Pienso en los poemas antiguos
que hacían llorar a los ancianos.
No los comprendía; ahora
se me vienen a la cabeza.
¿Cuando sea viejo, se burlarán
también de mí los muchachos?
Hasta hoy, mis cabellos
señoreaban los vientos y mi nombre
hacía estremecer la estepa.
Me creía aún un joven poderoso; ahora
sé que mi corazón está herido
y que mi propia vida no me pertenece.
Tengo el desierto rosa y gris
entero bajo mis pies.
Yo paso por mis labios
el peine que le robé
y canto esta canción, mientras ella
se recrea en su baño y juega con el agua.
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