Culo disciplinado, nalga obediente.
Sentado a la mañana, se vuelve fiel.
El cachete paterno
por no querer comer,
no sentarse a la mesa,
no jugar, no volver.
El canto ignominioso, su alta retórica.
O sentado en suelo, la fría hierba.
Por la charla de moda.
Por la mirada atenta.
En el amor de invierno
no juzgar, no volver.
Sentado en la distancia, se vuelve fiel.
Culo disciplinado, nalga obediente.
viernes, 20 de febrero de 2015
jueves, 19 de febrero de 2015
Otra función
Precisos en su afán los dedos
pinzan el herrete diminuto
en la cajita de la cremallera.
Hábiles llevan el cordón al lazo,
un pequeño tirón y, zas, ya está
apretado el otro zapato.
Y el inverosímil rigor con que los marciales dedos
dejan enganchado el botón
en su respectivo ojal.
Dedos que se distraen
en el enredo de tu mechón.
Dedos en el espasmo
que da origen al mundo.
pinzan el herrete diminuto
en la cajita de la cremallera.
Hábiles llevan el cordón al lazo,
un pequeño tirón y, zas, ya está
apretado el otro zapato.
Y el inverosímil rigor con que los marciales dedos
dejan enganchado el botón
en su respectivo ojal.
Dedos que se distraen
en el enredo de tu mechón.
Dedos en el espasmo
que da origen al mundo.
miércoles, 18 de febrero de 2015
Eran
Lo más sorprendente de los adultos eran sus venas.
De los ancianos, esas venas casi azules que sobresalían
en las manos tan dispuestas a regalarnos y la caricia
y la carantoña.
Ahora que caigo, jamás vi a un adulto sangrar.
Pertenezco a una generación cuyos adultos no sangraban.
O todo es torpeza de una memoria en ciernes.
Cómo es posible que se conserve la sorpresa en cada vena.
Nosotros, en cambio, estábamos siempre heridos.
Siempre prestos al dolor, siempre derramándosenos
la vida, solo que entonces no sabíamos
que era la vida la que se nos caía del vaso
-nuestro cuerpo era un vaso que no sabíamos tener sujeto-
ni que lo que nos dolía aún no era este indoloro dolor de la vida
que hoy nos sujeta. Lo más sorprendente
de los adultos eran sus venas. En nosotros
la sangre brotaba
como por arte
de magia.
De los ancianos, esas venas casi azules que sobresalían
en las manos tan dispuestas a regalarnos y la caricia
y la carantoña.
Ahora que caigo, jamás vi a un adulto sangrar.
Pertenezco a una generación cuyos adultos no sangraban.
O todo es torpeza de una memoria en ciernes.
Cómo es posible que se conserve la sorpresa en cada vena.
Nosotros, en cambio, estábamos siempre heridos.
Siempre prestos al dolor, siempre derramándosenos
la vida, solo que entonces no sabíamos
que era la vida la que se nos caía del vaso
-nuestro cuerpo era un vaso que no sabíamos tener sujeto-
ni que lo que nos dolía aún no era este indoloro dolor de la vida
que hoy nos sujeta. Lo más sorprendente
de los adultos eran sus venas. En nosotros
la sangre brotaba
como por arte
de magia.
martes, 17 de febrero de 2015
Quieren saber
Las manos no hacen inventario
porque están ciegas durante el día.
Saben sembrar amistad con el frío,
obsesionadas como están con lo útil, su vecindad.
Manos abstractas, con tres dedos rizados
y el índice de tecla en tecla. Si estuvieran
hechas de noche, las manos, hablarían
-parlotean, las manos, todos lo saben-
y tu cuerpo sería su lenguaje.
porque están ciegas durante el día.
Saben sembrar amistad con el frío,
obsesionadas como están con lo útil, su vecindad.
Manos abstractas, con tres dedos rizados
y el índice de tecla en tecla. Si estuvieran
hechas de noche, las manos, hablarían
-parlotean, las manos, todos lo saben-
y tu cuerpo sería su lenguaje.
lunes, 16 de febrero de 2015
Blusa de carnaval
Ha quedado su pecho a merced de la lluvia
y cada gota insiste su reguero de agua
buscando por el seno la caricia perfecta.
Una mujer desnuda caminos por la lluvia.
Si llegara ahora el viento valiente del verano.
y cada gota insiste su reguero de agua
buscando por el seno la caricia perfecta.
Una mujer desnuda caminos por la lluvia.
Si llegara ahora el viento valiente del verano.
domingo, 15 de febrero de 2015
Apagado programado
En esta selva de interruptores
te vine a buscar.
Con una sola tecla no necesito el sol.
Despertar o no despertar.
Obedecer o no obedecer.
Necesitarte ahora. Posponer.
Me he convertido en un gerente de permisos.
Sé de unos botoncitos que acallan los aullidos.
En este bosque de interruptores
he perdido mi sensibilidad
a los lobos.
te vine a buscar.
Con una sola tecla no necesito el sol.
Despertar o no despertar.
Obedecer o no obedecer.
Necesitarte ahora. Posponer.
Me he convertido en un gerente de permisos.
Sé de unos botoncitos que acallan los aullidos.
En este bosque de interruptores
he perdido mi sensibilidad
a los lobos.
sábado, 14 de febrero de 2015
Déjame pensar
Pocas cosas cambian tanto como el cuerpo.
Yo recuerdo
que una vez caí
de la bicicleta por un camino de tierra.
Iba rápido, bajábamos. Me derramé por el suelo derrapando.
Durante un mes tuve la pierna (ahora no sé cuál)
rayada de finos arañazos, con sus minúsculas costras
que eran como estelas de un bólido nocturno
talladas en mi piel con sangre.
Pero de todo eso ya no queda rastro.
Y así, podría seguir: con las uñas y sus manchas cortadas,
los lunares que salen, los pelos, que quieren quedarse,
el dolor de aquí, el calor de allá,
el hambre, el sueño, luego otra vez otra hambre, el sueño.
¡Ay, dolor, aquí! Ese calor, ese calor de allá.
Y así podría seguir. Las venas que se hinchan por una posición:
leía con el libro en el suelo y el cuerpo en la cama. Mis manos
enrojecían.
Los libros han cambiado. Ahora tengo otra bici (no sé cuál es ahora),
ni siquiera están los árboles bajo los que paseaba
y el Ayuntamiento ha hecho de las suyas en los caminos;
pero sigo llamando y llamando a este cuerpo el mío.
Cualquier cosa cambia tanto o más que el cuerpo.
Tanto como para extrañar el hogar
al que estás a punto de llegar:
tu cuerpo, su cuerpo y el mío.
Donde esas caricias parecen conocidas.
Ese remanso de novedad en tus palabras.
Yo recuerdo
que una vez caí
de la bicicleta por un camino de tierra.
Iba rápido, bajábamos. Me derramé por el suelo derrapando.
Durante un mes tuve la pierna (ahora no sé cuál)
rayada de finos arañazos, con sus minúsculas costras
que eran como estelas de un bólido nocturno
talladas en mi piel con sangre.
Pero de todo eso ya no queda rastro.
Y así, podría seguir: con las uñas y sus manchas cortadas,
los lunares que salen, los pelos, que quieren quedarse,
el dolor de aquí, el calor de allá,
el hambre, el sueño, luego otra vez otra hambre, el sueño.
¡Ay, dolor, aquí! Ese calor, ese calor de allá.
Y así podría seguir. Las venas que se hinchan por una posición:
leía con el libro en el suelo y el cuerpo en la cama. Mis manos
enrojecían.
Los libros han cambiado. Ahora tengo otra bici (no sé cuál es ahora),
ni siquiera están los árboles bajo los que paseaba
y el Ayuntamiento ha hecho de las suyas en los caminos;
pero sigo llamando y llamando a este cuerpo el mío.
Cualquier cosa cambia tanto o más que el cuerpo.
Tanto como para extrañar el hogar
al que estás a punto de llegar:
tu cuerpo, su cuerpo y el mío.
Donde esas caricias parecen conocidas.
Ese remanso de novedad en tus palabras.
viernes, 13 de febrero de 2015
Función inevitable
Estante de cristal, fondo de espejo.
Un jarrón de vanguardia en la cerámica,
que compraron mis padres tiempo ha,
sirve como florero a unas espigas
encañadas de trigo, rescatadas
en alguna escapada a la campiña.
Tantos años y el barro conserva su vanguardia.
El trigo sin edad permanece dorado,
detrás del gris del polvo del tapiz del recuerdo.
Lejos de las miradas, en el estante en sombra,
más alto que la lámpara, el extraño jarrón,
sobre el fino cristal, ante el fondo de espejo.
Un jarrón de vanguardia en la cerámica,
que compraron mis padres tiempo ha,
sirve como florero a unas espigas
encañadas de trigo, rescatadas
en alguna escapada a la campiña.
Tantos años y el barro conserva su vanguardia.
El trigo sin edad permanece dorado,
detrás del gris del polvo del tapiz del recuerdo.
Lejos de las miradas, en el estante en sombra,
más alto que la lámpara, el extraño jarrón,
sobre el fino cristal, ante el fondo de espejo.
jueves, 12 de febrero de 2015
Curvas sinuosas
Érase una mujer
aferrada a las barbas
de un hombre.
Sobre ellas dormía
como un pájaro duerme
en la lluvia una larga
caída.
Amaba sobre ellas
los cuerpos de otros hombres.
Con ellas se tapaba,
con ellas devoraba
cuerpos.
Apretaban sus manos
el hierro de sus sueños.
Reía.
Se deslizaba siempre,
enraizada de amor
y tiempo.
aferrada a las barbas
de un hombre.
Sobre ellas dormía
como un pájaro duerme
en la lluvia una larga
caída.
Amaba sobre ellas
los cuerpos de otros hombres.
Con ellas se tapaba,
con ellas devoraba
cuerpos.
Apretaban sus manos
el hierro de sus sueños.
Reía.
Se deslizaba siempre,
enraizada de amor
y tiempo.
miércoles, 11 de febrero de 2015
Entonces
El frío se hace de manos.
Despliego los dedos -no dan más de sí-
entre las piernas, justito en la ingle.
Nada de erotismo: demanda de frío.
Me sorprende que estén vivos.
Se romperán si los muevo.
La carne ha agotado pronto su reserva.
