Te vas y sé que nada
enturbiará tu pecho.
El aire y sus caricias
te sonríen el futuro
en tus envidiadas manos.
Cuando gobiernes el mundo
y en tu corazón nada
sea roce o amenaza,
si en algo aprecias
el signo del momento,
¡recuérdame, recuérdame;
pero, ah, olvida mi destino!
viernes, 20 de marzo de 2015
jueves, 19 de marzo de 2015
Los hijos rebeldes
La sangre es un hijo rebelde,
todo su deseo fuera escapar.
Se asoma al balcón de los pulmones,
coquetea con el galán malvado del frío.
Se disfrazó de rencor y de tesoros,
se disfrazó de hierro y fuego y sangre.
Su calor se alimenta de otros.
Su calor se asoma a los ojos,
llena de vergüenza las mejillas,
sangra en el momento menos pensado.
Siempre está jugando por la casa,
pero no consentirá volver
a su hora.
todo su deseo fuera escapar.
Se asoma al balcón de los pulmones,
coquetea con el galán malvado del frío.
Se disfrazó de rencor y de tesoros,
se disfrazó de hierro y fuego y sangre.
Su calor se alimenta de otros.
Su calor se asoma a los ojos,
llena de vergüenza las mejillas,
sangra en el momento menos pensado.
Siempre está jugando por la casa,
pero no consentirá volver
a su hora.
miércoles, 18 de marzo de 2015
Gramática inevitable
Hay en la sombra un espejo inevitable.
En su inverosímil boceto parece que arde
si imaginamos crepitar proteo todas
sus formas posibles. Inevitable
flota como una nube oscura
navegando por el suelo y el contorno
de los objetos. Se funde con los objetos
en sus propias sombras. Antes
de tocarte te toco tentando en tu sombra.
No deja de arrastrarse por el suelo y sin embargo
no deja huella, no ara, no escribe.
En su inverosímil boceto parece que arde
si imaginamos crepitar proteo todas
sus formas posibles. Inevitable
flota como una nube oscura
navegando por el suelo y el contorno
de los objetos. Se funde con los objetos
en sus propias sombras. Antes
de tocarte te toco tentando en tu sombra.
No deja de arrastrarse por el suelo y sin embargo
no deja huella, no ara, no escribe.
lunes, 16 de marzo de 2015
El sonido es suficiente
Basta el roce impreciso
del quitarte la ropa.
Basta su ronco deslizar.
Su rumor y su sonido.
Clae la blusa en la sábana.
Cae una media de lana.
El ruido de su descanso
pide mi amor, me reclama.
Un hombro. Tu boca.
La carne que rascan
tus dedos que hablan,
la sangre, las sombras.
Mientras las cosas se callan.
del quitarte la ropa.
Basta su ronco deslizar.
Su rumor y su sonido.
Clae la blusa en la sábana.
Cae una media de lana.
El ruido de su descanso
pide mi amor, me reclama.
Un hombro. Tu boca.
La carne que rascan
tus dedos que hablan,
la sangre, las sombras.
Mientras las cosas se callan.
viernes, 13 de marzo de 2015
Congoja
Ibas a ser tú la clepsidra de mis días.
Tú que te derramas en piel de árbol.
Antes de la tarde tus caricias ya
han evaporado. Un vaso de agua
basta para el frío
en la garganta, donde habitan
sueños y demonios.
Tú que te derramas en piel de árbol.
Antes de la tarde tus caricias ya
han evaporado. Un vaso de agua
basta para el frío
en la garganta, donde habitan
sueños y demonios.
jueves, 12 de marzo de 2015
Idea demagógica de libertad
El pene de mi casa etc, etc,
cuando llueve envejece
como los demás.
Admita ridículo sabiamente prestigiado
su peregrina nostalgia,
sus veras de imposible pajarito
hecho de efímero vuelo,
parco de estilo.
cuando llueve envejece
como los demás.
Admita ridículo sabiamente prestigiado
su peregrina nostalgia,
sus veras de imposible pajarito
hecho de efímero vuelo,
parco de estilo.
miércoles, 11 de marzo de 2015
Arte efímero
El cuerpo es inventado y su patente
está cosida al tiempo por un lado,
por otro a todo intento deformado
por la pasión, que huye de repente.
Arde su firma, fluye entre la gente
derecho a este finísimo bocado
de ira y al racimo enamorado
que sin tu corazón apenas siente.
Tanto me lo creí, tu cuerpo, el mío;
tanto lo perseguí, con tanta huída
lo amé, que en sus entrañas recocino
la ley sin ti, con hambre y con hastío.
Me narras y me comes. Con su vida
escribes, letra o carne, mi destino.
está cosida al tiempo por un lado,
por otro a todo intento deformado
por la pasión, que huye de repente.
Arde su firma, fluye entre la gente
derecho a este finísimo bocado
de ira y al racimo enamorado
que sin tu corazón apenas siente.
Tanto me lo creí, tu cuerpo, el mío;
tanto lo perseguí, con tanta huída
lo amé, que en sus entrañas recocino
la ley sin ti, con hambre y con hastío.
Me narras y me comes. Con su vida
escribes, letra o carne, mi destino.
martes, 10 de marzo de 2015
Mujer que viaja
El brazo no está hecho de músculo;
sabes que está hecho de cosquillas.
Con el dorso del dedo vas dejando
en la piel una estela de espasmitos.
Quieres morderme, estás a punto;pero ahora
son mis manos las que están desviando tu atención.
sabes que está hecho de cosquillas.
Con el dorso del dedo vas dejando
en la piel una estela de espasmitos.
Quieres morderme, estás a punto;pero ahora
son mis manos las que están desviando tu atención.
lunes, 9 de marzo de 2015
Yo confieso
Yo le tenía miedo a las tijeras cortaúñas
en las casas ajenas.
Mi primo rechazó temeroso las pinzas cortaúñas
cuando vino a mi casa.
Éramos niños, nuestras manos
no eran hábiles ni fuertes; ¿temíamos
nuestra misma torpeza en nuestros padres?
Este pequeño gesto emancipado
de cortarme a mí mismo las uñas,
encogido,
con la edad de mi padre cuando cortaba
las mías. Con mis manos no-torpes, no-débiles.
Voy por el pasillo con medias lunas de uña
nevadas en un folio cualquiera.
Esta rutina que aún tiene residuo de pasado.
Antes de que acabe el día,
¿con qué voy a sembrar la tierra?
Antes de que acabe el mundo,
¿cuál será mi parte en el barco de los muertos?
en las casas ajenas.
Mi primo rechazó temeroso las pinzas cortaúñas
cuando vino a mi casa.
Éramos niños, nuestras manos
no eran hábiles ni fuertes; ¿temíamos
nuestra misma torpeza en nuestros padres?
Este pequeño gesto emancipado
de cortarme a mí mismo las uñas,
encogido,
con la edad de mi padre cuando cortaba
las mías. Con mis manos no-torpes, no-débiles.
Voy por el pasillo con medias lunas de uña
nevadas en un folio cualquiera.
Esta rutina que aún tiene residuo de pasado.
Antes de que acabe el día,
¿con qué voy a sembrar la tierra?
Antes de que acabe el mundo,
¿cuál será mi parte en el barco de los muertos?
sábado, 7 de marzo de 2015
Ironía sólo en el lenguaje
El cuerpo sucede una vez
y no vuelve a repetirse.
La urgencia del sexo sucede
una vez y no vuelve a repetirse.
La punzada
del hambre sucede una
vez y no vuelve
a repetirse. El agobio, el calor,
suceden, una vez, no vuelven
a repetirse. El cansancio, el ahogo,
una vez, suceden, no vuelven a repetirse.
La vergüenza y la herida,
el placer y el alivio
son igual que el recuerdo: sucede
una vez y no vuelve a repetirse.
Es así,
el picor, el sufrimiento, la enfermedad o
la muerte.
Sucede una vez y no vuelve a repetirse.
y no vuelve a repetirse.
La urgencia del sexo sucede
una vez y no vuelve a repetirse.
La punzada
del hambre sucede una
vez y no vuelve
a repetirse. El agobio, el calor,
suceden, una vez, no vuelven
a repetirse. El cansancio, el ahogo,
una vez, suceden, no vuelven a repetirse.
La vergüenza y la herida,
el placer y el alivio
son igual que el recuerdo: sucede
una vez y no vuelve a repetirse.
Es así,
el picor, el sufrimiento, la enfermedad o
la muerte.
Sucede una vez y no vuelve a repetirse.
viernes, 6 de marzo de 2015
Astragaloteosis
Quiero hablar del tobillo perfecto,
de un talón tallado en piel morena,
fino, brillante, grácil, delgado,
como el pomo de la Creación.
Quiero hablar, pero no diré más.
Yo subía por las escaleras.
Ella unos pocos peldaños antes.
Mostraba, entre el filo de su falda
y el débil de su sandalia abrazo
casi desnudo, un baile de pasos
que me pausaba en su ascenso hipnótico.
Por esa pantorrilla la ciencia
toda.
Por ese tendón articulado
toda
la cultura y los muros del arte.
Delenda memoria salvo el vuelo
de un escalón al otro, flotando,
de su tobillo perfecto quiero.
de un talón tallado en piel morena,
fino, brillante, grácil, delgado,
como el pomo de la Creación.
Quiero hablar, pero no diré más.
Yo subía por las escaleras.
Ella unos pocos peldaños antes.
Mostraba, entre el filo de su falda
y el débil de su sandalia abrazo
casi desnudo, un baile de pasos
que me pausaba en su ascenso hipnótico.
Por esa pantorrilla la ciencia
toda.
Por ese tendón articulado
toda
la cultura y los muros del arte.
Delenda memoria salvo el vuelo
de un escalón al otro, flotando,
de su tobillo perfecto quiero.
jueves, 5 de marzo de 2015
Rasgo de estilo
Estos nudillos se esconden escandalosamente.
Sus paisajísticas lomas ironizan cómo llevan
los años escurriendo el bulto. Simplemente:
jamás han ejercido su toque boxeador.
Aquí los tienes, rosados, que sí, que escriben,
que sí, que a veces acarician; pero vamos,
que se esconden como el yo modula su
violencia.
