miércoles, 8 de abril de 2015

Ad paradisum (y pág. 4)

    Y pasaron muchos nuevos días. Las dos amigas continuaban su viaje, bosque tras bosque, camino tras camino, por las viejas carreteras, por las viejas autovías, pero evitando siempre los laberintos que anunciaban alguna ciudad solitaria. Y en su viaje se encontraban con grupos más o menos agradables de personas que se saludaban con una mordaza en la boca y que se comunicaban con gestos. Algunos eran algo brutales, otros se parecían a los recuerdos y eran incómodos de abandonar.  Pero Leonor no detuvo su viaje. Nunca imaginó que el mundo pudiera ser tan grande.
    Hasta que un día de estos tantos, las adelantó por la carretera un motorista, enfundado en un mono limpio y brillante. Leonor y su compañera se asustaron mucho. Aún más cuando vieron que el motorista paraba y volvía hacia ellas. Pero Leonor había perdido la costumbre de huir, y simplemente apretó la mano de su niña y la escondió tras sí, al tiempo que cubría su propia boca con una elegante mordaza. El motorista se apresuró a quitarse el enorme casco de su cabeza y con un gesto cordial mostró también su boca apañuelada. Inmediatamente, los tres compusieron una expresión conciliadora, y él las invitó a subir en la moto.
    Y las llevó kilómetros adelante y en pocas horas la carretera terminaba en una bonita casa, situada al borde de un pequeño acantilado, junto al mar. Leonor no podía creerlo. El joven les ofreció toda su hospitalidad. Les indicó el lugar y los objetos con que asearse. Les otorgó ropas limpias y nuevas. Preparó la cena con pequeños manjares para ellas.  Les acomodó dos colchones y unas suaves mantas junto a la chimenea. Y esa noche pudieron dormir como aún recordaban.
    Por la mañana temprano, Leonor se levantó entusiasmada. Salió al balcón y contempló todo lo extenso del paisaje. El viento traía algunas nubes desde más allá del horizonte. El mar azul recién amanecido rizaba su ondulante melena hasta llegar a las rocas, donde las olas, unas tranquilas, otras más valientes, venían a morir.
    El joven salió también al balcón. Leonor, pudorosa, buscó rápidamente cómo taparse la boca; pero el hombre le detuvo el gesto, apenas con un roce de sus dedos en la mano.
    –Hace un buen día, ¿verdad? –dijo.
    Y Leonor respondió:
    –Es cierto.



.

martes, 7 de abril de 2015

Ad paradisum (pág. 3)

    Aquella noche también lloró hasta quedarse dormida. Y amaneció otro día, y amanecieron otros días. Leonor aprendió a sobrellevar una tristeza cada hora más grande. Andaba y andaba, siempre, movida por una esperanza que no terminaba de recordar muy bien, en la ciudad siempre cambiante. Su vestido se hizo amigo del color de la calle, se encogió, se desgastó. Pero no os contaré nada de la condición, un poco animal, a la que Leonor tuvo que adiestrarse.
    Al cabo de un tiempo, ya imposible de acotar, descubrió que había muchos como ella, cada vez más, que se rehuían, que se escondían, que robaban, que se asustaban unos a otros cuando se decían “no quieras nada”. Hombres, niños y mujeres nerviosos que peleaban por objetos. Abandonados. La ciudad entera se volvió como su vestido, raída de miradas asustadas, que sólo sabían beber de las fuentes, cerrarse a los bocados y correr muy deprisa. Hasta que ni siquiera hubo objetos que recuperar, y todos los locales estaban picados por el tiempo y el miedo. Sólo a veces, cuerpos inertes por las aceras.
    Y si vierais a Leonor, ya no la reconoceríais, porque era alta y delgada, con nuevos harapos siempre parecidos a los mismos, con el pelo muy largo, muy sucio, y los brazos muy hábiles y dispuestos. Pero Leonor misma poco sabía de eso. Sólo sabía de recuerdos, que sobrevivían por encima de sus actos.
    Una tarde de lluvia, Leonor reconoció entre las gotas el sonido de un llanto. ¿Quién puede llorar aún a estas alturas?, pensó en sus adentros. Y se dirigió a la fuente del llanto. Era una niña, que encogida sollozaba. ¿Cómo es posible que aún queden niñas en esta ciudad? Leonor se arrancó un jirón de su propio vestido y se amordazó la boca, para que sus palabras no pudieran traicionarla. Se acercó a la niña y le hizo un gesto sobre su mordaza para que, tal vez, confiara. La niña comprendió, pero no quiso decir nada. Estaba asustada. Leonor la cogió en brazos y la niña se dejó hacer, y se la llevó a un lugar a salvo de la lluvia, mientras las dos seguían llorando.
    Desde entonces, Leonor la cuidó y ambas sobrevivieron juntas sin mediar palabra. Y un buen día sucedió algo asombroso: la ciudad se acabó. Las dos niñas rieron como nunca se habían visto reír, y corrieron de la mano campo a través. Y tuvieron que aprender a vivir de nuevo, a alimentarse de la tierra y a dejarse limpiar por la incómoda naturaleza. Con todo, se convencieron de que era una vida más agradable que la abominable ciudad de soledades que abandonaron.
    También fue sorprendente ir encontrando otros grupos de gente que se reunían extraviados. Para presentarse y prevenir los recelos, se amordazaban la boca, y se comunicaban con gestos, como en su momento hiciera Leonor con su pequeña, y luego volviera a hacer tantas veces.