Dedos fríos, muslos que se hielan, ingle
que aún confía en la sangre.
No; soy yo, nada del tiempo,
quien la física imagina,
quien siente y teclea
ahora.
Despliego los dedos -no dan más de sí-
entre las piernas, justito en la ingle.
Nada de erotismo: demanda de frío.
Me sorprende que estén vivos.
Se romperán si los muevo.
La carne ha agotado pronto su reserva.
Dedos fríos, muslos que se hielan, ingle
que aún confía en la sangre.
No; soy yo, nada del tiempo,
quien la física imagina,
quien siente y teclea
ahora.
martes, 10 de febrero de 2015
Rodilla en alzo sobre el sofá
Es de memoria curva de frío.
Aviso sordo tenue dolor.
Amiga infancia casi futuro.
Lejos de tuyas piernas o mías.
Por ti sabré. Por ti castillos
de arena en playa, presas o torres,
y el agua intacta. Ropa o perdón
doblada o muerte. Tu desnudez
envés. Caída.
Aviso sordo tenue dolor.
Amiga infancia casi futuro.
Lejos de tuyas piernas o mías.
Por ti sabré. Por ti castillos
de arena en playa, presas o torres,
y el agua intacta. Ropa o perdón
doblada o muerte. Tu desnudez
envés. Caída.
lunes, 9 de febrero de 2015
Trayecto interurbano
Caminaba con esa musiquilla en los dedos.
Murmuraba en los labios sutiles sinfonías
tiritaba entre dientes tramados orquestales.
Ese cuerpo tendido que creemos callado.
Ese pensamiento que ha desaparecido
sin música, sin movimiento, sin calles
y sin gente.
Murmuraba en los labios sutiles sinfonías
tiritaba entre dientes tramados orquestales.
Ese cuerpo tendido que creemos callado.
Ese pensamiento que ha desaparecido
sin música, sin movimiento, sin calles
y sin gente.
domingo, 8 de febrero de 2015
Humus
Las mantas que dan re torcidas
guardando nuestro último interés.
Todos los libros tapizan y los papeles
que han sido llovidos y cubren.
Debajo de las mantas cuya fidelidad
paciente no nos importa destrozar.
Debajo de los papeles cuya insidia
irónica no nos importa y punto.
Es el perejil de nuestro cadáver.
La bechamel de nuestros apetitosos
cuerpos o días o datos o sueños.
guardando nuestro último interés.
Todos los libros tapizan y los papeles
que han sido llovidos y cubren.
Debajo de las mantas cuya fidelidad
paciente no nos importa destrozar.
Debajo de los papeles cuya insidia
irónica no nos importa y punto.
Es el perejil de nuestro cadáver.
La bechamel de nuestros apetitosos
cuerpos o días o datos o sueños.
sábado, 7 de febrero de 2015
Esperanza
Pulgarcito, dónde estás.
En la barriga del buey,
donde no llueve ni moja.
Y así esta rodriga panza
del todo meteorológica.
Donde los años se rumian.
Donde se viene gestando
mi perdición. Hueco orondo
donde redondo vacío
se imagina siendo odiando.
En la barriga del buey,
donde no llueve ni moja.
Y así esta rodriga panza
del todo meteorológica.
Donde los años se rumian.
Donde se viene gestando
mi perdición. Hueco orondo
donde redondo vacío
se imagina siendo odiando.
viernes, 6 de febrero de 2015
Historia de mi pelo
Comienza in media res: apenas siente
Mi pelo es de raíces conceptuales.
Es negro y orgulloso, duro y terco.
Lo digo porque acabo de soñar
-es un sueño de orgullo
y de anticipación:
¡la melena del padre
a las barbas del padre!-,
por qué las quiero tanto, canas.
Sobre la coronilla el goce, el gesto
de mi inseguridad y complacencia.
¿Ves que el cabello habla con secretos?
¿Ves que soy yo quien habla con secretos?
Pero su pelo era un absurdo ante mis ojos.
Pero su pelo era nobleza por el cuello
(nobleza entre mis dedos).
Barrer su pelo acumulado por el suelo.
-cabellos de mujer
arañan mi mirada
mientras su cuerpo encima
me besa y me rescata-
Mi pelo es de raíces conceptuales.
Es negro y orgulloso, duro y terco.
Lo digo porque acabo de soñar
-es un sueño de orgullo
y de anticipación:
¡la melena del padre
a las barbas del padre!-,
por qué las quiero tanto, canas.
Sobre la coronilla el goce, el gesto
de mi inseguridad y complacencia.
¿Ves que el cabello habla con secretos?
¿Ves que soy yo quien habla con secretos?
Pero su pelo era un absurdo ante mis ojos.
Pero su pelo era nobleza por el cuello
(nobleza entre mis dedos).
Barrer su pelo acumulado por el suelo.
-cabellos de mujer
arañan mi mirada
mientras su cuerpo encima
me besa y me rescata-
jueves, 5 de febrero de 2015
Protagonista accidental
Así que bajo
las escaleras hasta llegar a la zona lumbar.
Allí debe de haber un señor que se cree
yo o al menos
que tiene que ver algo conmigo.
Está, sin duda sentado, el señor
-así me lo imagino cuando me muevo
o se pone a saltar y refunfuññña cuando quiero
estar quieto- cómodamente.
las escaleras hasta llegar a la zona lumbar.
Allí debe de haber un señor que se cree
yo o al menos
que tiene que ver algo conmigo.
Está, sin duda sentado, el señor
-así me lo imagino cuando me muevo
o se pone a saltar y refunfuññña cuando quiero
estar quieto- cómodamente.
miércoles, 4 de febrero de 2015
Moras en el bosque
Sigue contando el rastro que persigue:
ni siquiera el camino ante el abismo
querrá frenar.
Perdido entre las frases que se miden
quiere avisar suiguiendo otro camino
donde arrastrar.
Me dan en medio del matiz que quieras
los restos, las camisas y las cuentas
sin caminar.
Y si has encontrado perdón
no fue perdido.
Si vienes pidiendo color
a un sueño herido.
ni siquiera el camino ante el abismo
querrá frenar.
Perdido entre las frases que se miden
quiere avisar suiguiendo otro camino
donde arrastrar.
Me dan en medio del matiz que quieras
los restos, las camisas y las cuentas
sin caminar.
Y si has encontrado perdón
no fue perdido.
Si vienes pidiendo color
a un sueño herido.
martes, 3 de febrero de 2015
El narcisismo se va con sólo tocar el agua
Dime, fluido no newtoniano,
qué leches pasa con el aire.
Susurra y susurra y no da
como el río mi fiel retrato.
Se me ocurrió tocar el líquido
de mi rostro y todo acabó.
Algo de aire o monstruo vi
en el toque mi rostro y todo.
Me levanto y acabo, suelto,
me derrumbo y vuelvo: dime
por qué apenas soy
el matiz y el efecto
que produje o produzco
en tanto tú, mi límite,
que me defines.
qué leches pasa con el aire.
Susurra y susurra y no da
como el río mi fiel retrato.
Se me ocurrió tocar el líquido
de mi rostro y todo acabó.
Algo de aire o monstruo vi
en el toque mi rostro y todo.
Me levanto y acabo, suelto,
me derrumbo y vuelvo: dime
por qué apenas soy
el matiz y el efecto
que produje o produzco
en tanto tú, mi límite,
que me defines.
domingo, 1 de febrero de 2015
Ladronzuela
Ya está la memoria
jugando a la indiferencia.
He pasado revista a los descuidos
y eso constantemente.
Se desliza sobre ti, lleva tu nombre,
y eso constantemente.
Si el tiempo de mi respiración fuera
soportable, otro con ojos de cuervo
te amaría de nuevo.
Lo aprendería una vez, constantemente.
Lo deslizaría de nuevo, constantemente.
Y tendría ahora ojos de cuervo con mi nombre.
Tendría ahora dedos de cuervo, nombre.
Veríamos volar su grito negro como el perdón
haciendo cielo en mi memoria sintigo y sin aliento.
jugando a la indiferencia.
He pasado revista a los descuidos
y eso constantemente.
Se desliza sobre ti, lleva tu nombre,
y eso constantemente.
Si el tiempo de mi respiración fuera
soportable, otro con ojos de cuervo
te amaría de nuevo.
Lo aprendería una vez, constantemente.
Lo deslizaría de nuevo, constantemente.
Y tendría ahora ojos de cuervo con mi nombre.
Tendría ahora dedos de cuervo, nombre.
Veríamos volar su grito negro como el perdón
haciendo cielo en mi memoria sintigo y sin aliento.
sábado, 31 de enero de 2015
Agnus Dei
Si ignoras lo que ignoras significa
etcétera y etcétera, y demás
que corra de tu cuenta.
Si indignas lo que indignas magnificas
cierto cetrero trozo de detrás
de
Si impugno lo que impugno planfica
y no lo quise así, sino verás:
fiel hasta ahora
y sin demora
dejo equipaje
listo señora
para el lenguaje.
etcétera y etcétera, y demás
que corra de tu cuenta.
Si indignas lo que indignas magnificas
cierto cetrero trozo de detrás
de
Si impugno lo que impugno planfica
y no lo quise así, sino verás:
fiel hasta ahora
y sin demora
dejo equipaje
listo señora
para el lenguaje.
jueves, 29 de enero de 2015
Paseo de regreso
Mira por dónde,
antes un cojo tú, tahúr
que escamoteas, tu sexo
y tu libertad, sin disimulo
de que no ignoras lo que por
desconocimiento eres hábil.
Te cojo por la cintura, como
un novio que dura un segundo,
como el segundo
y quedo
mudito de hambre al momento.
antes un cojo tú, tahúr
que escamoteas, tu sexo
y tu libertad, sin disimulo
de que no ignoras lo que por
desconocimiento eres hábil.
Te cojo por la cintura, como
un novio que dura un segundo,
como el segundo
y quedo
mudito de hambre al momento.
miércoles, 28 de enero de 2015
Monoteísmo
Noche negra,
huella inmensa,
larga lengua de ternera.
Cuero absurdo,
calle inversa,
urbe infecta de futuro.
Rumia el suelo de mi historia
vacuna del callejón,
mis podredumbres abonan
curtidores de descanso,
marca el tempo de mis moscas
pezuña de sed hendida,
lame mi fiebre y mi hora
oreja de vaca y cola.
