Tanta emisión cruzada no percibe
redundancias. La calma da al deseo
el beneficio de la lluvia. Claro,
que sólo en condiciones de optimismo
favorable. Ya casi hemos llegado.
Hemos sido su fruto y sus escribas.
La acotación del momento habla
de la justicia. Un viejo truco.
Podríamos insistir: mirlos, estorninos.
Si se observa con atención las dinámicas,
entropía, empatía, escucha y astucia,
el tiempo libre entre las embestidas bursátiles
que dan permiso para seguir en la infancia.
Cronometrando la obsesión, repetimos
peticiones de principios,
peticiones de principios.
Entonces y sólo entonces, si y sólo si,
una vida regalada, un pensamiento robado.
O dígame usted.
Pero, vamos a ver:
¿usted
no comprende que ahí
hay una imposibilidad
flagrante, fragante?
¿Acaso no entiende que
es imposible, no ya que entiendan,
sino que quieran entender (a pesar
de lo que dicen) porque ya dicen
haber entendido lo que han entendido
(pintado lo pintado, dicho lo dicho)?
Ahí está usted incumpliendo
con su
obligación de animal racional
que es
la de comprender la naturaleza -real-
de las cosas, ¡de las cosas!
¿Me comprende o no?, que tanto respeto
me está empezando a poner nervioso.
Una cascada de honestidad,
de lenguaje no comprometido,
de actos sin cumplimiento.
Otra respiración rutinaria,
una pronunciación franca,
una opinión verdadera.
Lejos de la autenticidad,
del significado, de la memoria,
del significado, de la memoria.
Una profunda falta de acción,
de tiempo, cambio, movimiento.
Buceadores de límites ilógicos
toman prestado el hilo de las cosas
para que nadie sepa si respirar
es compatible o no con la cordura.
También orbita en torno a un centro del placer,
sin tocarlo nunca,
sin caer en él nunca,
sin escapar nunca,
sin ser iluminado por él nunca,
sin ser observado por él nunca,
porque allí no habita ninguna mente pensante
que pudiera dejar la huella de los objetos en su memoria.
Se aman, se despiden, se devoran.
Con sus pechos se siembran, con sus manos
se cocinan los unos a los otros.
Se sirven en los ojos, se olfatean
con hambre, con cintura, con delirios.
Caminan por el filo del cuidado
y hacen sus digestiones con violencia.
Si pueden, matan; cantan cuando quieren.
Si no pueden matar, cantan con pena
canciones que son cunas de la muerte.
Piden lo no soñado y, con ternura,
dan al olvido el eco de sus sueños.
Fingen el miedo, temen sus errores,
corrigen y sepultan, borran, tapan,
incluso odian la luz; pero mirad
cómo usan sus labios para hablar.
La comunicación
no es una mesa bien dispuesta
con infusiones calentitas
y servilletas aún inmaculadas.
La comunicación es una selva
por la que se descuelgan
los monos en tropel pegando
gritos como si fueran
un hombre,
a veces con taparrabos.
Mira tus sueños cómo nunca se están
quietos. ¿Quién está hablando ahí
y con quién?
¿Y en qué momento, muchachos,
empezó esa conversación realmente?
Amigos,
prended en vuestros labios
los labios que pronto faltarán.
Morded el jugoso fruto de su fantasía,
para que no queden las manos
limpias de amor verdadero. Vivid:
nuestra sangre es el olvido
y la locura, nuestro idioma.