jueves, 21 de abril de 2011

Cuando no quieres dormir,
tus sueños ya han ganado la partida.
¿Qué te tienes prohibido?
Te tienes prohibido los juegos de palabras.
Te tienes prohibido dejarte arrastrar por la semántica.
Hace tiempo prohibiste el exceso de repetición,
el rigor funcionalista y el despliegue ornamental.
No ser depresivo ni babear por la alegría.
Y ese amor a enumerar: prohibido.
Y ese gusto por el laconismo explosivo: prohibido.
Sé original, expón abiertamente tus defectos.
La exageración de tu sistema inmunitario
que te hace intolerante a la perfecta disciplina.

Acto (amoroso) fallido

Esto que vivo es un desliz de tu vigilancia

Distancia

Hay dos dioses: La Ley y el Delito.
La Ley es ineludible, pero el Delito es posible.
De esta paradoja surgen numerosos diosecillos.
Hacia abajo destilan saber e ignorancia.
Hacia arriba el deseo de la Ley por conocerse
y conocer cualquier otra dirección.

miércoles, 20 de abril de 2011

Túmulo

Era de mente ágil: esquivaba cualquier pensamiento.
Era envidiado por esas mentes rígidas
que le lanzaban miles y cientos de ideas lapidarias.
(de lo que se deduce que la muerte no es una idea
ni un pensamiento)
Y en los congresos aún se investiga
(apasionadas tesis, acalorados debates)
cómo podías sentirte tan solo.
Aunque no sepa de qué,
tú eres la prueba irrefutable.
¿Cuál es el borde de la sangre?

martes, 19 de abril de 2011

Con humildad

¿Qué tienes que reprocharte? Ninguno ya
podría hacerlo peor que tú. Eres un aliciente
para el resto de la humanidad, incluso para ti
el próximo día. Carraspea un poquito
y sé consciente de tu genio.
Si la madera se dejara triturar plácidamente,
los almanaques se alegrarían tanto
que su risa nos dolería.
¡Cuántas tostadoras brillan en el cielo!
Y no sabe si untarte el bronceador
o dejar que te abrase, limpiamente, la locura.

lunes, 18 de abril de 2011

Era un maestro en cuadrar asesinatos.
Al menos tres facultades estudiaban sus cábalas.
Y los doctores que sentaban cátedra analizando
su picor en el pie, su poderoso rizo en el cansancio,
atesoraban privilegios, como, digamos, por ejemplo,
dejar de hablar con los muertos.
Qué haces con los ojos aparte
de espiarme. Qué con tu memoria
sino obsesionar este instante.
Y te empeñas conmigo.
Y luego pretenderás
que te enseñe cuál es la escapatoria.

domingo, 17 de abril de 2011

Era mi duelo un enamoramiento y masticaba con él.
Así quería la cortina tiznando por el cielo.
Así quería la sangre como un rayo raíces en mi cuerpo.
Un hueso en la mano, dolor, un tendón en la rodilla,
dolor, como un amor robado de oídas. Bandera
pintada paciente con los lujosos jugos del olvido.

Nudo

La decisión destila lo que la duda hierve.
Es el color, el tópico, el aroma, la esencia
de un tejido, anhelante, de hechos.
¿Quién se viste?
Tiritaban hasta los céfiros recuerdos.
Se alejaba la luz en un vacío interminable.
(como no rebotaba, nadie podía verla; sólo tú
y yo y también otros, acaso imaginarla)
Rodeado de ese silencio perfecto que no conoció nadie.
(rebota al menos el eco de tu pensamiento)
Y todo esto es verdad. Y todo esto perdido,
arrojado como un estornudo de esperanza.
No me explico la suerte
que has tenido en encontrarla.

sábado, 16 de abril de 2011

Sin salida, la fiebre, sin salida
los días alumbrados de plomo sin salida.
Mis días alumbrados de silencio sin salida.
La boca saturada de sentido sin salida.
El amargo bocado de delirio sin salida.
Sin profundizar en su pequeño paraíso
el buen lector brinca feliz a campo abierto.

Electron

Encuentra un detalle, único como el ámbar,
nuevo como el ámbar, irrepetible como el ámbar.
Explícalo, comenta su lógica, excítalo
y entrégalo y que los demás
sigan trabajando los detalles del sistema.
Alguien metió el dedo en tu yaga.
Alguien gigante en tu yaga sufriente.
Con su dedo manchado fue barnizando el cielo
de un negro oscuro, ciego, casi profundo.
Su trabajo, a conciencia, no fue perfecto;
y los enamorados y los niños y los poetas
y tú todavía, admiras las estrellas.

viernes, 15 de abril de 2011

1 de Abril

Me has robado.
Has raptado de mí lo que te interesaba
y lo has expuesto y te lo han robado
ladrones cotidianos, inclementes.
Y ahora, quién podría ya recuperarse
después de dividido, multiplicado, restado,
si me reconozco en cada tos de primavera.
No me has dejado más remedio que
exigir milenios de perdón.