Cabeza de vaca y beso
de vaca y bifé de vaca,
cielo de vaca estrellado,
pampa de vaca argentina
y en la costilla bovina
cuerno de copia divina,
corazón de enamorado.
Oh, Señora ojos de vaca,
vaca de todas las vacas,
muge mi oscuro alimento,
enyúgate mi testuz,
llena mi boca de luz
y de contento.
huella inmensa,
larga lengua de ternera.
Cuero absurdo,
calle inversa,
urbe infecta de futuro.
Rumia el suelo de mi historia
vacuna del callejón,
mis podredumbres abonan
curtidores de descanso,
marca el tempo de mis moscas
pezuña de sed hendida,
lame mi fiebre y mi hora
oreja de vaca y cola.
Cabeza de vaca y beso
de vaca y bifé de vaca,
cielo de vaca estrellado,
pampa de vaca argentina
y en la costilla bovina
cuerno de copia divina,
corazón de enamorado.
Oh, Señora ojos de vaca,
vaca de todas las vacas,
muge mi oscuro alimento,
enyúgate mi testuz,
llena mi boca de luz
y de contento.
martes, 27 de enero de 2015
Locus amoenus
Si interpretamos ese lugar ameno como el entorno natural, sin ninguna mota de artificialidad humana, habría que dejar fuera esa organización armónica de la arquitectura retórico-ideológica. Allí, la depredación del ácaro tendría su lugar. El apretado communio del estrato geológico o la bulliciosa degeneración citoplasmática serían ejemplos para el paradigma.
Si nos atenemos al influjo glorioso, pacífico, difícil, entonces, no decantarse por los entornos estrictamente humanos: conciertos, teterías, grandes estadios... Donde el individuo entrega su alteridad sin reparo y no le estorba callar al unísono de un pensar común.
Otra opción consiste en considerar el paisaje como reflejo de un ideal vivencial, personal, sentimental. Entramos en el terreno del fantasma, en su casa, en su habitación privada. Y nos será difícil discernir si tenemos esos sentimientos porque nos impregnamos de ese paisaje, o si pintamos ese paisaje porque tenemos esos sentimientos.
lunes, 26 de enero de 2015
Seguir los pasos
Sigue la tierra a un paso de la aurora.
Calza la tierra oscuros sus zapatos
y en dos zancadas tristes de mejora
quiere alcanzar los pájaros ingratos
que el hombre fue sembrando con sus tratos,
feas cocinas de alas sin demora.
Y el hombre sigue a un paso de la tierra.
El hombre gasta tanto con sus fuegos
que inevitable con su mente yerra
su fría alteridad, sus tristes egos,
con obligado acento que le aterra
cuando amanece el canto de la guerra,
feas cocinas de rencores ciegos.
Tú improvisas la ley, me tienes tuyo.
Tú improvisas cualquier significado.
Con esta rapidez
haces calle de mí
fiel de persona.
Calza la tierra oscuros sus zapatos
y en dos zancadas tristes de mejora
quiere alcanzar los pájaros ingratos
que el hombre fue sembrando con sus tratos,
feas cocinas de alas sin demora.
Y el hombre sigue a un paso de la tierra.
El hombre gasta tanto con sus fuegos
que inevitable con su mente yerra
su fría alteridad, sus tristes egos,
con obligado acento que le aterra
cuando amanece el canto de la guerra,
feas cocinas de rencores ciegos.
Tú improvisas la ley, me tienes tuyo.
Tú improvisas cualquier significado.
Con esta rapidez
haces calle de mí
fiel de persona.
domingo, 25 de enero de 2015
Luz que brota
Silbas un malentendido
para escaparte del miedo.
En la huida el ejercicio
ha hecho de un músculo espejo.
Se están cimentando sombras,
y en los derrumbes te espero.
Silbo entre las hojas rotas
de un caligráfico invierno.
para escaparte del miedo.
En la huida el ejercicio
ha hecho de un músculo espejo.
Se están cimentando sombras,
y en los derrumbes te espero.
Silbo entre las hojas rotas
de un caligráfico invierno.
sábado, 24 de enero de 2015
Hicimos esta ciudad
Hicimos esta ciudad con los ojos vendados.
Vas a venir calles y recuerdos.
Vas a venir siempre tan vestida.
Vas y sin la decisión correcta
a venir.
Has modelado mi cuerpo con los ojos vendados.
Otros opinan que es un tropiezo.
Otros tropiezan con él, se quejan.
Otros tientan y juzgan, tientan,
juzgan.
Tejías tu pensamiento con los ojos vendados.
Y era yo el día que atrapaste.
Y era el día el labio que mordiste.
Y eras tú el labio
y el hueco que dejaste.
(En esta oscuridad late celosa la noche.
Otra vez la noche se cansará mucho antes
que nosotros obsesionados, obsesionados de amor.
Y su cansancio será la luz del día)
Vas a venir calles y recuerdos.
Vas a venir siempre tan vestida.
Vas y sin la decisión correcta
a venir.
Has modelado mi cuerpo con los ojos vendados.
Otros opinan que es un tropiezo.
Otros tropiezan con él, se quejan.
Otros tientan y juzgan, tientan,
juzgan.
Tejías tu pensamiento con los ojos vendados.
Y era yo el día que atrapaste.
Y era el día el labio que mordiste.
Y eras tú el labio
y el hueco que dejaste.
(En esta oscuridad late celosa la noche.
Otra vez la noche se cansará mucho antes
que nosotros obsesionados, obsesionados de amor.
Y su cansancio será la luz del día)
viernes, 23 de enero de 2015
jueves, 22 de enero de 2015
Potencia ubicua
Un electrón extraño contrata contra cuatro
feroces fuerzas fuera de escafandras.
Luego, llegada la lluvia, degollarán las dagas llagas
sobre sobrados brezos saboreando brasas.
Nadie conoció nociones de una unidad
decente cediendo cedazos adocenados
sin otros siniestros sinos.
feroces fuerzas fuera de escafandras.
Luego, llegada la lluvia, degollarán las dagas llagas
sobre sobrados brezos saboreando brasas.
Nadie conoció nociones de una unidad
decente cediendo cedazos adocenados
sin otros siniestros sinos.
miércoles, 21 de enero de 2015
De narcisismo y exceso
Confía en lo que eres:
por más que reniegues o sospeches,
lo que eres implacable seguirá
siendo y actuando. Tú que eres
para mí un espíritu vigilante. Tú que eres
mi enunciado sancionador,
mi querido enunciado sancionador,
a quien escucho y recuerdo,
a qué ocupar otra celda de tu vieja posada
con suspicacias e intenciones,
goces o hábitos
de narcisismo y exceso.
por más que reniegues o sospeches,
lo que eres implacable seguirá
siendo y actuando. Tú que eres
para mí un espíritu vigilante. Tú que eres
mi enunciado sancionador,
mi querido enunciado sancionador,
a quien escucho y recuerdo,
a qué ocupar otra celda de tu vieja posada
con suspicacias e intenciones,
goces o hábitos
de narcisismo y exceso.
martes, 20 de enero de 2015
Pigmalión
El hombre se sienta roto ante su máquina. Quieto la contempla.
Con paciencia teje, sin saber funciona, y a veces la odia.
Respira y palpita: su respiración ocupa el paisaje,
de su pulso brotan y revolucionan los gritos, los pueblos.
Retoca al dictado de lo que acontece. Casi es un abrazo,
un gesto. Un instante tiembla entre sus dedos: sabe que su máquina
es un reflejo en un río.
Y pronto se apagará.
Con paciencia teje, sin saber funciona, y a veces la odia.
Respira y palpita: su respiración ocupa el paisaje,
de su pulso brotan y revolucionan los gritos, los pueblos.
Retoca al dictado de lo que acontece. Casi es un abrazo,
un gesto. Un instante tiembla entre sus dedos: sabe que su máquina
es un reflejo en un río.
Y pronto se apagará.
jueves, 15 de enero de 2015
AQUILES Y LA TORTUGA. XV de XV
Como aquel asunto pasó de moda, cada vez era más difícil encontrar restos fieles de aquellos pergaminos y sus escritos. Todas las ideas de Aquiles Winfield, sus vivencias y recuerdos estaban desperdigadas en fragmentos y notas.
Alguno se esforzó en aunar aquellas fuentes y componer un relato general. Al principio ese relato era grande y rico en detalles. Pero con el paso de las generaciones, los detalles se olvidaban, otros se inventaban, y el relato mermó a merced de desconfianzas y obsesiones. A la intemperie. Hoy por hoy, sólo es posible saber de él por pequeños y torpes resúmenes, en los que tal vez haya aún pequeños ápices del trampero auténtico.
Y esta es la historia de Aquiles, el indestructible.
Alguno se esforzó en aunar aquellas fuentes y componer un relato general. Al principio ese relato era grande y rico en detalles. Pero con el paso de las generaciones, los detalles se olvidaban, otros se inventaban, y el relato mermó a merced de desconfianzas y obsesiones. A la intemperie. Hoy por hoy, sólo es posible saber de él por pequeños y torpes resúmenes, en los que tal vez haya aún pequeños ápices del trampero auténtico.
Y esta es la historia de Aquiles, el indestructible.
AQUILES Y LA TORTUGA. XIV de XV
El refugio de Aquiles fue cobrando cierta fama. Muchos subían a la montaña simplemente por encontrarse con aquel apasionado conversador. En cierto modo, se convirtió en lugar de peregrinaje. Todos los que volvían, llegaban a la ciudad entusiasmados.
Hasta que un pequeño grupo, al llegar a la cabaña, encontró el cuerpo frío e inerte del viejo Aquiles. Decepcionados, conmocionados, se llevaron el cuerpo a la ciudad, donde recibió convencional sepultura.
Con todo, los escritos seguían en la cabaña. Ya nadie iba allí sólo buscando conversación; pero los que se refugiaban en ella encontraban alguna lectura con que entretenerse. Si hallaban interés, se llevaban el pergamino. Algunos, amantes del misterio, melancólicos, indagaban en los textos los vestigios de aquel conversador. Lo que encontraron fue a un pensador de diálogos que ellos creyeron poder rescatar a través de sus palabras.
Muchos fueron los empeños por recuperar la sabiduría del filósofo local. Polémicas enconadas delimitaban cuál era la correcta lectura de sus ideas y vivencias.