Sus paisajísticas lomas ironizan cómo llevan
los años escurriendo el bulto. Simplemente:
jamás han ejercido su toque boxeador.
Aquí los tienes, rosados, que sí, que escriben,
que sí, que a veces acarician; pero vamos,
que se esconden como el yo modula su
violencia.
miércoles, 4 de marzo de 2015
Labiduría
Solía tener allí los labios rotos.
Cuando no amanecía, todos sus recuerdos
peregrinaban hacia el lugar más exacto
en que su labio, sí, se pudría.
Sólo con que la noche, de tan corta,
hubiera sido tus brazos,
hubiera sido un vientre
tus labios y tus piernas,
o el húmedo placer de lo nombrable,
el hábito daría noticia del perdón.
Pero así de cruel solía ser la carne.
Cuando no amanecía, todos sus recuerdos
peregrinaban hacia el lugar más exacto
en que su labio, sí, se pudría.
Sólo con que la noche, de tan corta,
hubiera sido tus brazos,
hubiera sido un vientre
tus labios y tus piernas,
o el húmedo placer de lo nombrable,
el hábito daría noticia del perdón.
Pero así de cruel solía ser la carne.
martes, 3 de marzo de 2015
Parpadeo
Era noviembre
cada una de tus pestañas.
En la terraza
cada una de tus pestañas.
Desliz de frío
cada una de tus pestañas.
Desliz si vuelves
y el intervalo
será tu vida
o la mía.
cada una de tus pestañas.
En la terraza
cada una de tus pestañas.
Desliz de frío
cada una de tus pestañas.
Desliz si vuelves
y el intervalo
será tu vida
o la mía.
lunes, 2 de marzo de 2015
Detrás de la oreja
Siempre, escucha mis palabras
(aunque sé cuánto te gusta hacer oídos sordos).
He venido aquí para aclarar las dudas.
He venido pero estoy en otra parte
donde soy un trozo apenas de tus sospechas.
Porque cuando te deshaces de mí, esa historia
me suena ya tan conocida (la cantinela acostumbrada
de tus hermosas, hermosas sospechas).
Por eso estoy aquí, por ser el fruto de tu
desconfianza, la semilla de tu desconfianza.
Porque cuando llegué no había rastro
de pasos, de un lugar ni de mis piernas.
Porque yo, en cambio, siempre, te fui fiel.
Incluso cuando creo que no existes.
(aunque sé cuánto te gusta hacer oídos sordos).
He venido aquí para aclarar las dudas.
He venido pero estoy en otra parte
donde soy un trozo apenas de tus sospechas.
Porque cuando te deshaces de mí, esa historia
me suena ya tan conocida (la cantinela acostumbrada
de tus hermosas, hermosas sospechas).
Por eso estoy aquí, por ser el fruto de tu
desconfianza, la semilla de tu desconfianza.
Porque cuando llegué no había rastro
de pasos, de un lugar ni de mis piernas.
Porque yo, en cambio, siempre, te fui fiel.
Incluso cuando creo que no existes.
jueves, 26 de febrero de 2015
Cuerpo auténtico
Dime que esta ausencia eres tú.
Está colgada como un cuadro en mi mirada, su alcayata.
Son unos nudillos que no llaman a esta puerta siempre abierta.
Si lo que recorro es el contorno
de este vacío concreto, que sea
tuyo. Y el hueco de mis posiciones,
tuyo.
¡Desmiénteme!
Maldice mi obsesión y mis espasmos.
Si lo que falta en el mundo es tu silueta
y es esta silueta de mujer
no descubierta hasta ahora.
Está colgada como un cuadro en mi mirada, su alcayata.
Son unos nudillos que no llaman a esta puerta siempre abierta.
Si lo que recorro es el contorno
de este vacío concreto, que sea
tuyo. Y el hueco de mis posiciones,
tuyo.
¡Desmiénteme!
Maldice mi obsesión y mis espasmos.
Si lo que falta en el mundo es tu silueta
y es esta silueta de mujer
no descubierta hasta ahora.
miércoles, 25 de febrero de 2015
Cadena o escalera de celdas
Pone su mirada al caer la noche:
son las estrellas un techo de destinos.
Toda su civilización
ha ido poniendo en tierra otras
estrellas con tecnologías diferentes
para quedarse. Y este
es el capítulo primero.
Yo mismo, conduzco mi habitáculo
por estas carreteras dictadas.
No es una ilusión: muevo el volante
y el mundo se desplaza en consecuencia
y obedece las causas de mi movimiento.
Tanto que, si quiero, puedo discutir
contigo o soltar el volante y tocarte
en el hombro, en la rodilla, en el pecho.
Capítulo segundo.
Sean las paredes de su casa, su oficina,
su cuarto, que con tanto celo protege,
que con cuánto esmero decora con
caricias robadas al vecino desorden.
Paredes entre las que colocar estrellas, viajes
donde educar los gritos. Y este
es el capítulo tercero.
Incluso desnudo soy fiel.
Aquí, entre mi boca y mi cama,
recorro cuanto ha sido dicho,
escondo lo nunca escuchado,
relamo todos los secretos
en los que me verán entregarme
al olvido. Capítulo cuarto.
Quien calla escucha atentamente
la algarabía de su cuerpo
mil-localizado. Y piensa
que es libre porque sabe
que tiene
qué mear. Y ese
es el último capítulo.
son las estrellas un techo de destinos.
Toda su civilización
ha ido poniendo en tierra otras
estrellas con tecnologías diferentes
para quedarse. Y este
es el capítulo primero.
Yo mismo, conduzco mi habitáculo
por estas carreteras dictadas.
No es una ilusión: muevo el volante
y el mundo se desplaza en consecuencia
y obedece las causas de mi movimiento.
Tanto que, si quiero, puedo discutir
contigo o soltar el volante y tocarte
en el hombro, en la rodilla, en el pecho.
Capítulo segundo.
Sean las paredes de su casa, su oficina,
su cuarto, que con tanto celo protege,
que con cuánto esmero decora con
caricias robadas al vecino desorden.
Paredes entre las que colocar estrellas, viajes
donde educar los gritos. Y este
es el capítulo tercero.
Incluso desnudo soy fiel.
Aquí, entre mi boca y mi cama,
recorro cuanto ha sido dicho,
escondo lo nunca escuchado,
relamo todos los secretos
en los que me verán entregarme
al olvido. Capítulo cuarto.
Quien calla escucha atentamente
la algarabía de su cuerpo
mil-localizado. Y piensa
que es libre porque sabe
que tiene
qué mear. Y ese
es el último capítulo.
lunes, 23 de febrero de 2015
Venganza
Para que pueda ver mi ojo en el espejo
tengo que acercarme mucho, mucho;
y, como aún soy miope, la nitidez así
es extrema.
Llegados a este punto -mis ojos, mi visión
mi espejo y yo- me distraen
las visiones de mí mismo y todo el cuarto
reflejados por del cristalino la curvatura.
El ojo se vuelve un cuerpo extraño,
-un huevo (cósmico) apenas sanguinolento-,
habitado por un ser extraño, cuya mirada
es indescifrable.
Por supuesto, me resulta imposible mirar
más de un ojo a la vez así de cerca;
lo cual es, sin duda,
desesperante.
tengo que acercarme mucho, mucho;
y, como aún soy miope, la nitidez así
es extrema.
Llegados a este punto -mis ojos, mi visión
mi espejo y yo- me distraen
las visiones de mí mismo y todo el cuarto
reflejados por del cristalino la curvatura.
El ojo se vuelve un cuerpo extraño,
-un huevo (cósmico) apenas sanguinolento-,
habitado por un ser extraño, cuya mirada
es indescifrable.
Por supuesto, me resulta imposible mirar
más de un ojo a la vez así de cerca;
lo cual es, sin duda,
desesperante.
domingo, 22 de febrero de 2015
Contacto silencioso
Lengua que es tan apretádamente todo.
Sabías que iba a llegar, pero llegando
este roce de otra lengua, amiga, ¡Dios!,
lo sabido del mundo como persianas
cayó. De tus labios
saben que te añoro. Saliva a otredad
tan suavemente marcada de Otro
mi memoria.
Sabías que iba a llegar, pero llegando
este roce de otra lengua, amiga, ¡Dios!,
lo sabido del mundo como persianas
cayó. De tus labios
saben que te añoro. Saliva a otredad
tan suavemente marcada de Otro
mi memoria.
sábado, 21 de febrero de 2015
Estudio sencillamente
Miré mi codo llagado
y admiré cómo las palabras del maestro,
que siempre consideré figuradas,
no eran, entonces, exageración.
No hablo del arribismo político y su arte.
No hablo del rastrerismo militar y su arte.
No hablo de la altura del vino hacia los cielos.
No. Hablo del codo puesto a tábula rasa
de mi mesa (la mesa de tu cuerpo pienso ahora,
el tablero de juego de tu conversación,
la cama de esta noche cercana, amada mía)
en aquellos días prisioneros de la juventud.
Ahora, no conviene olvidar
que de codos heridos está hecho el reino.
y admiré cómo las palabras del maestro,
que siempre consideré figuradas,
no eran, entonces, exageración.
No hablo del arribismo político y su arte.
No hablo del rastrerismo militar y su arte.
No hablo de la altura del vino hacia los cielos.
No. Hablo del codo puesto a tábula rasa
de mi mesa (la mesa de tu cuerpo pienso ahora,
el tablero de juego de tu conversación,
la cama de esta noche cercana, amada mía)
en aquellos días prisioneros de la juventud.
Ahora, no conviene olvidar
que de codos heridos está hecho el reino.
viernes, 20 de febrero de 2015
Estudio de la nostalgia
Culo disciplinado, nalga obediente.
Sentado a la mañana, se vuelve fiel.
El cachete paterno
por no querer comer,
no sentarse a la mesa,
no jugar, no volver.
El canto ignominioso, su alta retórica.
O sentado en suelo, la fría hierba.
Por la charla de moda.
Por la mirada atenta.
En el amor de invierno
no juzgar, no volver.
Sentado en la distancia, se vuelve fiel.
Culo disciplinado, nalga obediente.
