El silencio hoy está pasado de moda.
No significa nada pero es hermoso decirlo.
Se acerca a la terraza
preferida por los pájaros.
Él con su luz, ella
con sus pensamientos.
Con escrupuloso rigor iba vigilando su olvido.
Pero a él, otro
con escupuloso rigor le iba vigilando su olvido.
Pero a ellas, otros
con escrupuloso rigor le iban vigilando su olvido.
Pero a ellos, otros
con escupuloso rigor les iban vigilando su olvido.
Vagones de antigüedad
siguen llegando a las cancelas
y la ciudad los acoge
como sacos de atardecer en las manos
de un ciego. Guiños de intimidad
graban símbolos secretos en las puertas
y mientras se ajustan la ropa en la calle
liman asperezas.
En el pasillo tu silueta
pendiente de un abrazo.
El viento, que no se sabe
desde dónde remueve
sus veranos, pasa
entre los dos como
pasaban fantasmas los chiquillos.
Tu silueta pendiente
y yo, a este lado,
apretando el momento
del abrazo.
Asciende por la escala de los días
hasta este ejercicio de interpretación.
Deslízate hacia arriba, hacia el lugar
o diente de león de nuestras direcciones.
Llega allí donde me sabes exactamente nada
para ser desde ahora el borde mismo de tus
labios.
Es una tragedia porque
su naturaleza no cuadra
con lo que debiera ser
el ser humano y su muy
humana circunstancia.
Es una tragedia porque
los momentos llevan
máscaras.
Usted consedera
que yo no debería
tener
esta neurosis; pero
yo reivindico ¿en qué
se fundamenta,
de qué idioma
se vale?
Yo, más crédulo
que ellas convinventes,
soy el resultado provisional de un sinfín de explicaciones
improvisadas.
No sé hasta qué punto
las mujeres saben hasta
qué punto los hombres
desconocen hasta qué
punto las mujeres disimulan
lo que saben.
Vivo postrado
al pie de la letra.
Huye de los tristes. Desconfía
de los jocosos. Como oro en barro
atiende al que sabe y lo que escuches,
como pez divino devuélveselo al río.
Quieres tocar este cuerpo que se pudre.
O acaso dejar rienda suelta a tus manos
delirantes. Quiero tocar ese cuerpo que
arde y apura el breve tramo de su brillo,
de su calor, de sus hermosos movimientos,
antes de que sea relato, trazo de escriba
en otras manos.
Ejercicio rutinario.
Saber que pude
conocerte. Saber
que te recuerdo
aun sin haberte
conocido. Saber
el sabor de tu boca
sólo lo que dicen
las leyendas.
Es improvisada, la sangre; sólo
que la médula sabe hacer pocas
cosas. No. Nada sabe. Improvisa
con lo que tiene y eso sale. No,
nada tiene. Sangre, médula,
argumentos para hablar
apenas un momento.
Está colgado por pinzas. Quien
habla olvida que usa el lenguaje.
El viento
mueve; es un dios, en esta alegoría.
No conocemos el objeto. Cuando
no sé hablar de ti, ni el lenguaje
te ha inventado todavía.
Es un error sentar
las bases, por eso
tropiezo.
La estupidez a coro
sin duda belleza.
Sin té
alguno, ya
era in
fusión.