lunes, 6 de abril de 2015

Ad paradisum (pág. 2)

    Cansada, desconsolada, asustada, se sentó al borde de un banco, y se aferró al posabrazos de hierro. Con una postura tan elocuente, no tardaron en acercarse personas mayores, que siempre están atentas a los niños. Pero como le susurraban “No quieras nada”, Leonor se encogía aún más. Y como los ancianos insistían y se iban acumulando a su alrededor, optó por volver a huir de un salto, espantando a manotazos sus arrugadas carantoñas.
    Se escondió en una calle fea y sucia. Se acurrucó en el portal de una absurda cochera. Y lloró. Así la tarde, así la noche. Sin saber. Siguió acurrucada imaginando que todo era un sueño, imaginando cómo hubiera sido esa tarde si simplemente hubiera vuelto a casa con las hierbas, imaginando incluso soluciones racionales y estrategias para salir airosa de su situación.
    En algún momento, se convenció a sí misma de que, si se hacía pasar por sorda y por muda, acabaría por encontrar la ayuda de alguien que no tuviera que decirle nada. Era obvio. Y sólo con esa idea volvió a tomar camino en busca de papel y lápiz. Lo que encontró, mucho antes de lo que ella misma era consciente, fue un mendigo profundamente dormido a esas horas. Leonor, convertida en una intrépida ladrona de mendigos, cogió un trozo de cartón y una tiza y corrió de nuevo con su botín. Cuatro o cinco esquinas más allá se inclinó a escribir cuidadosamente: “Estoy perdida, ayúdenme a volver a casa. Calle tal, número cual”. Con la respiración contenida, repasó su mensaje; pero sólo pudo leer, en letras muy grandes:
    –NO QUIERAS NADA
    Tomada por el horror, su mano, repitió la operación una y otra vez hasta que el cartón se rompió, y la tiza se rompió y su mano de niña lista quedó agarrotada. Se levantó como una marioneta y caminó hasta un nuevo escondite. Allí ya no pudo llorar, ni pudo pensar, ni pudo hacer otra cosa que quedarse dormida, a pesar del frío de la noche, del miedo y del hambre. De la profunda oscuridad.
    Al día siguiente sólo pensaba en volver a casa, a alguna casa. Pero aquella ciudad era extraña, llena de personas que recorrían calles que llegaban a otras calles con más personas que ella no conocía. A veces encontró niños, y siempre intentó que le hicieran caso; pero cuando les dirigía la palabra, los niños se asustaban y huían gritando:
    -¡No quieras nada, no quieras nada!
    Así que Leonor agotó otro día por las calles. Y bajo el rojo de la tarde, el hambre la cegó, y en una frutería que estaba cerrando, llenó sus manos de plátanos y manzanas y una vez más salió corriendo. Y en un nuevo escondite comió, más bien devoró, su nuevo botín. Pero cuando su pequeño estómago quedó tranquilo, los pensamientos volvieron. Estaba sola. Estaba perdida. Estaba asustada. Tal vez estuviera loca. Y había robado... dos veces.

domingo, 5 de abril de 2015

Ad paradisum (pág.1)