Sentado a la mañana, se vuelve fiel.
El cachete paterno
por no querer comer,
no sentarse a la mesa,
no jugar, no volver.
El canto ignominioso, su alta retórica.
O sentado en suelo, la fría hierba.
Por la charla de moda.
Por la mirada atenta.
En el amor de invierno
no juzgar, no volver.
Sentado en la distancia, se vuelve fiel.
Culo disciplinado, nalga obediente.
jueves, 19 de febrero de 2015
Otra función
Precisos en su afán los dedos
pinzan el herrete diminuto
en la cajita de la cremallera.
Hábiles llevan el cordón al lazo,
un pequeño tirón y, zas, ya está
apretado el otro zapato.
Y el inverosímil rigor con que los marciales dedos
dejan enganchado el botón
en su respectivo ojal.
Dedos que se distraen
en el enredo de tu mechón.
Dedos en el espasmo
que da origen al mundo.
pinzan el herrete diminuto
en la cajita de la cremallera.
Hábiles llevan el cordón al lazo,
un pequeño tirón y, zas, ya está
apretado el otro zapato.
Y el inverosímil rigor con que los marciales dedos
dejan enganchado el botón
en su respectivo ojal.
Dedos que se distraen
en el enredo de tu mechón.
Dedos en el espasmo
que da origen al mundo.
miércoles, 18 de febrero de 2015
Eran
Lo más sorprendente de los adultos eran sus venas.
De los ancianos, esas venas casi azules que sobresalían
en las manos tan dispuestas a regalarnos y la caricia
y la carantoña.
Ahora que caigo, jamás vi a un adulto sangrar.
Pertenezco a una generación cuyos adultos no sangraban.
O todo es torpeza de una memoria en ciernes.
Cómo es posible que se conserve la sorpresa en cada vena.
Nosotros, en cambio, estábamos siempre heridos.
Siempre prestos al dolor, siempre derramándosenos
la vida, solo que entonces no sabíamos
que era la vida la que se nos caía del vaso
-nuestro cuerpo era un vaso que no sabíamos tener sujeto-
ni que lo que nos dolía aún no era este indoloro dolor de la vida
que hoy nos sujeta. Lo más sorprendente
de los adultos eran sus venas. En nosotros
la sangre brotaba
como por arte
de magia.
De los ancianos, esas venas casi azules que sobresalían
en las manos tan dispuestas a regalarnos y la caricia
y la carantoña.
Ahora que caigo, jamás vi a un adulto sangrar.
Pertenezco a una generación cuyos adultos no sangraban.
O todo es torpeza de una memoria en ciernes.
Cómo es posible que se conserve la sorpresa en cada vena.
Nosotros, en cambio, estábamos siempre heridos.
Siempre prestos al dolor, siempre derramándosenos
la vida, solo que entonces no sabíamos
que era la vida la que se nos caía del vaso
-nuestro cuerpo era un vaso que no sabíamos tener sujeto-
ni que lo que nos dolía aún no era este indoloro dolor de la vida
que hoy nos sujeta. Lo más sorprendente
de los adultos eran sus venas. En nosotros
la sangre brotaba
como por arte
de magia.
martes, 17 de febrero de 2015
Quieren saber
Las manos no hacen inventario
porque están ciegas durante el día.
Saben sembrar amistad con el frío,
obsesionadas como están con lo útil, su vecindad.
Manos abstractas, con tres dedos rizados
y el índice de tecla en tecla. Si estuvieran
hechas de noche, las manos, hablarían
-parlotean, las manos, todos lo saben-
y tu cuerpo sería su lenguaje.
porque están ciegas durante el día.
Saben sembrar amistad con el frío,
obsesionadas como están con lo útil, su vecindad.
Manos abstractas, con tres dedos rizados
y el índice de tecla en tecla. Si estuvieran
hechas de noche, las manos, hablarían
-parlotean, las manos, todos lo saben-
y tu cuerpo sería su lenguaje.
lunes, 16 de febrero de 2015
Blusa de carnaval
Ha quedado su pecho a merced de la lluvia
y cada gota insiste su reguero de agua
buscando por el seno la caricia perfecta.
Una mujer desnuda caminos por la lluvia.
Si llegara ahora el viento valiente del verano.
y cada gota insiste su reguero de agua
buscando por el seno la caricia perfecta.
Una mujer desnuda caminos por la lluvia.
Si llegara ahora el viento valiente del verano.
domingo, 15 de febrero de 2015
Apagado programado
En esta selva de interruptores
te vine a buscar.
Con una sola tecla no necesito el sol.
Despertar o no despertar.
Obedecer o no obedecer.
Necesitarte ahora. Posponer.
Me he convertido en un gerente de permisos.
Sé de unos botoncitos que acallan los aullidos.
En este bosque de interruptores
he perdido mi sensibilidad
a los lobos.
te vine a buscar.
Con una sola tecla no necesito el sol.
Despertar o no despertar.
Obedecer o no obedecer.
Necesitarte ahora. Posponer.
Me he convertido en un gerente de permisos.
Sé de unos botoncitos que acallan los aullidos.
En este bosque de interruptores
he perdido mi sensibilidad
a los lobos.
sábado, 14 de febrero de 2015
Déjame pensar
Pocas cosas cambian tanto como el cuerpo.
Yo recuerdo
que una vez caí
de la bicicleta por un camino de tierra.
Iba rápido, bajábamos. Me derramé por el suelo derrapando.
Durante un mes tuve la pierna (ahora no sé cuál)
rayada de finos arañazos, con sus minúsculas costras
que eran como estelas de un bólido nocturno
talladas en mi piel con sangre.
Pero de todo eso ya no queda rastro.
Y así, podría seguir: con las uñas y sus manchas cortadas,
los lunares que salen, los pelos, que quieren quedarse,
el dolor de aquí, el calor de allá,
el hambre, el sueño, luego otra vez otra hambre, el sueño.
¡Ay, dolor, aquí! Ese calor, ese calor de allá.
Y así podría seguir. Las venas que se hinchan por una posición:
leía con el libro en el suelo y el cuerpo en la cama. Mis manos
enrojecían.
Los libros han cambiado. Ahora tengo otra bici (no sé cuál es ahora),
ni siquiera están los árboles bajo los que paseaba
y el Ayuntamiento ha hecho de las suyas en los caminos;
pero sigo llamando y llamando a este cuerpo el mío.
Cualquier cosa cambia tanto o más que el cuerpo.
Tanto como para extrañar el hogar
al que estás a punto de llegar:
tu cuerpo, su cuerpo y el mío.
Donde esas caricias parecen conocidas.
Ese remanso de novedad en tus palabras.
Yo recuerdo
que una vez caí
de la bicicleta por un camino de tierra.
Iba rápido, bajábamos. Me derramé por el suelo derrapando.
Durante un mes tuve la pierna (ahora no sé cuál)
rayada de finos arañazos, con sus minúsculas costras
que eran como estelas de un bólido nocturno
talladas en mi piel con sangre.
Pero de todo eso ya no queda rastro.
Y así, podría seguir: con las uñas y sus manchas cortadas,
los lunares que salen, los pelos, que quieren quedarse,
el dolor de aquí, el calor de allá,
el hambre, el sueño, luego otra vez otra hambre, el sueño.
¡Ay, dolor, aquí! Ese calor, ese calor de allá.
Y así podría seguir. Las venas que se hinchan por una posición:
leía con el libro en el suelo y el cuerpo en la cama. Mis manos
enrojecían.
Los libros han cambiado. Ahora tengo otra bici (no sé cuál es ahora),
ni siquiera están los árboles bajo los que paseaba
y el Ayuntamiento ha hecho de las suyas en los caminos;
pero sigo llamando y llamando a este cuerpo el mío.
Cualquier cosa cambia tanto o más que el cuerpo.
Tanto como para extrañar el hogar
al que estás a punto de llegar:
tu cuerpo, su cuerpo y el mío.
Donde esas caricias parecen conocidas.
Ese remanso de novedad en tus palabras.
viernes, 13 de febrero de 2015
Función inevitable
Estante de cristal, fondo de espejo.
Un jarrón de vanguardia en la cerámica,
que compraron mis padres tiempo ha,
sirve como florero a unas espigas
encañadas de trigo, rescatadas
en alguna escapada a la campiña.
Tantos años y el barro conserva su vanguardia.
El trigo sin edad permanece dorado,
detrás del gris del polvo del tapiz del recuerdo.
Lejos de las miradas, en el estante en sombra,
más alto que la lámpara, el extraño jarrón,
sobre el fino cristal, ante el fondo de espejo.
Un jarrón de vanguardia en la cerámica,
que compraron mis padres tiempo ha,
sirve como florero a unas espigas
encañadas de trigo, rescatadas
en alguna escapada a la campiña.
Tantos años y el barro conserva su vanguardia.
El trigo sin edad permanece dorado,
detrás del gris del polvo del tapiz del recuerdo.
Lejos de las miradas, en el estante en sombra,
más alto que la lámpara, el extraño jarrón,
sobre el fino cristal, ante el fondo de espejo.
jueves, 12 de febrero de 2015
Curvas sinuosas
Érase una mujer
aferrada a las barbas
de un hombre.
Sobre ellas dormía
como un pájaro duerme
en la lluvia una larga
caída.
Amaba sobre ellas
los cuerpos de otros hombres.
Con ellas se tapaba,
con ellas devoraba
cuerpos.
Apretaban sus manos
el hierro de sus sueños.
Reía.
Se deslizaba siempre,
enraizada de amor
y tiempo.
aferrada a las barbas
de un hombre.
Sobre ellas dormía
como un pájaro duerme
en la lluvia una larga
caída.
Amaba sobre ellas
los cuerpos de otros hombres.
Con ellas se tapaba,
con ellas devoraba
cuerpos.
Apretaban sus manos
el hierro de sus sueños.
Reía.
Se deslizaba siempre,
enraizada de amor
y tiempo.
miércoles, 11 de febrero de 2015
Entonces
El frío se hace de manos.
Despliego los dedos -no dan más de sí-
entre las piernas, justito en la ingle.
Nada de erotismo: demanda de frío.
Me sorprende que estén vivos.
