió en perfecto castellano: su yo estaba con nosotros, dominaba el idioma con maestría, en este tropiezo debiera verse su profesionalidad. A dónde viajó entonces, en esos pocos segundos. Su yo hizo todo lo posible por rescatarse, por traerse de vuelta. Pero a mí me devolvió a esa mujer al sol, recogida sobre su propio gesto. Detrás de sus ojos cerrados estaba ese lugar que tanto la preocupaba, en el que estaba situada realmente, desde el que tenía que viajar con todo su esfuerzo para sonreír con nosotros, turistas.
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