Hasta que un pequeño grupo, al llegar a la cabaña, encontró el cuerpo frío e inerte del viejo Aquiles. Decepcionados, conmocionados, se llevaron el cuerpo a la ciudad, donde recibió convencional sepultura.
Con todo, los escritos seguían en la cabaña. Ya nadie iba allí sólo buscando conversación; pero los que se refugiaban en ella encontraban alguna lectura con que entretenerse. Si hallaban interés, se llevaban el pergamino. Algunos, amantes del misterio, melancólicos, indagaban en los textos los vestigios de aquel conversador. Lo que encontraron fue a un pensador de diálogos que ellos creyeron poder rescatar a través de sus palabras.
Muchos fueron los empeños por recuperar la sabiduría del filósofo local. Polémicas enconadas delimitaban cuál era la correcta lectura de sus ideas y vivencias.
miércoles, 14 de enero de 2015
AQUILES Y LA TORTUGA. XIII de XV
En los largos meses que pasaba solo, añoraba aquellas conversaciones. Tanto que estaba tentado de bajar a la ciudad; pero pronto sabía qué pasaría: allí encontraría el lenguaje otra vez como ceguera y las pasiones desenfrenadas. Pero claro, la tentación se quedaba allí como un achaque más. Ahora, él mismo imaginando y rememorando las pasiones urbanas no era suficiente; así que aguardaba con paciencia. Recogía con pasión a los extraviados, con tanta desesperación como ellos encontraban el refugio.
En los largos meses que pasaba solo, se dedicó a hacer pergaminos con sus pieles. En ellos escribía conversaciones improvisadas. Imaginaba que hablaba con extraños y buscaba en esos escritos sus extrañas respuestas. Por supuesto, escribía sobre las conversaciones que recordaba. Aunque a veces tenía la sensación de inventar, sólo recolocaba fragmentos.
Cuando llegaban huéspedes, encontraban algunos de esos pergaminos por la cabaña. Ya no sólo encontraban la conversación en la voz de Aquiles, también en los escritos. Pero en esos escritos los huéspedes se reconocían a ellos mismos y les agradaba saber que pertenecerían a futuros escritos.
En los largos meses que pasaba solo, se dedicó a hacer pergaminos con sus pieles. En ellos escribía conversaciones improvisadas. Imaginaba que hablaba con extraños y buscaba en esos escritos sus extrañas respuestas. Por supuesto, escribía sobre las conversaciones que recordaba. Aunque a veces tenía la sensación de inventar, sólo recolocaba fragmentos.
Cuando llegaban huéspedes, encontraban algunos de esos pergaminos por la cabaña. Ya no sólo encontraban la conversación en la voz de Aquiles, también en los escritos. Pero en esos escritos los huéspedes se reconocían a ellos mismos y les agradaba saber que pertenecerían a futuros escritos.
AQUILES Y LA TORTUGA. XII de XV
Aquiles se construyó un refugio en las montañas, para vivir trampeando así sus propios pensamientos hasta que encontrara alguna solución. El refugio, no obstante, resultó muy útil a otros tramperos, montañistas y viajeros que se aventuraran con más riesgo de la cuenta por aquellos bosques espesos. Por tanto, no estuvo del todo solo, y de vez en cuando tenía conversaciones que duraban días enteros, mientras permanecían en el refugio, la mayoría de las veces con hombres de aburrido lenguaje.
Sin embargo, descubrió que, solos y desvalidos, aquellos hombres eran más flexibles y tolerantes a las palabras del otro. En cierto modo, le recordaban a sus antiguas amantes, que se enganchaban fascinadas por la pasión del encuentro. Esa pasión, en forma de gratitud, encontraba en la escucha de sus refugiados. Pronto, claro está, cuando volvían a sentirse seguros, derivaban a su cómoda conversación prefijada; pero, poco a poco, el frustrado Aquiles conseguía avivar el fuego de su pasión y sostener tertulias inolvidables. Es así que, con el goteo de aquellas conversaciones hospitalarias, Aquiles se fue reconciliando con la convulsa creatividad del lenguaje.
Sin embargo, descubrió que, solos y desvalidos, aquellos hombres eran más flexibles y tolerantes a las palabras del otro. En cierto modo, le recordaban a sus antiguas amantes, que se enganchaban fascinadas por la pasión del encuentro. Esa pasión, en forma de gratitud, encontraba en la escucha de sus refugiados. Pronto, claro está, cuando volvían a sentirse seguros, derivaban a su cómoda conversación prefijada; pero, poco a poco, el frustrado Aquiles conseguía avivar el fuego de su pasión y sostener tertulias inolvidables. Es así que, con el goteo de aquellas conversaciones hospitalarias, Aquiles se fue reconciliando con la convulsa creatividad del lenguaje.
martes, 13 de enero de 2015
AQUILES Y LA TORTUGA. XI de XV
Aquiles pasó todo lo que quedó hasta el invierno buscando el rastro de aquella tortuga. Por supuesto, no lo halló. Cada momento era una frustración auténtica: por un lado, confirmaba su nueva idea de que los pensamientos no se podían capturar, que nada se repetía al alcance del nuevo momento; por otro, sentía confirmada la absurda sensación de su esperanza, imperturbable. Toda distancia era indestructible; el movimiento de sus pasos, también indestructible.
La búsqueda se convirtió en un acto tenaz. Cuando cesaba la veía como una actividad de por sí ajena e impuesta por sí misma, como un vicio. Carecía de sentido; pero ahí estaba. Para alejarse de esa búsqueda pensaba en volver a la ciudad. Sabía no obstante que la búsqueda no desaparecería en su mente y, de alguna manera, seguiría buscando. Imaginaba además, los distintos encuentros en la ciudad generando sensaciones nuevas, irrepetibles, incapturables, indestructibles. De hecho, sólo su memoria y su imaginación ya lo llenaban de esas situaciones. Entonces se veía a sí mismo, imaginando, rehuyendo, como hacen los hombres con el lenguaje, obviando los encuentros con sus frases (imaginaciones) repetidas. Se aburría de sí mismo y se ponía a buscar la tortuga.
La búsqueda se convirtió en un acto tenaz. Cuando cesaba la veía como una actividad de por sí ajena e impuesta por sí misma, como un vicio. Carecía de sentido; pero ahí estaba. Para alejarse de esa búsqueda pensaba en volver a la ciudad. Sabía no obstante que la búsqueda no desaparecería en su mente y, de alguna manera, seguiría buscando. Imaginaba además, los distintos encuentros en la ciudad generando sensaciones nuevas, irrepetibles, incapturables, indestructibles. De hecho, sólo su memoria y su imaginación ya lo llenaban de esas situaciones. Entonces se veía a sí mismo, imaginando, rehuyendo, como hacen los hombres con el lenguaje, obviando los encuentros con sus frases (imaginaciones) repetidas. Se aburría de sí mismo y se ponía a buscar la tortuga.
AQUILES Y LA TORTUGA. X de XV
A partir de ahí, la tentación del suicidio no llegó a abandonarlo. La notaba ahí como un achaque más. Apenas tenía fuerza, pero ahí estaba. ¿Cómo es posible? Su pensamiento la veía siempre como algo absurdo, una fantasía errónea; pero la veía, ahí estaba. Pensó Aquiles entonces que no sólo él era indestructible: cualquier pensamiento era indestructible. Caprichoso y sin límites, igual que Dalila, cualquier ocurrencia se convertía en la dominatrix absoluta de toda la ciudad. La ciudad de su mente estaba poblada por miles de pensamientos ellos mismos indestructibles. Y cada pensamiento sobre ellos, a su vez, indestructible. Si quisiera acabar con ellos no podría, sólo crearía nuevos pensamientos de destrucción. Si quisiera protegerlos no podría, sólo crearía nuevos pensamientos de protección. Y así, junto a ellos más debilidades y más amenazas.
Si hubiera querido recuperar o capturar alguno de sus pensamientos, tampoco habría podido. Todo lo más, crear un nuevo pensamiento de captura, mientras el otro, libre, permanecía indestructible.
Si hubiera querido recuperar o capturar alguno de sus pensamientos, tampoco habría podido. Todo lo más, crear un nuevo pensamiento de captura, mientras el otro, libre, permanecía indestructible.
lunes, 12 de enero de 2015
AQUILES Y LA TORTUGA. IX de XV
En las montañas, lejos de todo lenguaje, rumiaba sus propias sensaciones, su memoria y sus pensamientos.
Había comprado nuevas trampas que desplegó por el bosque. Cuando recogió la primera pieza, comprobó el cuerpo inerte de un castor. ¿Qué es lo que había matado? Se imaginó a sí mismo, como castor, atrapado en la trampa. Ese castor tampoco podría sentir su propia muerte, ¿o sí? Así pues, ¿qué era lo que tenía entre manos?
Recordaba el estúpido temor que los hombres exorcizaban con su aburrido lenguaje. Sólo querían ver la piel del castor, no al castor muriendo mientras habla. Y sin embargo, no es posible, porque él sabía que era indestructible: mientras sienten y mientras hablan no hay final. Pero él también se sentía herido y muriendo.
Pensó en acabar con todo y dejarse morir de frío en la montaña o acabar rápidamente con un cuchillo. Pero inmediatamente recordaba que eso no bastaba. Él era indestructible, y hasta ese imposible último momento seguiría sintiendo ese mismo dolor, esa misma insuficiencia, esa misma muerte royéndole. Nada acabaría.
Había comprado nuevas trampas que desplegó por el bosque. Cuando recogió la primera pieza, comprobó el cuerpo inerte de un castor. ¿Qué es lo que había matado? Se imaginó a sí mismo, como castor, atrapado en la trampa. Ese castor tampoco podría sentir su propia muerte, ¿o sí? Así pues, ¿qué era lo que tenía entre manos?
Recordaba el estúpido temor que los hombres exorcizaban con su aburrido lenguaje. Sólo querían ver la piel del castor, no al castor muriendo mientras habla. Y sin embargo, no es posible, porque él sabía que era indestructible: mientras sienten y mientras hablan no hay final. Pero él también se sentía herido y muriendo.
Pensó en acabar con todo y dejarse morir de frío en la montaña o acabar rápidamente con un cuchillo. Pero inmediatamente recordaba que eso no bastaba. Él era indestructible, y hasta ese imposible último momento seguiría sintiendo ese mismo dolor, esa misma insuficiencia, esa misma muerte royéndole. Nada acabaría.