Se romperán si los muevo.
La carne ha agotado pronto su reserva.
Dedos fríos, muslos que se hielan, ingle
que aún confía en la sangre.
No; soy yo, nada del tiempo,
quien la física imagina,
quien siente y teclea
ahora.
Despliego los dedos -no dan más de sí-
entre las piernas, justito en la ingle.
Nada de erotismo: demanda de frío.
Me sorprende que estén vivos.
Se romperán si los muevo.
La carne ha agotado pronto su reserva.
Dedos fríos, muslos que se hielan, ingle
que aún confía en la sangre.
No; soy yo, nada del tiempo,
quien la física imagina,
quien siente y teclea
ahora.
martes, 10 de febrero de 2015
Rodilla en alzo sobre el sofá
Es de memoria curva de frío.
Aviso sordo tenue dolor.
Amiga infancia casi futuro.
Lejos de tuyas piernas o mías.
Por ti sabré. Por ti castillos
de arena en playa, presas o torres,
y el agua intacta. Ropa o perdón
doblada o muerte. Tu desnudez
envés. Caída.
Aviso sordo tenue dolor.
Amiga infancia casi futuro.
Lejos de tuyas piernas o mías.
Por ti sabré. Por ti castillos
de arena en playa, presas o torres,
y el agua intacta. Ropa o perdón
doblada o muerte. Tu desnudez
envés. Caída.
lunes, 9 de febrero de 2015
Trayecto interurbano
Caminaba con esa musiquilla en los dedos.
Murmuraba en los labios sutiles sinfonías
tiritaba entre dientes tramados orquestales.
Ese cuerpo tendido que creemos callado.
Ese pensamiento que ha desaparecido
sin música, sin movimiento, sin calles
y sin gente.
Murmuraba en los labios sutiles sinfonías
tiritaba entre dientes tramados orquestales.
Ese cuerpo tendido que creemos callado.
Ese pensamiento que ha desaparecido
sin música, sin movimiento, sin calles
y sin gente.
domingo, 8 de febrero de 2015
Humus
Las mantas que dan re torcidas
guardando nuestro último interés.
Todos los libros tapizan y los papeles
que han sido llovidos y cubren.
Debajo de las mantas cuya fidelidad
paciente no nos importa destrozar.
Debajo de los papeles cuya insidia
irónica no nos importa y punto.
Es el perejil de nuestro cadáver.
La bechamel de nuestros apetitosos
cuerpos o días o datos o sueños.
guardando nuestro último interés.
Todos los libros tapizan y los papeles
que han sido llovidos y cubren.
Debajo de las mantas cuya fidelidad
paciente no nos importa destrozar.
Debajo de los papeles cuya insidia
irónica no nos importa y punto.
Es el perejil de nuestro cadáver.
La bechamel de nuestros apetitosos
cuerpos o días o datos o sueños.
sábado, 7 de febrero de 2015
Esperanza
Pulgarcito, dónde estás.
En la barriga del buey,
donde no llueve ni moja.
Y así esta rodriga panza
del todo meteorológica.
Donde los años se rumian.
Donde se viene gestando
mi perdición. Hueco orondo
donde redondo vacío
se imagina siendo odiando.
En la barriga del buey,
donde no llueve ni moja.
Y así esta rodriga panza
del todo meteorológica.
Donde los años se rumian.
Donde se viene gestando
mi perdición. Hueco orondo
donde redondo vacío
se imagina siendo odiando.
viernes, 6 de febrero de 2015
Historia de mi pelo
Comienza in media res: apenas siente
Mi pelo es de raíces conceptuales.
Es negro y orgulloso, duro y terco.
Lo digo porque acabo de soñar
-es un sueño de orgullo
y de anticipación:
¡la melena del padre
a las barbas del padre!-,
por qué las quiero tanto, canas.
Sobre la coronilla el goce, el gesto
de mi inseguridad y complacencia.
¿Ves que el cabello habla con secretos?
¿Ves que soy yo quien habla con secretos?
Pero su pelo era un absurdo ante mis ojos.
Pero su pelo era nobleza por el cuello
(nobleza entre mis dedos).
Barrer su pelo acumulado por el suelo.
-cabellos de mujer
arañan mi mirada
mientras su cuerpo encima
me besa y me rescata-
Mi pelo es de raíces conceptuales.
Es negro y orgulloso, duro y terco.
Lo digo porque acabo de soñar
-es un sueño de orgullo
y de anticipación:
¡la melena del padre
a las barbas del padre!-,
por qué las quiero tanto, canas.
Sobre la coronilla el goce, el gesto
de mi inseguridad y complacencia.
¿Ves que el cabello habla con secretos?
¿Ves que soy yo quien habla con secretos?
Pero su pelo era un absurdo ante mis ojos.
Pero su pelo era nobleza por el cuello
(nobleza entre mis dedos).
Barrer su pelo acumulado por el suelo.
-cabellos de mujer
arañan mi mirada
mientras su cuerpo encima
me besa y me rescata-
jueves, 5 de febrero de 2015
Protagonista accidental
Así que bajo
las escaleras hasta llegar a la zona lumbar.
Allí debe de haber un señor que se cree
yo o al menos
que tiene que ver algo conmigo.
Está, sin duda sentado, el señor
-así me lo imagino cuando me muevo
o se pone a saltar y refunfuññña cuando quiero
estar quieto- cómodamente.
las escaleras hasta llegar a la zona lumbar.
Allí debe de haber un señor que se cree
yo o al menos
que tiene que ver algo conmigo.
Está, sin duda sentado, el señor
-así me lo imagino cuando me muevo
o se pone a saltar y refunfuññña cuando quiero
estar quieto- cómodamente.
miércoles, 4 de febrero de 2015
Moras en el bosque
Sigue contando el rastro que persigue:
ni siquiera el camino ante el abismo
querrá frenar.
Perdido entre las frases que se miden
quiere avisar suiguiendo otro camino
donde arrastrar.
Me dan en medio del matiz que quieras
los restos, las camisas y las cuentas
sin caminar.
Y si has encontrado perdón
no fue perdido.
Si vienes pidiendo color
a un sueño herido.
ni siquiera el camino ante el abismo
querrá frenar.
Perdido entre las frases que se miden
quiere avisar suiguiendo otro camino
donde arrastrar.
Me dan en medio del matiz que quieras
los restos, las camisas y las cuentas
sin caminar.
Y si has encontrado perdón
no fue perdido.
Si vienes pidiendo color
a un sueño herido.
martes, 3 de febrero de 2015
El narcisismo se va con sólo tocar el agua
Dime, fluido no newtoniano,
qué leches pasa con el aire.
Susurra y susurra y no da
como el río mi fiel retrato.
Se me ocurrió tocar el líquido
de mi rostro y todo acabó.
Algo de aire o monstruo vi
en el toque mi rostro y todo.
Me levanto y acabo, suelto,
me derrumbo y vuelvo: dime
por qué apenas soy
el matiz y el efecto
que produje o produzco
en tanto tú, mi límite,
que me defines.
qué leches pasa con el aire.
Susurra y susurra y no da
como el río mi fiel retrato.
Se me ocurrió tocar el líquido
de mi rostro y todo acabó.
Algo de aire o monstruo vi
en el toque mi rostro y todo.
Me levanto y acabo, suelto,
me derrumbo y vuelvo: dime
por qué apenas soy
el matiz y el efecto
que produje o produzco
en tanto tú, mi límite,
que me defines.
domingo, 1 de febrero de 2015
Ladronzuela
Ya está la memoria
jugando a la indiferencia.
He pasado revista a los descuidos
y eso constantemente.
Se desliza sobre ti, lleva tu nombre,
y eso constantemente.
Si el tiempo de mi respiración fuera
soportable, otro con ojos de cuervo
te amaría de nuevo.
Lo aprendería una vez, constantemente.
Lo deslizaría de nuevo, constantemente.
Y tendría ahora ojos de cuervo con mi nombre.
Tendría ahora dedos de cuervo, nombre.
Veríamos volar su grito negro como el perdón
haciendo cielo en mi memoria sintigo y sin aliento.
jugando a la indiferencia.
He pasado revista a los descuidos
y eso constantemente.
Se desliza sobre ti, lleva tu nombre,
y eso constantemente.
Si el tiempo de mi respiración fuera
soportable, otro con ojos de cuervo
te amaría de nuevo.
Lo aprendería una vez, constantemente.
Lo deslizaría de nuevo, constantemente.
Y tendría ahora ojos de cuervo con mi nombre.
Tendría ahora dedos de cuervo, nombre.
Veríamos volar su grito negro como el perdón
haciendo cielo en mi memoria sintigo y sin aliento.
sábado, 31 de enero de 2015
Agnus Dei
Si ignoras lo que ignoras significa
etcétera y etcétera, y demás
que corra de tu cuenta.
Si indignas lo que indignas magnificas
cierto cetrero trozo de detrás
de
Si impugno lo que impugno planfica
y no lo quise así, sino verás:
fiel hasta ahora
y sin demora
dejo equipaje
listo señora
para el lenguaje.
etcétera y etcétera, y demás
que corra de tu cuenta.
Si indignas lo que indignas magnificas
cierto cetrero trozo de detrás
de
Si impugno lo que impugno planfica
y no lo quise así, sino verás:
fiel hasta ahora
y sin demora
dejo equipaje
listo señora
para el lenguaje.
jueves, 29 de enero de 2015
Paseo de regreso
Mira por dónde,
antes un cojo tú, tahúr
que escamoteas, tu sexo
y tu libertad, sin disimulo
de que no ignoras lo que por
desconocimiento eres hábil.
Te cojo por la cintura, como
un novio que dura un segundo,
como el segundo
y quedo
mudito de hambre al momento.
antes un cojo tú, tahúr
que escamoteas, tu sexo
y tu libertad, sin disimulo
de que no ignoras lo que por
desconocimiento eres hábil.
Te cojo por la cintura, como
un novio que dura un segundo,
como el segundo
y quedo
mudito de hambre al momento.
miércoles, 28 de enero de 2015
Monoteísmo
Noche negra,
huella inmensa,
larga lengua de ternera.
Cuero absurdo,
calle inversa,
urbe infecta de futuro.
Rumia el suelo de mi historia
vacuna del callejón,
mis podredumbres abonan
curtidores de descanso,
marca el tempo de mis moscas
pezuña de sed hendida,
lame mi fiebre y mi hora
oreja de vaca y cola.
Cabeza de vaca y beso
de vaca y bifé de vaca,
cielo de vaca estrellado,
pampa de vaca argentina
y en la costilla bovina
cuerno de copia divina,
corazón de enamorado.
Oh, Señora ojos de vaca,
vaca de todas las vacas,
muge mi oscuro alimento,
enyúgate mi testuz,
llena mi boca de luz
y de contento.
huella inmensa,
larga lengua de ternera.
Cuero absurdo,
calle inversa,
urbe infecta de futuro.
Rumia el suelo de mi historia
vacuna del callejón,
mis podredumbres abonan
curtidores de descanso,
marca el tempo de mis moscas
pezuña de sed hendida,
lame mi fiebre y mi hora
oreja de vaca y cola.
Cabeza de vaca y beso
de vaca y bifé de vaca,
cielo de vaca estrellado,
pampa de vaca argentina
y en la costilla bovina
cuerno de copia divina,
corazón de enamorado.
Oh, Señora ojos de vaca,
vaca de todas las vacas,
muge mi oscuro alimento,
enyúgate mi testuz,
llena mi boca de luz
y de contento.
martes, 27 de enero de 2015
Locus amoenus
Si interpretamos ese lugar ameno como el entorno natural, sin ninguna mota de artificialidad humana, habría que dejar fuera esa organización armónica de la arquitectura retórico-ideológica. Allí, la depredación del ácaro tendría su lugar. El apretado communio del estrato geológico o la bulliciosa degeneración citoplasmática serían ejemplos para el paradigma.
Si nos atenemos al influjo glorioso, pacífico, difícil, entonces, no decantarse por los entornos estrictamente humanos: conciertos, teterías, grandes estadios... Donde el individuo entrega su alteridad sin reparo y no le estorba callar al unísono de un pensar común.
Otra opción consiste en considerar el paisaje como reflejo de un ideal vivencial, personal, sentimental. Entramos en el terreno del fantasma, en su casa, en su habitación privada. Y nos será difícil discernir si tenemos esos sentimientos porque nos impregnamos de ese paisaje, o si pintamos ese paisaje porque tenemos esos sentimientos.
lunes, 26 de enero de 2015
Seguir los pasos
Sigue la tierra a un paso de la aurora.
Calza la tierra oscuros sus zapatos
y en dos zancadas tristes de mejora
quiere alcanzar los pájaros ingratos
que el hombre fue sembrando con sus tratos,
feas cocinas de alas sin demora.
Y el hombre sigue a un paso de la tierra.
El hombre gasta tanto con sus fuegos
que inevitable con su mente yerra
su fría alteridad, sus tristes egos,
con obligado acento que le aterra
cuando amanece el canto de la guerra,
feas cocinas de rencores ciegos.
Tú improvisas la ley, me tienes tuyo.
Tú improvisas cualquier significado.
Con esta rapidez
haces calle de mí
fiel de persona.
Calza la tierra oscuros sus zapatos
y en dos zancadas tristes de mejora
quiere alcanzar los pájaros ingratos
que el hombre fue sembrando con sus tratos,
feas cocinas de alas sin demora.
Y el hombre sigue a un paso de la tierra.
El hombre gasta tanto con sus fuegos
que inevitable con su mente yerra
su fría alteridad, sus tristes egos,
con obligado acento que le aterra
cuando amanece el canto de la guerra,
feas cocinas de rencores ciegos.
Tú improvisas la ley, me tienes tuyo.
Tú improvisas cualquier significado.
Con esta rapidez
haces calle de mí
fiel de persona.
domingo, 25 de enero de 2015
Luz que brota
Silbas un malentendido
para escaparte del miedo.
En la huida el ejercicio
ha hecho de un músculo espejo.
Se están cimentando sombras,
y en los derrumbes te espero.
Silbo entre las hojas rotas
de un caligráfico invierno.
para escaparte del miedo.
En la huida el ejercicio
ha hecho de un músculo espejo.
Se están cimentando sombras,
y en los derrumbes te espero.
Silbo entre las hojas rotas
de un caligráfico invierno.
sábado, 24 de enero de 2015
Hicimos esta ciudad
Hicimos esta ciudad con los ojos vendados.
Vas a venir calles y recuerdos.
Vas a venir siempre tan vestida.
Vas y sin la decisión correcta
a venir.
Has modelado mi cuerpo con los ojos vendados.
Otros opinan que es un tropiezo.
Otros tropiezan con él, se quejan.
Otros tientan y juzgan, tientan,
juzgan.
Tejías tu pensamiento con los ojos vendados.
Y era yo el día que atrapaste.
Y era el día el labio que mordiste.
Y eras tú el labio
y el hueco que dejaste.
(En esta oscuridad late celosa la noche.
Otra vez la noche se cansará mucho antes
que nosotros obsesionados, obsesionados de amor.
Y su cansancio será la luz del día)
Vas a venir calles y recuerdos.
Vas a venir siempre tan vestida.
Vas y sin la decisión correcta
a venir.
Has modelado mi cuerpo con los ojos vendados.
Otros opinan que es un tropiezo.
Otros tropiezan con él, se quejan.
Otros tientan y juzgan, tientan,
juzgan.
Tejías tu pensamiento con los ojos vendados.
Y era yo el día que atrapaste.
Y era el día el labio que mordiste.
Y eras tú el labio
y el hueco que dejaste.
(En esta oscuridad late celosa la noche.
Otra vez la noche se cansará mucho antes
que nosotros obsesionados, obsesionados de amor.
Y su cansancio será la luz del día)
viernes, 23 de enero de 2015
jueves, 22 de enero de 2015
Potencia ubicua
Un electrón extraño contrata contra cuatro
feroces fuerzas fuera de escafandras.
Luego, llegada la lluvia, degollarán las dagas llagas
sobre sobrados brezos saboreando brasas.
Nadie conoció nociones de una unidad
decente cediendo cedazos adocenados
sin otros siniestros sinos.
feroces fuerzas fuera de escafandras.
Luego, llegada la lluvia, degollarán las dagas llagas
sobre sobrados brezos saboreando brasas.
Nadie conoció nociones de una unidad
decente cediendo cedazos adocenados
sin otros siniestros sinos.
miércoles, 21 de enero de 2015
De narcisismo y exceso
Confía en lo que eres:
por más que reniegues o sospeches,
lo que eres implacable seguirá
siendo y actuando. Tú que eres
para mí un espíritu vigilante. Tú que eres
mi enunciado sancionador,
mi querido enunciado sancionador,
a quien escucho y recuerdo,
a qué ocupar otra celda de tu vieja posada
con suspicacias e intenciones,
goces o hábitos
de narcisismo y exceso.
por más que reniegues o sospeches,
lo que eres implacable seguirá
siendo y actuando. Tú que eres
para mí un espíritu vigilante. Tú que eres
mi enunciado sancionador,
mi querido enunciado sancionador,
a quien escucho y recuerdo,
a qué ocupar otra celda de tu vieja posada
con suspicacias e intenciones,
goces o hábitos
de narcisismo y exceso.
martes, 20 de enero de 2015
Pigmalión
El hombre se sienta roto ante su máquina. Quieto la contempla.
Con paciencia teje, sin saber funciona, y a veces la odia.
Respira y palpita: su respiración ocupa el paisaje,
de su pulso brotan y revolucionan los gritos, los pueblos.
Retoca al dictado de lo que acontece. Casi es un abrazo,
un gesto. Un instante tiembla entre sus dedos: sabe que su máquina
es un reflejo en un río.
Y pronto se apagará.
Con paciencia teje, sin saber funciona, y a veces la odia.
Respira y palpita: su respiración ocupa el paisaje,
de su pulso brotan y revolucionan los gritos, los pueblos.
Retoca al dictado de lo que acontece. Casi es un abrazo,
un gesto. Un instante tiembla entre sus dedos: sabe que su máquina
es un reflejo en un río.
Y pronto se apagará.
jueves, 15 de enero de 2015
AQUILES Y LA TORTUGA. XV de XV
Como aquel asunto pasó de moda, cada vez era más difícil encontrar restos fieles de aquellos pergaminos y sus escritos. Todas las ideas de Aquiles Winfield, sus vivencias y recuerdos estaban desperdigadas en fragmentos y notas.
Alguno se esforzó en aunar aquellas fuentes y componer un relato general. Al principio ese relato era grande y rico en detalles. Pero con el paso de las generaciones, los detalles se olvidaban, otros se inventaban, y el relato mermó a merced de desconfianzas y obsesiones. A la intemperie. Hoy por hoy, sólo es posible saber de él por pequeños y torpes resúmenes, en los que tal vez haya aún pequeños ápices del trampero auténtico.
Y esta es la historia de Aquiles, el indestructible.
Alguno se esforzó en aunar aquellas fuentes y componer un relato general. Al principio ese relato era grande y rico en detalles. Pero con el paso de las generaciones, los detalles se olvidaban, otros se inventaban, y el relato mermó a merced de desconfianzas y obsesiones. A la intemperie. Hoy por hoy, sólo es posible saber de él por pequeños y torpes resúmenes, en los que tal vez haya aún pequeños ápices del trampero auténtico.
Y esta es la historia de Aquiles, el indestructible.
AQUILES Y LA TORTUGA. XIV de XV
El refugio de Aquiles fue cobrando cierta fama. Muchos subían a la montaña simplemente por encontrarse con aquel apasionado conversador. En cierto modo, se convirtió en lugar de peregrinaje. Todos los que volvían, llegaban a la ciudad entusiasmados.
Hasta que un pequeño grupo, al llegar a la cabaña, encontró el cuerpo frío e inerte del viejo Aquiles. Decepcionados, conmocionados, se llevaron el cuerpo a la ciudad, donde recibió convencional sepultura.