AQUILES Y LA TORTUGA. VIII de XV
Aquiles arrastraba en su pensamiento la herida de un profundo abandono.
Ninguna otra amante consiguió mitigar esa deuda. Buscaba pon pasión el momento crucial en el que ese abandono desparecía entre unos brazos, en una conversación. Atendía desesperado cada gesto que le devolviera un instante de autenticidad. Iba de labio en labio, no ya entusiasmado, sino frustrado siempre.
Intentó explicar su dolor, como siempre había explicado su pasión, pero las mujeres querían vivir con él lo que fuera que fuera y no lo ayudaban a comprenderlo ni a mitigarlo. Intentó explicarlo con precaución y cuidado a los hombres. Le aburría el lenguaje de los hombres.
La ciudad entera resultó insuficiente y decidió marcharse.
Ninguna otra amante consiguió mitigar esa deuda. Buscaba pon pasión el momento crucial en el que ese abandono desparecía entre unos brazos, en una conversación. Atendía desesperado cada gesto que le devolviera un instante de autenticidad. Iba de labio en labio, no ya entusiasmado, sino frustrado siempre.
Intentó explicar su dolor, como siempre había explicado su pasión, pero las mujeres querían vivir con él lo que fuera que fuera y no lo ayudaban a comprenderlo ni a mitigarlo. Intentó explicarlo con precaución y cuidado a los hombres. Le aburría el lenguaje de los hombres.
La ciudad entera resultó insuficiente y decidió marcharse.
domingo, 11 de enero de 2015
AQUILES Y LA TORTUGA. VII de XV
El magnate puso una condición para su matrimonio: todos los demás pretendientes de Dalila debían mantenerse al margen. Dalila lo aceptó; aunque, por supuesto, en su fuero interno no pensaba hacerle mucho caso. Claro que eso nadie lo sospechaba, ni Philips pero tampoco Aquiles.
Nuestro trampero y ella pasaron una última noche juntos antes de la boda. El ingenuo Aquiles le habló como otras veces de su naturaleza indestructible. Pero le hizo comprender hasta qué punto era ella importante para él. Sólo si la perdiera sentiría una auténtica herida, una auténtica perdición. En nada le importaba el magnate; pero si la perdía a ella, él no podría soportarlo. Al principio, Dalila quedó conmovida, no por sus palabras, sino por la pasión que volcaba en ellas para ella. Y al fin sintió que había capturado la vulnerabilidad de Aquiles, y esa noche lo amó profundamente. No tardó, con esa vulnerabilidad en su corazón, en sentir que Aquiles era, de hecho, así de débil. Se acordó de la magia de su futuro esposo y no volvió a ver al pobre trampero.
Grande fue el dolor de Aquiles.
Nuestro trampero y ella pasaron una última noche juntos antes de la boda. El ingenuo Aquiles le habló como otras veces de su naturaleza indestructible. Pero le hizo comprender hasta qué punto era ella importante para él. Sólo si la perdiera sentiría una auténtica herida, una auténtica perdición. En nada le importaba el magnate; pero si la perdía a ella, él no podría soportarlo. Al principio, Dalila quedó conmovida, no por sus palabras, sino por la pasión que volcaba en ellas para ella. Y al fin sintió que había capturado la vulnerabilidad de Aquiles, y esa noche lo amó profundamente. No tardó, con esa vulnerabilidad en su corazón, en sentir que Aquiles era, de hecho, así de débil. Se acordó de la magia de su futuro esposo y no volvió a ver al pobre trampero.
Grande fue el dolor de Aquiles.
AQUILES Y LA TORTUGA. VI de XV
Dalila tenía muchos pretendientes. Jugaba con ellos con un refinamiento mucho más depurado que la inocencia de Aquiles. Se divertía. Por eso, para él, en cierto modo, supuso un reto. Y un reto, además de su belleza, además del carisma de su conversación, era cuanto podía componer el enamoramiento perfecto. Dalila, por su parte, disfrutaba enormemente con la pasión de Aquiles y, aunque nunca dejó de jugar con otros amantes, pronto comprendió que Aquiles era su debilidad. Cuantas veces intentó romper con él definitivamente, tantas veces se dejó arrastrar por la pasión de Aquiles. Así, también para ella supuso un reto: si bien, paradójicamente, su reto consistía en ser más fuerte que su amor, liberarse, mientras ese reto, y la pasión y la fuerza de Aquiles, el viejo trampero y sus caprichos y arrebatos, más la enamoraban.
Entre los otros pretendientes de Dalila destacaba Philips Tomking, el magnate de la ciudad: un hombre poderoso, un dandy, un estratega implacable que había hecho de la modesta herencia de su padre un imperio omnipresente. Siempre le acompañaba un boato de buen gusto, de elegancia y buen hacer. Los hombres lo admiraban y las mujeres, en fin, eran suyas. Dalila, lo consideraba, como mucho, su igual; al mismo tiempo, sólo él era capaz de estar a la altura de sus exigencias sin límites. Siempre le proponía algo imposible, y el implacable Philips se lo traía para ella. Con cada derrota, Dalila quedaba fascinada; pero, al mismo tiempo, convertía alpoderoso Philips en un pusilánime ante su voluntad, y lo despreciaba.
Aquiles sólo podía ofrecer su pasión, y eso solo bastaba a Dalila cuando estaba con él. Lejos de él aún quedaba el deseo. Pero la presencia de Tomking era imponente y acabó aceptando el matrimonio con el magnate.
Entre los otros pretendientes de Dalila destacaba Philips Tomking, el magnate de la ciudad: un hombre poderoso, un dandy, un estratega implacable que había hecho de la modesta herencia de su padre un imperio omnipresente. Siempre le acompañaba un boato de buen gusto, de elegancia y buen hacer. Los hombres lo admiraban y las mujeres, en fin, eran suyas. Dalila, lo consideraba, como mucho, su igual; al mismo tiempo, sólo él era capaz de estar a la altura de sus exigencias sin límites. Siempre le proponía algo imposible, y el implacable Philips se lo traía para ella. Con cada derrota, Dalila quedaba fascinada; pero, al mismo tiempo, convertía alpoderoso Philips en un pusilánime ante su voluntad, y lo despreciaba.
Aquiles sólo podía ofrecer su pasión, y eso solo bastaba a Dalila cuando estaba con él. Lejos de él aún quedaba el deseo. Pero la presencia de Tomking era imponente y acabó aceptando el matrimonio con el magnate.
sábado, 10 de enero de 2015
AQUILES Y LA TORTUGA. V de XV
Restablecido del todo, Aquiles abandonó el poblado de tramperos y se marchó a la ciudad. Durante el camino pensó mucho sobre la naturaleza indestructible y la intuición de amenaza en los hombres.
En la ciudad, de nuevo un desconocido, hablaba con quien encontraba sobre lo que habíaexperimentado en la montaña y sobre lo que le había pasado en el poblado. Una vez más los hombres mostraron poco interés: siempre parecían estar ocupados en otras cosas. Pero algunas mujeres sí que lo atendían con entusiasmo. Dejaban por un momento lo que estuvieran haciendo y lo observaban con detenimiento. No estaba muy seguro de que lo escucharan o lo entendieran del todo; posiblemente él no supiera explicarse, y muchas veces se sentía enredado torpemente en su propio lenguaje. Aún así eran pacientes, y pocas palabras parecía bastarles, de todo su galimatías, para no perderse. Observaban su pasión y lo acompañaban.
Al cabo de un tiempo, Aquiles ya no sabía muy bien lo que decía. Hablaba y hablaba de sus constantes descubrimientos. Cada nueva conversación era un punto de vista nuevo del que posteriormente podría hablar en otra conversación. Con este apasionamiento perpetuo, entabló amistad con muchas mujeres y tuvo muchas amantes.
Se sentía libre y entusiasmado. Hacía y decía lo que se le antojaba, y eso entusiasmaba a sus amantes: querían ser el objeto de su pasión y sus caprichos. Podría haber vivido así eternamente, de labio en labio; pero, dada su dinámica, era imposible que no acabara topando con Dalila, la más inteligente y hermosa de las mujeres de la ciudad.
En la ciudad, de nuevo un desconocido, hablaba con quien encontraba sobre lo que habíaexperimentado en la montaña y sobre lo que le había pasado en el poblado. Una vez más los hombres mostraron poco interés: siempre parecían estar ocupados en otras cosas. Pero algunas mujeres sí que lo atendían con entusiasmo. Dejaban por un momento lo que estuvieran haciendo y lo observaban con detenimiento. No estaba muy seguro de que lo escucharan o lo entendieran del todo; posiblemente él no supiera explicarse, y muchas veces se sentía enredado torpemente en su propio lenguaje. Aún así eran pacientes, y pocas palabras parecía bastarles, de todo su galimatías, para no perderse. Observaban su pasión y lo acompañaban.
Al cabo de un tiempo, Aquiles ya no sabía muy bien lo que decía. Hablaba y hablaba de sus constantes descubrimientos. Cada nueva conversación era un punto de vista nuevo del que posteriormente podría hablar en otra conversación. Con este apasionamiento perpetuo, entabló amistad con muchas mujeres y tuvo muchas amantes.
Se sentía libre y entusiasmado. Hacía y decía lo que se le antojaba, y eso entusiasmaba a sus amantes: querían ser el objeto de su pasión y sus caprichos. Podría haber vivido así eternamente, de labio en labio; pero, dada su dinámica, era imposible que no acabara topando con Dalila, la más inteligente y hermosa de las mujeres de la ciudad.
AQUILES Y LA TORTUGA. IV de XV
Aquiles regresó al poblado al pie de las montañas, deseoso de transmitir su experiencia a sus compañeros tramperos, cazadores y buscadores de oro. Sin embargo, aunque al principio fue recibido como siempre, pronto su conversación resultó incómoda y los hombres le rehuían. Ya sabéis cómo hablan los hombres: hablan de ejercicio y de deportes. Cualquier tema de conversación lo toman como si hablaran de ejercicio y juego, así su salud, así el comercio, así la política o el tiempo. Cualquier intromisión parecía molestarles.