Con todo, los escritos seguían en la cabaña. Ya nadie iba allí sólo buscando conversación; pero los que se refugiaban en ella encontraban alguna lectura con que entretenerse. Si hallaban interés, se llevaban el pergamino. Algunos, amantes del misterio, melancólicos, indagaban en los textos los vestigios de aquel conversador. Lo que encontraron fue a un pensador de diálogos que ellos creyeron poder rescatar a través de sus palabras.
Muchos fueron los empeños por recuperar la sabiduría del filósofo local. Polémicas enconadas delimitaban cuál era la correcta lectura de sus ideas y vivencias.
Hasta que un pequeño grupo, al llegar a la cabaña, encontró el cuerpo frío e inerte del viejo Aquiles. Decepcionados, conmocionados, se llevaron el cuerpo a la ciudad, donde recibió convencional sepultura.
Con todo, los escritos seguían en la cabaña. Ya nadie iba allí sólo buscando conversación; pero los que se refugiaban en ella encontraban alguna lectura con que entretenerse. Si hallaban interés, se llevaban el pergamino. Algunos, amantes del misterio, melancólicos, indagaban en los textos los vestigios de aquel conversador. Lo que encontraron fue a un pensador de diálogos que ellos creyeron poder rescatar a través de sus palabras.
Muchos fueron los empeños por recuperar la sabiduría del filósofo local. Polémicas enconadas delimitaban cuál era la correcta lectura de sus ideas y vivencias.
miércoles, 14 de enero de 2015
AQUILES Y LA TORTUGA. XIII de XV
En los largos meses que pasaba solo, añoraba aquellas conversaciones. Tanto que estaba tentado de bajar a la ciudad; pero pronto sabía qué pasaría: allí encontraría el lenguaje otra vez como ceguera y las pasiones desenfrenadas. Pero claro, la tentación se quedaba allí como un achaque más. Ahora, él mismo imaginando y rememorando las pasiones urbanas no era suficiente; así que aguardaba con paciencia. Recogía con pasión a los extraviados, con tanta desesperación como ellos encontraban el refugio.
En los largos meses que pasaba solo, se dedicó a hacer pergaminos con sus pieles. En ellos escribía conversaciones improvisadas. Imaginaba que hablaba con extraños y buscaba en esos escritos sus extrañas respuestas. Por supuesto, escribía sobre las conversaciones que recordaba. Aunque a veces tenía la sensación de inventar, sólo recolocaba fragmentos.
Cuando llegaban huéspedes, encontraban algunos de esos pergaminos por la cabaña. Ya no sólo encontraban la conversación en la voz de Aquiles, también en los escritos. Pero en esos escritos los huéspedes se reconocían a ellos mismos y les agradaba saber que pertenecerían a futuros escritos.
En los largos meses que pasaba solo, se dedicó a hacer pergaminos con sus pieles. En ellos escribía conversaciones improvisadas. Imaginaba que hablaba con extraños y buscaba en esos escritos sus extrañas respuestas. Por supuesto, escribía sobre las conversaciones que recordaba. Aunque a veces tenía la sensación de inventar, sólo recolocaba fragmentos.
Cuando llegaban huéspedes, encontraban algunos de esos pergaminos por la cabaña. Ya no sólo encontraban la conversación en la voz de Aquiles, también en los escritos. Pero en esos escritos los huéspedes se reconocían a ellos mismos y les agradaba saber que pertenecerían a futuros escritos.
AQUILES Y LA TORTUGA. XII de XV
Aquiles se construyó un refugio en las montañas, para vivir trampeando así sus propios pensamientos hasta que encontrara alguna solución. El refugio, no obstante, resultó muy útil a otros tramperos, montañistas y viajeros que se aventuraran con más riesgo de la cuenta por aquellos bosques espesos. Por tanto, no estuvo del todo solo, y de vez en cuando tenía conversaciones que duraban días enteros, mientras permanecían en el refugio, la mayoría de las veces con hombres de aburrido lenguaje.
Sin embargo, descubrió que, solos y desvalidos, aquellos hombres eran más flexibles y tolerantes a las palabras del otro. En cierto modo, le recordaban a sus antiguas amantes, que se enganchaban fascinadas por la pasión del encuentro. Esa pasión, en forma de gratitud, encontraba en la escucha de sus refugiados. Pronto, claro está, cuando volvían a sentirse seguros, derivaban a su cómoda conversación prefijada; pero, poco a poco, el frustrado Aquiles conseguía avivar el fuego de su pasión y sostener tertulias inolvidables. Es así que, con el goteo de aquellas conversaciones hospitalarias, Aquiles se fue reconciliando con la convulsa creatividad del lenguaje.
Sin embargo, descubrió que, solos y desvalidos, aquellos hombres eran más flexibles y tolerantes a las palabras del otro. En cierto modo, le recordaban a sus antiguas amantes, que se enganchaban fascinadas por la pasión del encuentro. Esa pasión, en forma de gratitud, encontraba en la escucha de sus refugiados. Pronto, claro está, cuando volvían a sentirse seguros, derivaban a su cómoda conversación prefijada; pero, poco a poco, el frustrado Aquiles conseguía avivar el fuego de su pasión y sostener tertulias inolvidables. Es así que, con el goteo de aquellas conversaciones hospitalarias, Aquiles se fue reconciliando con la convulsa creatividad del lenguaje.
martes, 13 de enero de 2015
AQUILES Y LA TORTUGA. XI de XV
Aquiles pasó todo lo que quedó hasta el invierno buscando el rastro de aquella tortuga. Por supuesto, no lo halló. Cada momento era una frustración auténtica: por un lado, confirmaba su nueva idea de que los pensamientos no se podían capturar, que nada se repetía al alcance del nuevo momento; por otro, sentía confirmada la absurda sensación de su esperanza, imperturbable. Toda distancia era indestructible; el movimiento de sus pasos, también indestructible.
La búsqueda se convirtió en un acto tenaz. Cuando cesaba la veía como una actividad de por sí ajena e impuesta por sí misma, como un vicio. Carecía de sentido; pero ahí estaba. Para alejarse de esa búsqueda pensaba en volver a la ciudad. Sabía no obstante que la búsqueda no desaparecería en su mente y, de alguna manera, seguiría buscando. Imaginaba además, los distintos encuentros en la ciudad generando sensaciones nuevas, irrepetibles, incapturables, indestructibles. De hecho, sólo su memoria y su imaginación ya lo llenaban de esas situaciones. Entonces se veía a sí mismo, imaginando, rehuyendo, como hacen los hombres con el lenguaje, obviando los encuentros con sus frases (imaginaciones) repetidas. Se aburría de sí mismo y se ponía a buscar la tortuga.
La búsqueda se convirtió en un acto tenaz. Cuando cesaba la veía como una actividad de por sí ajena e impuesta por sí misma, como un vicio. Carecía de sentido; pero ahí estaba. Para alejarse de esa búsqueda pensaba en volver a la ciudad. Sabía no obstante que la búsqueda no desaparecería en su mente y, de alguna manera, seguiría buscando. Imaginaba además, los distintos encuentros en la ciudad generando sensaciones nuevas, irrepetibles, incapturables, indestructibles. De hecho, sólo su memoria y su imaginación ya lo llenaban de esas situaciones. Entonces se veía a sí mismo, imaginando, rehuyendo, como hacen los hombres con el lenguaje, obviando los encuentros con sus frases (imaginaciones) repetidas. Se aburría de sí mismo y se ponía a buscar la tortuga.
AQUILES Y LA TORTUGA. X de XV
A partir de ahí, la tentación del suicidio no llegó a abandonarlo. La notaba ahí como un achaque más. Apenas tenía fuerza, pero ahí estaba. ¿Cómo es posible? Su pensamiento la veía siempre como algo absurdo, una fantasía errónea; pero la veía, ahí estaba. Pensó Aquiles entonces que no sólo él era indestructible: cualquier pensamiento era indestructible. Caprichoso y sin límites, igual que Dalila, cualquier ocurrencia se convertía en la dominatrix absoluta de toda la ciudad. La ciudad de su mente estaba poblada por miles de pensamientos ellos mismos indestructibles. Y cada pensamiento sobre ellos, a su vez, indestructible. Si quisiera acabar con ellos no podría, sólo crearía nuevos pensamientos de destrucción. Si quisiera protegerlos no podría, sólo crearía nuevos pensamientos de protección. Y así, junto a ellos más debilidades y más amenazas.
Si hubiera querido recuperar o capturar alguno de sus pensamientos, tampoco habría podido. Todo lo más, crear un nuevo pensamiento de captura, mientras el otro, libre, permanecía indestructible.
Si hubiera querido recuperar o capturar alguno de sus pensamientos, tampoco habría podido. Todo lo más, crear un nuevo pensamiento de captura, mientras el otro, libre, permanecía indestructible.
lunes, 12 de enero de 2015
AQUILES Y LA TORTUGA. IX de XV
En las montañas, lejos de todo lenguaje, rumiaba sus propias sensaciones, su memoria y sus pensamientos.
Había comprado nuevas trampas que desplegó por el bosque. Cuando recogió la primera pieza, comprobó el cuerpo inerte de un castor. ¿Qué es lo que había matado? Se imaginó a sí mismo, como castor, atrapado en la trampa. Ese castor tampoco podría sentir su propia muerte, ¿o sí? Así pues, ¿qué era lo que tenía entre manos?
Recordaba el estúpido temor que los hombres exorcizaban con su aburrido lenguaje. Sólo querían ver la piel del castor, no al castor muriendo mientras habla. Y sin embargo, no es posible, porque él sabía que era indestructible: mientras sienten y mientras hablan no hay final. Pero él también se sentía herido y muriendo.
Pensó en acabar con todo y dejarse morir de frío en la montaña o acabar rápidamente con un cuchillo. Pero inmediatamente recordaba que eso no bastaba. Él era indestructible, y hasta ese imposible último momento seguiría sintiendo ese mismo dolor, esa misma insuficiencia, esa misma muerte royéndole. Nada acabaría.
Había comprado nuevas trampas que desplegó por el bosque. Cuando recogió la primera pieza, comprobó el cuerpo inerte de un castor. ¿Qué es lo que había matado? Se imaginó a sí mismo, como castor, atrapado en la trampa. Ese castor tampoco podría sentir su propia muerte, ¿o sí? Así pues, ¿qué era lo que tenía entre manos?
Recordaba el estúpido temor que los hombres exorcizaban con su aburrido lenguaje. Sólo querían ver la piel del castor, no al castor muriendo mientras habla. Y sin embargo, no es posible, porque él sabía que era indestructible: mientras sienten y mientras hablan no hay final. Pero él también se sentía herido y muriendo.
Pensó en acabar con todo y dejarse morir de frío en la montaña o acabar rápidamente con un cuchillo. Pero inmediatamente recordaba que eso no bastaba. Él era indestructible, y hasta ese imposible último momento seguiría sintiendo ese mismo dolor, esa misma insuficiencia, esa misma muerte royéndole. Nada acabaría.
AQUILES Y LA TORTUGA. VIII de XV
Aquiles arrastraba en su pensamiento la herida de un profundo abandono.
Ninguna otra amante consiguió mitigar esa deuda. Buscaba pon pasión el momento crucial en el que ese abandono desparecía entre unos brazos, en una conversación. Atendía desesperado cada gesto que le devolviera un instante de autenticidad. Iba de labio en labio, no ya entusiasmado, sino frustrado siempre.
Intentó explicar su dolor, como siempre había explicado su pasión, pero las mujeres querían vivir con él lo que fuera que fuera y no lo ayudaban a comprenderlo ni a mitigarlo. Intentó explicarlo con precaución y cuidado a los hombres. Le aburría el lenguaje de los hombres.
La ciudad entera resultó insuficiente y decidió marcharse.
Ninguna otra amante consiguió mitigar esa deuda. Buscaba pon pasión el momento crucial en el que ese abandono desparecía entre unos brazos, en una conversación. Atendía desesperado cada gesto que le devolviera un instante de autenticidad. Iba de labio en labio, no ya entusiasmado, sino frustrado siempre.
Intentó explicar su dolor, como siempre había explicado su pasión, pero las mujeres querían vivir con él lo que fuera que fuera y no lo ayudaban a comprenderlo ni a mitigarlo. Intentó explicarlo con precaución y cuidado a los hombres. Le aburría el lenguaje de los hombres.
La ciudad entera resultó insuficiente y decidió marcharse.
domingo, 11 de enero de 2015
AQUILES Y LA TORTUGA. VII de XV
El magnate puso una condición para su matrimonio: todos los demás pretendientes de Dalila debían mantenerse al margen. Dalila lo aceptó; aunque, por supuesto, en su fuero interno no pensaba hacerle mucho caso. Claro que eso nadie lo sospechaba, ni Philips pero tampoco Aquiles.
Nuestro trampero y ella pasaron una última noche juntos antes de la boda. El ingenuo Aquiles le habló como otras veces de su naturaleza indestructible. Pero le hizo comprender hasta qué punto era ella importante para él. Sólo si la perdiera sentiría una auténtica herida, una auténtica perdición. En nada le importaba el magnate; pero si la perdía a ella, él no podría soportarlo. Al principio, Dalila quedó conmovida, no por sus palabras, sino por la pasión que volcaba en ellas para ella. Y al fin sintió que había capturado la vulnerabilidad de Aquiles, y esa noche lo amó profundamente. No tardó, con esa vulnerabilidad en su corazón, en sentir que Aquiles era, de hecho, así de débil. Se acordó de la magia de su futuro esposo y no volvió a ver al pobre trampero.
Grande fue el dolor de Aquiles.
Nuestro trampero y ella pasaron una última noche juntos antes de la boda. El ingenuo Aquiles le habló como otras veces de su naturaleza indestructible. Pero le hizo comprender hasta qué punto era ella importante para él. Sólo si la perdiera sentiría una auténtica herida, una auténtica perdición. En nada le importaba el magnate; pero si la perdía a ella, él no podría soportarlo. Al principio, Dalila quedó conmovida, no por sus palabras, sino por la pasión que volcaba en ellas para ella. Y al fin sintió que había capturado la vulnerabilidad de Aquiles, y esa noche lo amó profundamente. No tardó, con esa vulnerabilidad en su corazón, en sentir que Aquiles era, de hecho, así de débil. Se acordó de la magia de su futuro esposo y no volvió a ver al pobre trampero.
Grande fue el dolor de Aquiles.
AQUILES Y LA TORTUGA. VI de XV
Dalila tenía muchos pretendientes. Jugaba con ellos con un refinamiento mucho más depurado que la inocencia de Aquiles. Se divertía. Por eso, para él, en cierto modo, supuso un reto. Y un reto, además de su belleza, además del carisma de su conversación, era cuanto podía componer el enamoramiento perfecto. Dalila, por su parte, disfrutaba enormemente con la pasión de Aquiles y, aunque nunca dejó de jugar con otros amantes, pronto comprendió que Aquiles era su debilidad. Cuantas veces intentó romper con él definitivamente, tantas veces se dejó arrastrar por la pasión de Aquiles. Así, también para ella supuso un reto: si bien, paradójicamente, su reto consistía en ser más fuerte que su amor, liberarse, mientras ese reto, y la pasión y la fuerza de Aquiles, el viejo trampero y sus caprichos y arrebatos, más la enamoraban.
Entre los otros pretendientes de Dalila destacaba Philips Tomking, el magnate de la ciudad: un hombre poderoso, un dandy, un estratega implacable que había hecho de la modesta herencia de su padre un imperio omnipresente. Siempre le acompañaba un boato de buen gusto, de elegancia y buen hacer. Los hombres lo admiraban y las mujeres, en fin, eran suyas. Dalila, lo consideraba, como mucho, su igual; al mismo tiempo, sólo él era capaz de estar a la altura de sus exigencias sin límites. Siempre le proponía algo imposible, y el implacable Philips se lo traía para ella. Con cada derrota, Dalila quedaba fascinada; pero, al mismo tiempo, convertía alpoderoso Philips en un pusilánime ante su voluntad, y lo despreciaba.
Aquiles sólo podía ofrecer su pasión, y eso solo bastaba a Dalila cuando estaba con él. Lejos de él aún quedaba el deseo. Pero la presencia de Tomking era imponente y acabó aceptando el matrimonio con el magnate.
Entre los otros pretendientes de Dalila destacaba Philips Tomking, el magnate de la ciudad: un hombre poderoso, un dandy, un estratega implacable que había hecho de la modesta herencia de su padre un imperio omnipresente. Siempre le acompañaba un boato de buen gusto, de elegancia y buen hacer. Los hombres lo admiraban y las mujeres, en fin, eran suyas. Dalila, lo consideraba, como mucho, su igual; al mismo tiempo, sólo él era capaz de estar a la altura de sus exigencias sin límites. Siempre le proponía algo imposible, y el implacable Philips se lo traía para ella. Con cada derrota, Dalila quedaba fascinada; pero, al mismo tiempo, convertía alpoderoso Philips en un pusilánime ante su voluntad, y lo despreciaba.
Aquiles sólo podía ofrecer su pasión, y eso solo bastaba a Dalila cuando estaba con él. Lejos de él aún quedaba el deseo. Pero la presencia de Tomking era imponente y acabó aceptando el matrimonio con el magnate.
sábado, 10 de enero de 2015
AQUILES Y LA TORTUGA. V de XV
Restablecido del todo, Aquiles abandonó el poblado de tramperos y se marchó a la ciudad. Durante el camino pensó mucho sobre la naturaleza indestructible y la intuición de amenaza en los hombres.
En la ciudad, de nuevo un desconocido, hablaba con quien encontraba sobre lo que habíaexperimentado en la montaña y sobre lo que le había pasado en el poblado. Una vez más los hombres mostraron poco interés: siempre parecían estar ocupados en otras cosas. Pero algunas mujeres sí que lo atendían con entusiasmo. Dejaban por un momento lo que estuvieran haciendo y lo observaban con detenimiento. No estaba muy seguro de que lo escucharan o lo entendieran del todo; posiblemente él no supiera explicarse, y muchas veces se sentía enredado torpemente en su propio lenguaje. Aún así eran pacientes, y pocas palabras parecía bastarles, de todo su galimatías, para no perderse. Observaban su pasión y lo acompañaban.
Al cabo de un tiempo, Aquiles ya no sabía muy bien lo que decía. Hablaba y hablaba de sus constantes descubrimientos. Cada nueva conversación era un punto de vista nuevo del que posteriormente podría hablar en otra conversación. Con este apasionamiento perpetuo, entabló amistad con muchas mujeres y tuvo muchas amantes.
Se sentía libre y entusiasmado. Hacía y decía lo que se le antojaba, y eso entusiasmaba a sus amantes: querían ser el objeto de su pasión y sus caprichos. Podría haber vivido así eternamente, de labio en labio; pero, dada su dinámica, era imposible que no acabara topando con Dalila, la más inteligente y hermosa de las mujeres de la ciudad.
En la ciudad, de nuevo un desconocido, hablaba con quien encontraba sobre lo que habíaexperimentado en la montaña y sobre lo que le había pasado en el poblado. Una vez más los hombres mostraron poco interés: siempre parecían estar ocupados en otras cosas. Pero algunas mujeres sí que lo atendían con entusiasmo. Dejaban por un momento lo que estuvieran haciendo y lo observaban con detenimiento. No estaba muy seguro de que lo escucharan o lo entendieran del todo; posiblemente él no supiera explicarse, y muchas veces se sentía enredado torpemente en su propio lenguaje. Aún así eran pacientes, y pocas palabras parecía bastarles, de todo su galimatías, para no perderse. Observaban su pasión y lo acompañaban.
Al cabo de un tiempo, Aquiles ya no sabía muy bien lo que decía. Hablaba y hablaba de sus constantes descubrimientos. Cada nueva conversación era un punto de vista nuevo del que posteriormente podría hablar en otra conversación. Con este apasionamiento perpetuo, entabló amistad con muchas mujeres y tuvo muchas amantes.
Se sentía libre y entusiasmado. Hacía y decía lo que se le antojaba, y eso entusiasmaba a sus amantes: querían ser el objeto de su pasión y sus caprichos. Podría haber vivido así eternamente, de labio en labio; pero, dada su dinámica, era imposible que no acabara topando con Dalila, la más inteligente y hermosa de las mujeres de la ciudad.