¿Por qué? –pensaba Aquiles. Ellos, sin duda, son como yo indestructibles, aunque nunca lo hayan hablado. Y, sin embargo, rehúyen mis palabras como si les hicieran daño o fueran a destruirlos. Entonces observó cómo hablaban los hombres, como con un lenguaje pactado. Todo parecía estar ya dicho previamente. Con sus palabras dejaban de mirar lo que pudiera decirse. Cuando hablaban, se colocaban en un salón común; cuando callaban, estaban solos.
Así, temiendo el rechazo, Aquiles se mantuvo en silencio todo el tiempo que pudo. Sólo habló lo estrictamente necesario para vender sus trampas y sus pieles. Callado como permanecía, los demás intentaban adivinar sus intenciones. Aquiles, cuando quería mostrarles que acertaban, se limitaba a repetir las últimas palabras que decían. ¿Vienes a vender otra piel? Sí, otra piel. ¿Te sienta bien la camisa o traigo otra? Trae otra. Y así.
¿Por qué? –pensaba Aquiles. Ellos, sin duda, son como yo indestructibles, aunque nunca lo hayan hablado. Y, sin embargo, rehúyen mis palabras como si les hicieran daño o fueran a destruirlos. Entonces observó cómo hablaban los hombres, como con un lenguaje pactado. Todo parecía estar ya dicho previamente. Con sus palabras dejaban de mirar lo que pudiera decirse. Cuando hablaban, se colocaban en un salón común; cuando callaban, estaban solos.
Así, temiendo el rechazo, Aquiles se mantuvo en silencio todo el tiempo que pudo. Sólo habló lo estrictamente necesario para vender sus trampas y sus pieles. Callado como permanecía, los demás intentaban adivinar sus intenciones. Aquiles, cuando quería mostrarles que acertaban, se limitaba a repetir las últimas palabras que decían. ¿Vienes a vender otra piel? Sí, otra piel. ¿Te sienta bien la camisa o traigo otra? Trae otra. Y así.
viernes, 9 de enero de 2015
AQUILES Y LA TORTUGA. III de XV
Cuando despertó, el sol apenas empezaba a subir detrás de las rocas. Un minúsculo rayo de luz había conseguido pasar entre los árboles y entre las ramas de los árboles, y un árbol tras otro, llegó hasta el arrecife de escarcha que cubría la piel de Aquiles. Entre todos los témpanos diminutos que se cruzaban azarosos, la enésima porción de un rayo de sol de la más pequeña fracción de primavera llegó a un claro mínimo de piel. Eso bastó para despertarlo.
Aquiles abrió los ojos sobresaltado. Eso creyó al principio, porque su cuerpo no respondía. Pero por su ceguera naranja reconoció la llegada del día. Excitado, poco a poco reaccionó. Frustrado, porque, si acaso había muerto, se lo había perdido. Mientras recuperaba el calor y el control de su cuerpo comprendió que aunque su cuerpo siguiera el ritmo de la naturaleza, él mismo estaba incapacitado para vivir nada más allá de sí mismo. La ilusión de sí mismo nunca sentiría final. Era, de todas todas, indestructible.
En ese momento –la nieve que recubría los objetos sudaba y humeaba y casi podía oírse cómo se derretía película a película, crujía– una lenta tortuga cruzó delante de él. Pasó muy cerca de su cara, pegada al suelo. Era una tortuga enorme y redonda como un balón. Era insólito, realmente absurdo, que una tortuga así estuviera en aquellos parajes; Aquiles lo sabía. De golpe volvió la vieja fábula desde algún lugar de su mente. Ahora la tenía justo delante. De no estar entumecido por el frío, un simple gesto hubiera bastado para atraparla. La siguió con la mirada durante todo el tiempo, mucho, que tardó en avanzar delante de él, hasta que se perdió entre las rocas y la nieve.
Aquiles abrió los ojos sobresaltado. Eso creyó al principio, porque su cuerpo no respondía. Pero por su ceguera naranja reconoció la llegada del día. Excitado, poco a poco reaccionó. Frustrado, porque, si acaso había muerto, se lo había perdido. Mientras recuperaba el calor y el control de su cuerpo comprendió que aunque su cuerpo siguiera el ritmo de la naturaleza, él mismo estaba incapacitado para vivir nada más allá de sí mismo. La ilusión de sí mismo nunca sentiría final. Era, de todas todas, indestructible.
En ese momento –la nieve que recubría los objetos sudaba y humeaba y casi podía oírse cómo se derretía película a película, crujía– una lenta tortuga cruzó delante de él. Pasó muy cerca de su cara, pegada al suelo. Era una tortuga enorme y redonda como un balón. Era insólito, realmente absurdo, que una tortuga así estuviera en aquellos parajes; Aquiles lo sabía. De golpe volvió la vieja fábula desde algún lugar de su mente. Ahora la tenía justo delante. De no estar entumecido por el frío, un simple gesto hubiera bastado para atraparla. La siguió con la mirada durante todo el tiempo, mucho, que tardó en avanzar delante de él, hasta que se perdió entre las rocas y la nieve.
AQUILES Y LA TORTUGA. II de XV
Contaba 43 años, cuando quedó atrapado entre las laderas de las Rocosas. La Primavera se retrasaba y los caminos estaban bloqueados por la nieve. Durante días Aquiles vagó acuciado por los aullidos del viento. Cargaba con sus pieles y con sus trampas y el hambre y el frío secaban su garganta. Sólo hielo y nieve podía beber.
Una noche en especial se sintió morir. Notaba como su sangre era más débil que el viento. Todo su movimiento era más débil que la tierra. Caído en el suelo y encogido parecía una gran roca, con la cabeza, los brazos y las piernas escondidos. Sin embargo, aunque se notaba cada vez menos, nunca tan poco que no pudiera notarse. Ese largo desvanecer era interminable. Cuando muera –pensó– no me daré cuenta; siempre sentiré que me queda un poco para morir. Entusiasmado por este pensamiento, Aquiles permaneció todo lo atento posible a su desvanecerse, para atrapar el momento en el que sintiera que no sentiría nada. Aquiles era trampero de profesión.
Descartaba como podía los recuerdos y delirios que le sobrevenían y se centró en su sensación y su desfallecimiento. Como suele suceder en estos casos, Aquiles acabó dormido, vencido por su propio esfuerzo.
Una noche en especial se sintió morir. Notaba como su sangre era más débil que el viento. Todo su movimiento era más débil que la tierra. Caído en el suelo y encogido parecía una gran roca, con la cabeza, los brazos y las piernas escondidos. Sin embargo, aunque se notaba cada vez menos, nunca tan poco que no pudiera notarse. Ese largo desvanecer era interminable. Cuando muera –pensó– no me daré cuenta; siempre sentiré que me queda un poco para morir. Entusiasmado por este pensamiento, Aquiles permaneció todo lo atento posible a su desvanecerse, para atrapar el momento en el que sintiera que no sentiría nada. Aquiles era trampero de profesión.
Descartaba como podía los recuerdos y delirios que le sobrevenían y se centró en su sensación y su desfallecimiento. Como suele suceder en estos casos, Aquiles acabó dormido, vencido por su propio esfuerzo.
AQUILES Y LA TORTUGA. I de XV
Siendo niño, en la escuela, leyó junto con todos sus compañeros la fábula de Aquiles y la tortuga. Todos la conocen: es esa en la que el veloz Aquiles jamás consigue alcanzar a la tortuga, porque antes de llegar hasta ella debe recorrer la mitad de la distancia, y luego otra mitad y luego otra, así indefinidamente. Apenas terminó la clase, Aquiles, el pequeño alumno, corrió a jugar con sus amigos. La fábula se quedó en el revuelto patio de recreo que llamamos olvido.
AQUILES Y LA TORTUGA. Introducción de XV
Aquiles Winfield, trampero de profesión, hizo un descubrimiento personal extraordinario: no podía ser destruido. Esta es la historia de su descubrimiento, de las aventuras y desventuras que le granjeó y el singular momento en el que dieron término.
jueves, 8 de enero de 2015
Así es
Nuestra historia no se desmoronará:
nunca fue construida. No hubo castillo
de naipes; sólo hubo cartas. Nunca
existió carta alguna sino volutas
de tinta impregnada en la celulosa.
Ni siquiera hubo fibra entre las fibras, sólo
moléculas de esto, moléculas de aquello.
Entre nosotros no hubo relación tipificada.
En nuestro amor no hubo contratos ni permisos,
no hubo lo dicho o lo desdicho,
no hubo los años que pasamos.
Sólo hubo besos; pero esos besos, ¡guau!,
hicieron temblar el mundo.
nunca fue construida. No hubo castillo
de naipes; sólo hubo cartas. Nunca
existió carta alguna sino volutas
de tinta impregnada en la celulosa.
Ni siquiera hubo fibra entre las fibras, sólo
moléculas de esto, moléculas de aquello.
Entre nosotros no hubo relación tipificada.
En nuestro amor no hubo contratos ni permisos,
no hubo lo dicho o lo desdicho,
no hubo los años que pasamos.
Sólo hubo besos; pero esos besos, ¡guau!,
hicieron temblar el mundo.
miércoles, 7 de enero de 2015
El Ser
La ficción es
el único lugar fiable,
el único terreno firme
bajo nuestros pies.
El resto de lo que puede ser
explicado con palabras
sólo finge
ser verdadero.
el único lugar fiable,
el único terreno firme
bajo nuestros pies.
El resto de lo que puede ser
explicado con palabras
sólo finge
ser verdadero.
martes, 6 de enero de 2015
Villancico mordido
Se ha hecho croqueta la luna
que no está la noche para otra cosa.
Quisiera verla en un charco
como reflejo de huella;
pero no llueve ni pisa
el humano suficiente.
Te dibujo con los dientes
que no está la noche.
Te soñaba entre mis dedos,
pasados que están de moda,
pero la teclean letras
de mil idiomas ingratos.
Te paseo por un rato
que no está.
Te espero con mi grafiti
entre venas y rodillas
pero cantan con sartenes
de artrosis inoportunas.
Pongo de cena la luna
que no.
Como si este frío y estas sombras
bajaran desde el espacio preñado
de soledad. En este planeta de humor
azul o cálido.
que no está la noche para otra cosa.
Quisiera verla en un charco
como reflejo de huella;
pero no llueve ni pisa
el humano suficiente.
Te dibujo con los dientes
que no está la noche.