AQUILES Y LA TORTUGA. IV de XV
Aquiles regresó al poblado al pie de las montañas, deseoso de transmitir su experiencia a sus compañeros tramperos, cazadores y buscadores de oro. Sin embargo, aunque al principio fue recibido como siempre, pronto su conversación resultó incómoda y los hombres le rehuían. Ya sabéis cómo hablan los hombres: hablan de ejercicio y de deportes. Cualquier tema de conversación lo toman como si hablaran de ejercicio y juego, así su salud, así el comercio, así la política o el tiempo. Cualquier intromisión parecía molestarles.
¿Por qué? –pensaba Aquiles. Ellos, sin duda, son como yo indestructibles, aunque nunca lo hayan hablado. Y, sin embargo, rehúyen mis palabras como si les hicieran daño o fueran a destruirlos. Entonces observó cómo hablaban los hombres, como con un lenguaje pactado. Todo parecía estar ya dicho previamente. Con sus palabras dejaban de mirar lo que pudiera decirse. Cuando hablaban, se colocaban en un salón común; cuando callaban, estaban solos.
Así, temiendo el rechazo, Aquiles se mantuvo en silencio todo el tiempo que pudo. Sólo habló lo estrictamente necesario para vender sus trampas y sus pieles. Callado como permanecía, los demás intentaban adivinar sus intenciones. Aquiles, cuando quería mostrarles que acertaban, se limitaba a repetir las últimas palabras que decían. ¿Vienes a vender otra piel? Sí, otra piel. ¿Te sienta bien la camisa o traigo otra? Trae otra. Y así.
¿Por qué? –pensaba Aquiles. Ellos, sin duda, son como yo indestructibles, aunque nunca lo hayan hablado. Y, sin embargo, rehúyen mis palabras como si les hicieran daño o fueran a destruirlos. Entonces observó cómo hablaban los hombres, como con un lenguaje pactado. Todo parecía estar ya dicho previamente. Con sus palabras dejaban de mirar lo que pudiera decirse. Cuando hablaban, se colocaban en un salón común; cuando callaban, estaban solos.
Así, temiendo el rechazo, Aquiles se mantuvo en silencio todo el tiempo que pudo. Sólo habló lo estrictamente necesario para vender sus trampas y sus pieles. Callado como permanecía, los demás intentaban adivinar sus intenciones. Aquiles, cuando quería mostrarles que acertaban, se limitaba a repetir las últimas palabras que decían. ¿Vienes a vender otra piel? Sí, otra piel. ¿Te sienta bien la camisa o traigo otra? Trae otra. Y así.
viernes, 9 de enero de 2015
AQUILES Y LA TORTUGA. III de XV
Cuando despertó, el sol apenas empezaba a subir detrás de las rocas. Un minúsculo rayo de luz había conseguido pasar entre los árboles y entre las ramas de los árboles, y un árbol tras otro, llegó hasta el arrecife de escarcha que cubría la piel de Aquiles. Entre todos los témpanos diminutos que se cruzaban azarosos, la enésima porción de un rayo de sol de la más pequeña fracción de primavera llegó a un claro mínimo de piel. Eso bastó para despertarlo.
Aquiles abrió los ojos sobresaltado. Eso creyó al principio, porque su cuerpo no respondía. Pero por su ceguera naranja reconoció la llegada del día. Excitado, poco a poco reaccionó. Frustrado, porque, si acaso había muerto, se lo había perdido. Mientras recuperaba el calor y el control de su cuerpo comprendió que aunque su cuerpo siguiera el ritmo de la naturaleza, él mismo estaba incapacitado para vivir nada más allá de sí mismo. La ilusión de sí mismo nunca sentiría final. Era, de todas todas, indestructible.
En ese momento –la nieve que recubría los objetos sudaba y humeaba y casi podía oírse cómo se derretía película a película, crujía– una lenta tortuga cruzó delante de él. Pasó muy cerca de su cara, pegada al suelo. Era una tortuga enorme y redonda como un balón. Era insólito, realmente absurdo, que una tortuga así estuviera en aquellos parajes; Aquiles lo sabía. De golpe volvió la vieja fábula desde algún lugar de su mente. Ahora la tenía justo delante. De no estar entumecido por el frío, un simple gesto hubiera bastado para atraparla. La siguió con la mirada durante todo el tiempo, mucho, que tardó en avanzar delante de él, hasta que se perdió entre las rocas y la nieve.
Aquiles abrió los ojos sobresaltado. Eso creyó al principio, porque su cuerpo no respondía. Pero por su ceguera naranja reconoció la llegada del día. Excitado, poco a poco reaccionó. Frustrado, porque, si acaso había muerto, se lo había perdido. Mientras recuperaba el calor y el control de su cuerpo comprendió que aunque su cuerpo siguiera el ritmo de la naturaleza, él mismo estaba incapacitado para vivir nada más allá de sí mismo. La ilusión de sí mismo nunca sentiría final. Era, de todas todas, indestructible.
En ese momento –la nieve que recubría los objetos sudaba y humeaba y casi podía oírse cómo se derretía película a película, crujía– una lenta tortuga cruzó delante de él. Pasó muy cerca de su cara, pegada al suelo. Era una tortuga enorme y redonda como un balón. Era insólito, realmente absurdo, que una tortuga así estuviera en aquellos parajes; Aquiles lo sabía. De golpe volvió la vieja fábula desde algún lugar de su mente. Ahora la tenía justo delante. De no estar entumecido por el frío, un simple gesto hubiera bastado para atraparla. La siguió con la mirada durante todo el tiempo, mucho, que tardó en avanzar delante de él, hasta que se perdió entre las rocas y la nieve.
AQUILES Y LA TORTUGA. II de XV
Contaba 43 años, cuando quedó atrapado entre las laderas de las Rocosas. La Primavera se retrasaba y los caminos estaban bloqueados por la nieve. Durante días Aquiles vagó acuciado por los aullidos del viento. Cargaba con sus pieles y con sus trampas y el hambre y el frío secaban su garganta. Sólo hielo y nieve podía beber.
Una noche en especial se sintió morir. Notaba como su sangre era más débil que el viento. Todo su movimiento era más débil que la tierra. Caído en el suelo y encogido parecía una gran roca, con la cabeza, los brazos y las piernas escondidos. Sin embargo, aunque se notaba cada vez menos, nunca tan poco que no pudiera notarse. Ese largo desvanecer era interminable. Cuando muera –pensó– no me daré cuenta; siempre sentiré que me queda un poco para morir. Entusiasmado por este pensamiento, Aquiles permaneció todo lo atento posible a su desvanecerse, para atrapar el momento en el que sintiera que no sentiría nada. Aquiles era trampero de profesión.
Descartaba como podía los recuerdos y delirios que le sobrevenían y se centró en su sensación y su desfallecimiento. Como suele suceder en estos casos, Aquiles acabó dormido, vencido por su propio esfuerzo.
Una noche en especial se sintió morir. Notaba como su sangre era más débil que el viento. Todo su movimiento era más débil que la tierra. Caído en el suelo y encogido parecía una gran roca, con la cabeza, los brazos y las piernas escondidos. Sin embargo, aunque se notaba cada vez menos, nunca tan poco que no pudiera notarse. Ese largo desvanecer era interminable. Cuando muera –pensó– no me daré cuenta; siempre sentiré que me queda un poco para morir. Entusiasmado por este pensamiento, Aquiles permaneció todo lo atento posible a su desvanecerse, para atrapar el momento en el que sintiera que no sentiría nada. Aquiles era trampero de profesión.
Descartaba como podía los recuerdos y delirios que le sobrevenían y se centró en su sensación y su desfallecimiento. Como suele suceder en estos casos, Aquiles acabó dormido, vencido por su propio esfuerzo.
AQUILES Y LA TORTUGA. I de XV
Siendo niño, en la escuela, leyó junto con todos sus compañeros la fábula de Aquiles y la tortuga. Todos la conocen: es esa en la que el veloz Aquiles jamás consigue alcanzar a la tortuga, porque antes de llegar hasta ella debe recorrer la mitad de la distancia, y luego otra mitad y luego otra, así indefinidamente. Apenas terminó la clase, Aquiles, el pequeño alumno, corrió a jugar con sus amigos. La fábula se quedó en el revuelto patio de recreo que llamamos olvido.
AQUILES Y LA TORTUGA. Introducción de XV
Aquiles Winfield, trampero de profesión, hizo un descubrimiento personal extraordinario: no podía ser destruido. Esta es la historia de su descubrimiento, de las aventuras y desventuras que le granjeó y el singular momento en el que dieron término.
jueves, 8 de enero de 2015
Así es
Nuestra historia no se desmoronará:
nunca fue construida. No hubo castillo
de naipes; sólo hubo cartas. Nunca
existió carta alguna sino volutas
de tinta impregnada en la celulosa.
Ni siquiera hubo fibra entre las fibras, sólo
moléculas de esto, moléculas de aquello.
Entre nosotros no hubo relación tipificada.
En nuestro amor no hubo contratos ni permisos,
no hubo lo dicho o lo desdicho,
no hubo los años que pasamos.
Sólo hubo besos; pero esos besos, ¡guau!,
hicieron temblar el mundo.
nunca fue construida. No hubo castillo
de naipes; sólo hubo cartas. Nunca
existió carta alguna sino volutas
de tinta impregnada en la celulosa.
Ni siquiera hubo fibra entre las fibras, sólo
moléculas de esto, moléculas de aquello.
Entre nosotros no hubo relación tipificada.
En nuestro amor no hubo contratos ni permisos,
no hubo lo dicho o lo desdicho,
no hubo los años que pasamos.
Sólo hubo besos; pero esos besos, ¡guau!,
hicieron temblar el mundo.
miércoles, 7 de enero de 2015
El Ser
La ficción es
el único lugar fiable,
el único terreno firme
bajo nuestros pies.
El resto de lo que puede ser
explicado con palabras
sólo finge
ser verdadero.
el único lugar fiable,
el único terreno firme
bajo nuestros pies.
El resto de lo que puede ser
explicado con palabras
sólo finge
ser verdadero.
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