Te soñaba entre mis dedos,
pasados que están de moda,
pero la teclean letras
de mil idiomas ingratos.
Te paseo por un rato
que no está.
Te espero con mi grafiti
entre venas y rodillas
pero cantan con sartenes
de artrosis inoportunas.
Pongo de cena la luna
que no.
Como si este frío y estas sombras
bajaran desde el espacio preñado
de soledad. En este planeta de humor
azul o cálido.
lunes, 5 de enero de 2015
Partida
¿Por qué silba usted, señor?
Estoy alegre, sin duda.
Se equivoca usted, señor:
eso es síntoma de fiebre.
No puede ser, no lo creo.
Es la fiebre del león.
¡Pero qué dice, está loco!
No, pero no digo más.
Se marchó; pero, indignado,
siguió protestando a solas.
Un taimado que lo vio
quiso aclararle la cosa.
Se le dice del león
porque en sueños se aparece
la figura de un felino
indicando curación.
Dicho esto se marchó,
bien contento y satisfecho;
pero cuatro que escuchaban
le señalaron el riesgo.
Mal consejo dio el traidor:
ahora el león sobre aviso
jamás se dejará ver.
Es necesario que entremos
los cuatro en sus propios sueños
para capturarlo a usted,
señor, pero con cuidado.
Divertimos, distraemos
de su mente la memoria
del aviso del traidor.
Si usted soñando lo olvida,
seguro lo hará el león.
Estoy alegre, sin duda.
Se equivoca usted, señor:
eso es síntoma de fiebre.
No puede ser, no lo creo.
Es la fiebre del león.
¡Pero qué dice, está loco!
No, pero no digo más.
Se marchó; pero, indignado,
siguió protestando a solas.
Un taimado que lo vio
quiso aclararle la cosa.
Se le dice del león
porque en sueños se aparece
la figura de un felino
indicando curación.
Dicho esto se marchó,
bien contento y satisfecho;
pero cuatro que escuchaban
le señalaron el riesgo.
Mal consejo dio el traidor:
ahora el león sobre aviso
jamás se dejará ver.
Es necesario que entremos
los cuatro en sus propios sueños
para capturarlo a usted,
señor, pero con cuidado.
Divertimos, distraemos
de su mente la memoria
del aviso del traidor.
Si usted soñando lo olvida,
seguro lo hará el león.
domingo, 4 de enero de 2015
Libidinoso
Tienes tendido el tono de tus notas
clavadas en un clítoris de culpa.
Debes dudar de dónde me divides,
si me sabes besar, si me rebasas.
Pides permiso siempre por posibles
maltratos con intrusos extravíos.
Saldas la soledad de la salida
cruzando el cruel cristal de la crudeza.
clavadas en un clítoris de culpa.
Debes dudar de dónde me divides,
si me sabes besar, si me rebasas.
Pides permiso siempre por posibles
maltratos con intrusos extravíos.
Saldas la soledad de la salida
cruzando el cruel cristal de la crudeza.
sábado, 3 de enero de 2015
Máquina que fabrica sujetos
Has usurpado la piel de mi delirio
con la eficacia de un conquistador
que despliega entre ciudades el monstruo
de su estrategia.
Has aprovechado la máscara de otro
para hacerme ser tú, que eres nadie.
Has aprovechado el discurso de otro
para hacerme ser tú, que eres nadie.
Siembras en mí sentimientos que sé
ilusorios y aún así se derraman en mi boca
como fruta en verano, tu olor y mi embriaguez.
Quien ha conocido a un sujeto
camina por un valle de tinieblas y sonríe.
Quien ha conocido a dos sujetos
camina por un valle de tinieblas y sonríe.
con la eficacia de un conquistador
que despliega entre ciudades el monstruo
de su estrategia.
Has aprovechado la máscara de otro
para hacerme ser tú, que eres nadie.
Has aprovechado el discurso de otro
para hacerme ser tú, que eres nadie.
Siembras en mí sentimientos que sé
ilusorios y aún así se derraman en mi boca
como fruta en verano, tu olor y mi embriaguez.
Quien ha conocido a un sujeto
camina por un valle de tinieblas y sonríe.
Quien ha conocido a dos sujetos
camina por un valle de tinieblas y sonríe.
viernes, 2 de enero de 2015
Ironía trascendental
Ordenas pacientemente tus ganas
de zambullirte en el frío de levantarse.
Cruzas la provincia a velocidad prohibida
al abrigo de una banda sonora antigua.
Mantienes durante todo el día en una ciudad
extraña una conversación con un viejo amigo.
Escribes con ridículo esfuerzo una infusión
del día transcurrido, atrapado, soltado.
Te tratas a ti mismo como a ese extraño,
ese amigo, esa música, esa ciudad.
Y ahora queda en manos de no sé qué
sueños, no sé qué lectores.
de zambullirte en el frío de levantarse.
Cruzas la provincia a velocidad prohibida
al abrigo de una banda sonora antigua.
Mantienes durante todo el día en una ciudad
extraña una conversación con un viejo amigo.
Escribes con ridículo esfuerzo una infusión
del día transcurrido, atrapado, soltado.
Te tratas a ti mismo como a ese extraño,
ese amigo, esa música, esa ciudad.
Y ahora queda en manos de no sé qué
sueños, no sé qué lectores.
jueves, 1 de enero de 2015
Inmensas columnas
La mayoría, según se ha comprobado
estadísticamente, se arrastra
tan lejos de la incertidumbre que
apenas soporta estudiar lo más mínimo.
estadísticamente, se arrastra
tan lejos de la incertidumbre que
apenas soporta estudiar lo más mínimo.
miércoles, 31 de diciembre de 2014
Célula o celdas que hacen de mí.
Pero qué está pasando.
En decenas finos chorros de agua
chocan contra mi piel y estallan.
Estallan unos contra otros.
Me rodea un tropel de agua y vapor
que cae en muchas muchas direcciones.
Abro la mampara. Me rodea el vapor
y el espejo que está en la posición de siempre,
de siempre. Los azulejos abrazan la humedad que se condensa
por cuatro, más suelo y techo, seis
lados de infancia y de bruma.
Salgo hasta mi cuarto donde recojo las piezas
claves con las que quiero escapar de mi desnudez.
Me voy desprendiendo de ella, buceo, hasta que me peino. Llaves.
El piso entero se apaga. Esa oscuridad no seré yo.
Ahora me rodea la ciudad que se mueve para abandonar
el año, aunque esta noche no terminará nunca.
Cruzo las calles; pero vaya donde vaya
las fachadas me rodean. Algo se oye.
Estoy rodeado de conversaciones que caen
en no sé qué risas. Sé, así lo he estudiado,
que no faltará la música y el placer, desde cuándo queda constancia
de que esto empezara. No se cansarán
nunca mis sentidos.
No sé cómo intento salir de los brazos de esta mujer.
Es mi mujer. La quiero más de lo que mis manos
intentan expresar. Miento. No intentaba salir
de sus brazos, sino de su amor, no, de su memoria.
Miento. No intentaba. No sé. Salgo y vuelvo.
Este sudor no acabará nunca.
Este semen, este alcohol.
Este calor no acabará nunca.
Sus besos me rodean como si fuera
nunca. Cada vez más viejo. Cada vez más amado.
Esta historia me rodea, tan pequeña como es.
El cansancio es un espía que abre las puertas a los sueños.
Entran sigilosos pero irónicos. Harán otro lugar.
Tejen. Bailan. Matan. Riegan. Bañan.
Allí todo es abierto, todo es conocido.
Excepto lo que me toque
en suerte recordar.
En decenas finos chorros de agua
chocan contra mi piel y estallan.
Estallan unos contra otros.
Me rodea un tropel de agua y vapor
que cae en muchas muchas direcciones.
Abro la mampara. Me rodea el vapor
y el espejo que está en la posición de siempre,
de siempre. Los azulejos abrazan la humedad que se condensa
por cuatro, más suelo y techo, seis
lados de infancia y de bruma.
Salgo hasta mi cuarto donde recojo las piezas
claves con las que quiero escapar de mi desnudez.
Me voy desprendiendo de ella, buceo, hasta que me peino. Llaves.
El piso entero se apaga. Esa oscuridad no seré yo.
Ahora me rodea la ciudad que se mueve para abandonar
el año, aunque esta noche no terminará nunca.
Cruzo las calles; pero vaya donde vaya
las fachadas me rodean. Algo se oye.
Estoy rodeado de conversaciones que caen
en no sé qué risas. Sé, así lo he estudiado,
que no faltará la música y el placer, desde cuándo queda constancia
de que esto empezara. No se cansarán
nunca mis sentidos.
No sé cómo intento salir de los brazos de esta mujer.
Es mi mujer. La quiero más de lo que mis manos
intentan expresar. Miento. No intentaba salir
de sus brazos, sino de su amor, no, de su memoria.
Miento. No intentaba. No sé. Salgo y vuelvo.
Este sudor no acabará nunca.
Este semen, este alcohol.
Este calor no acabará nunca.
Sus besos me rodean como si fuera
nunca. Cada vez más viejo. Cada vez más amado.
Esta historia me rodea, tan pequeña como es.
El cansancio es un espía que abre las puertas a los sueños.
Entran sigilosos pero irónicos. Harán otro lugar.
Tejen. Bailan. Matan. Riegan. Bañan.
Allí todo es abierto, todo es conocido.
Excepto lo que me toque
en suerte recordar.
martes, 30 de diciembre de 2014
Escalera con pisadas de gato
El tiempo, con su mirada de gato
nos ve como personas buscando.
Rehúye porque no comprende nada más.
Afanado buscando doy un paso.
Él se mueve vigilante y pega un salto
a la cortina, la persiana, la ventana.
Está tenso porque nos ve sufrientes,
pero no sabe lo que buscamos.
A la calle, al árbol, a la casa.
Yo no sé si sé lo que busco.
Creo y en mi creer ignoro al gato.
Al anaquel, al libro, a la página.
nos ve como personas buscando.
Rehúye porque no comprende nada más.
Afanado buscando doy un paso.
Él se mueve vigilante y pega un salto
a la cortina, la persiana, la ventana.
Está tenso porque nos ve sufrientes,
pero no sabe lo que buscamos.
A la calle, al árbol, a la casa.
Yo no sé si sé lo que busco.
Creo y en mi creer ignoro al gato.
Al anaquel, al libro, a la página.
lunes, 29 de diciembre de 2014
Risa y punto
Estamos hechos de muchos mundos
y en ninguno de ellos
vivimos.
Conocí una vez un mundo
en el que te conocía etc
y en el que vivía (cerca o lejos
cuánto relevante) contigo.
¿Vivo acaso en ese mundo que conocí un día?
¿Vivo acaso en el mundo de la burla cuya mirada
estoy a punto de inventarme?
y en ninguno de ellos
vivimos.
Conocí una vez un mundo
en el que te conocía etc
y en el que vivía (cerca o lejos
cuánto relevante) contigo.
¿Vivo acaso en ese mundo que conocí un día?
¿Vivo acaso en el mundo de la burla cuya mirada
estoy a punto de inventarme?
domingo, 28 de diciembre de 2014
Nada se repite
Ciego futuro fruto de invención
nos fue imposible.
Como llegada desde lejos,
como llegada de otras veces
la lluvia hasta este ahora
que es sin duda su casa,
su habitación, su cama.
Aquí ablando las calles todavía
rodeado de objetos ya tasados.
Has sorprendido al tiempo mientras lee
tu presencia y su impúdico mandato.
nos fue imposible.
Como llegada desde lejos,
como llegada de otras veces
la lluvia hasta este ahora
que es sin duda su casa,
su habitación, su cama.
Aquí ablando las calles todavía
rodeado de objetos ya tasados.
Has sorprendido al tiempo mientras lee
tu presencia y su impúdico mandato.
sábado, 27 de diciembre de 2014
Debes saber
Tienes tango sin trampa en la ternura,
nata nutrida en la metanatura
de la noción no tienes.
Debes besar basándote en los vasos
sacados de los sacos de los casos
de ese latín que debes.
Quieres creer que quien conoce cada
rincón con roca casi acariciada
firma en el fin que quieres.
Vuelves porque volvió su vista al suelo.
Cuando volvió dejó cantado el vuelo.
Lo que dejó, revuelves.
nata nutrida en la metanatura
de la noción no tienes.
Debes besar basándote en los vasos
sacados de los sacos de los casos
de ese latín que debes.
Quieres creer que quien conoce cada
rincón con roca casi acariciada
firma en el fin que quieres.
Vuelves porque volvió su vista al suelo.
Cuando volvió dejó cantado el vuelo.
Lo que dejó, revuelves.
viernes, 26 de diciembre de 2014
El sello de la dicción
Esto viene cocido por el fuego del decir y la caldera de la escucha. Una fuerte reticencia tira de mí en cada enunciado, como si de unas bridas se tratara. Y es por la más o menos reciente convicción de que enunciar asienta un matiz en un trono, mientras los otros huyen exiliados y dejan de actuar. Quien no tiene esto en cuenta mantiene una relación tal vez peligrosa con lo que escucha decirse a sí mismo y el decir de otros. Acaso esta prudencia sea una exageración.
La intuición de ese lugar es un delirio.
Porque una cosa es suponer que detrás de su enunciación hay un lugar, otra cosa muy distinta es sentir que a través de la enunciación uno siente ese lugar, el lugar preciso. Como ese lugar es previo o está fuera de la enunciación, no es verbalizable. Al explicarlo se desvanece como un sueño. Si lo explicara se convertiría en un delirio contundente. No explicarlo alienta la depredación de la fantasía. No tenerlo en cuenta es imposible.
Porque una cosa es suponer que detrás de su enunciación hay un lugar, otra cosa muy distinta es sentir que a través de la enunciación uno siente ese lugar, el lugar preciso. Como ese lugar es previo o está fuera de la enunciación, no es verbalizable. Al explicarlo se desvanece como un sueño. Si lo explicara se convertiría en un delirio contundente. No explicarlo alienta la depredación de la fantasía. No tenerlo en cuenta es imposible.
jueves, 25 de diciembre de 2014
Opuestos
El cansancio y el deseo no tienen objeto;
pero ambos harán que tu ánimo se pose
sobre un lugar que confundirás con tu origen
o tu destino.
pero ambos harán que tu ánimo se pose
sobre un lugar que confundirás con tu origen
o tu destino.
miércoles, 24 de diciembre de 2014
La grieta en el cristal es la puerta de su casa
Nadie
se siente
atrapado por su espejo.
Tiene opinión secreta
sobre su propia estrategia.
El diseño está tomado
por aquellos que aún
no considera sus amigos.
Vinieron con el fruto
de su arriesgado robo.
Nadie ni siquiera sabía
que se lo estaba agradeciendo.
se siente
atrapado por su espejo.
Tiene opinión secreta
sobre su propia estrategia.
El diseño está tomado
por aquellos que aún
no considera sus amigos.
Vinieron con el fruto
de su arriesgado robo.
Nadie ni siquiera sabía
que se lo estaba agradeciendo.
martes, 23 de diciembre de 2014
Él o yo.
Vengo mareado porque la música
ha jugado conmigo
y yo creía que te amaba.
Llego zarandeado porque el trabajo
ha sido fiel conmigo
y yo creía que te amaba.
Quedo escarmentado porque el placer
ha caligrafiado conmigo
el dictado de su obsesión
transparente, sincera, cruel,
y yo creía que te amaba.
ha jugado conmigo
y yo creía que te amaba.
Llego zarandeado porque el trabajo
ha sido fiel conmigo
y yo creía que te amaba.
Quedo escarmentado porque el placer
ha caligrafiado conmigo
el dictado de su obsesión
transparente, sincera, cruel,
y yo creía que te amaba.
lunes, 22 de diciembre de 2014
Tus labios o tus dedos volaban
Ahora que te hablo desde el exceso
imagíname embriagado por el estupor y la sorpresa
que era el descubrirnos mutuamente.
Imagíname intentando comprender, mientras
conducía por la autovía, ya sabes, tu posición.
Imagina la punzada frustrada en la alegría
cuando te imaginaba allí presente.
Imagina mientras nadaba jadeando ocupando
de nuevo mis pensamientos, no haberte olvidado.
Imagina el dolor de muelas o el tirón de huesos
del necesito decir o reanotar la escucha.
Tú que admites haber sido en ese instante
el peso o las palabras en mi cuerpo.
imagíname embriagado por el estupor y la sorpresa
que era el descubrirnos mutuamente.
Imagíname intentando comprender, mientras
conducía por la autovía, ya sabes, tu posición.
Imagina la punzada frustrada en la alegría
cuando te imaginaba allí presente.
Imagina mientras nadaba jadeando ocupando
de nuevo mis pensamientos, no haberte olvidado.
Imagina el dolor de muelas o el tirón de huesos
del necesito decir o reanotar la escucha.
Tú que admites haber sido en ese instante
el peso o las palabras en mi cuerpo.
domingo, 21 de diciembre de 2014
Meditabundo
Parece el corazón una coraza.
Va regresando sangre a su pasado
y cazos de caricias a la cara.
Tramas raspas de paz mientras respiro.
Cueces trozos de boca atragantados
y un estribillo torpe que permito.
Repaso esta razón y de repente:
¡se va a quemar, se quema, está quemado!
Ponme un mantel de amor, de ti, de siempre.
Va regresando sangre a su pasado
y cazos de caricias a la cara.
Tramas raspas de paz mientras respiro.
Cueces trozos de boca atragantados
y un estribillo torpe que permito.
Repaso esta razón y de repente:
¡se va a quemar, se quema, está quemado!
Ponme un mantel de amor, de ti, de siempre.
sábado, 20 de diciembre de 2014
Ignorantes
Uno reflexiona con su yo confiando
en que su reflexión haga desaparecer
las asperezas (eufemismo) de su condición.
Un niño curado por el conocimiento adulto.
Y no la memoria que destroza
a mí personalmente aunque yo
no debiera ponerme como ejemplo de nada.
La belleza que destroza, a mí personalmente.
La herida y la felicidad que me reconcilian contigo.
en que su reflexión haga desaparecer
las asperezas (eufemismo) de su condición.
Un niño curado por el conocimiento adulto.
Y no la memoria que destroza
a mí personalmente aunque yo
no debiera ponerme como ejemplo de nada.
La belleza que destroza, a mí personalmente.
La herida y la felicidad que me reconcilian contigo.
viernes, 19 de diciembre de 2014
Para nadie más
En esta habitación blanca
nos hemos estado inventando.
Inténtalo otra vez, tal vez resulte.
Hemos extendido nuestra conversación
en esta habitación larga
que sigue llegando justo hasta aquí.
Cuanto quedó por decir,
cuanto quedó por contar,
en esta habitación pasa.
Quien se asome verá la humedad
abriéndose camino, como es normal
en ella.
nos hemos estado inventando.
Inténtalo otra vez, tal vez resulte.
Hemos extendido nuestra conversación
en esta habitación larga
que sigue llegando justo hasta aquí.
Cuanto quedó por decir,
cuanto quedó por contar,
en esta habitación pasa.
Quien se asome verá la humedad
abriéndose camino, como es normal
en ella.
jueves, 18 de diciembre de 2014
Rastreo de tus huellas
Se dice del reguero de esperanza,
del arroyo tenaz
que se aleja de los hombres enfermos
y sus sombras, que quiere dar por cierto
el espacio y la piel,
tu palabra y su sombra.
Se dice de la espada del momento,
de la tundra callada.
del arroyo tenaz
que se aleja de los hombres enfermos
y sus sombras, que quiere dar por cierto
el espacio y la piel,
tu palabra y su sombra.
Se dice de la espada del momento,
de la tundra callada.
miércoles, 17 de diciembre de 2014
Otro día
Llego a casa después
de la tertulia pública.
Preñados los oídos,
ignorantes las bocas.
Hemos puesto los odios
en su sitio. Copiamos
llantos, plagiamos risas.
Hablar sólo contigo;
pero se interponía
el gesto social siempre.
Llego a casa después
y ahora cuando escribo
espero la mordida
de la cama de invierno.
Y tu cuerpo apretado
escapando del frío.
de la tertulia pública.
Preñados los oídos,
ignorantes las bocas.
Hemos puesto los odios
en su sitio. Copiamos
llantos, plagiamos risas.
Hablar sólo contigo;
pero se interponía
el gesto social siempre.
Llego a casa después
y ahora cuando escribo
espero la mordida
de la cama de invierno.
Y tu cuerpo apretado
escapando del frío.
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