Por mandato de su madre, Leonor salió a la calle a comprar un ramo de hierbas para el guiso. A ella misma le hacía cuánta ilusión partir las ramitas y dejarlas caer hoja a hoja, según su especia, dentro de la olla. Y en un suspiro estaba ya en la plaza del mercado explicando su recado a la dependienta, una señora grande y rotunda, que se inclinaba para verla. Con una sonrisa saltarina le pidió la hierba tal, la hierba cual; pero la mujer le respondió:
    –No quieras nada.
    Extrañada, Leonor volvió a repetir su demanda, esta vez con esa seriedad que da la duda. Y una vez más, la mujer le respondió:
    –No quieras nada, no quieras nada.
    Como la niña no era muy dispuesta al enfado, sólo supo componer un gesto entre indignado e impotente. La dependienta la miró arrugando los ojos de impaciencia e insistió:
    –No quieras nada.
    Leonor escapó de la tienda, despedida y mareada como la que para al jugar a dar vueltas. Cuatro calles más allá había una herboristería, de esas de tarros y bolsitas. La dependienta era una muchacha joven de ojos alegres, a la que, todavía confusa, recitó escolarmente el listado de ingredientes que necesitaba.
    Y respondió también la muchacha:
    –No quieras nada
    Apenas había pronunciado la última sílaba, y Leonor estaba corriendo calle abajo como si hubiera escuchado el ladrido del demonio. Ahora no sabía muy bien a dónde ir. Ya estaba tardando más de la cuenta para un mandado tan fácil, y temía la reprimenda de su madre. Paró a un hombre que paseaba con prisa para preguntarle dónde podía encontrar otra tienda que vendiera hierbas de guisar.
     –No quieras nada –explicaba el hombre con toscos gestos.
    Cuando vio que la niña se ponía a llorar, cambió su tono y se arrodilló afectuoso y asustado para situarse a su misma altura.
     –No quieras nada, no quieras nada –repetía con tono interrogante.
    Leonor se desembarazó de la preocupación del hombre, y se perdió por las calles. Corrió y corrió por donde la llevaban sus lágrimas. Pero pronto se dio cuenta de que no sabía dónde estaba. Pero tampoco se atrevía a preguntarle a nadie. Pero ¿qué hacer?, ¿qué pensar? Lo que intentó fue desandar los pasos que ni siquiera sabía que había dado. Acabó llegando a barrios en los que no había estado nunca. Jamás imaginó que su ciudad pudiera ser tan grande.

sábado, 4 de abril de 2015

Preciso intante

El profesor peroraba apasionado que la demagogia política había sido revertida, como si de un calcetín dado la vuelta se tratara. Había en su discurso un automatismo de tópicos y banalidades recogidas por tradición. Era el género discursivo quien hablaba realmente. Sin embargo, los alumnos con mirada más atenta estaban en ese precioso instante abstraídos en cuestiones diversas, cuyos pensamientos derivaban por sí mismos. A esa hora de la ¿mañana?, ¿puede considerarse mañana aún?, la mayoría no podía controlar su propia afectividad. Mayoría podría tratarse de un eufemismo por miedo al totalitarismo. No era en absoluto difícil encontrar a algún alumno que hablaba largo y tendido con la voz más baja que supiera expresar sobre un asunto que lo dominaba. Pero sus compañeros (de conversación), antes que responderles, esperaban un hueco donde intercalar sus propias consideraciones. Recién llegados no podrían saber a quién le pertenecía la voz cantante. El más insistente ni siquiera atendía a que sus palabras poco tenían que ver (evito nada) con los mensajes que su presunto interlocutor (ninguna palabra pudiera ser aquí más exacta) tecleaba con su móvil hábilmente disimulado, por poco exitoso que resultara su disimulo. En esto, la puerta del aula se abrió abruptamente, casi de impulso sobrenatural, apareció de súbito el inspector, entrando sólo cabeza y el cuerpo encogido porque mantenía los pies bien puestos en el pasillo. Vino a decir, sin soltar el picaporte, con rotundidad incontestable:
-Por lo tanto, eliminemos al lector.
Y se esfumó. Luego nadie pudo estar seguro de si la puerta se había cerrado del todo.

jueves, 2 de abril de 2015

Fin

El pancreas segrega insulina (etc) para
que las células se nutran adecuadamente
del glucógeno (etc) disuelto en la sangre...
Para enunciar esto así
es necesario
asumir que hay en el pancreas un saber
(por ejemplo de la necesidad
de otras células sobre su metabolismo);
por tanto, que el pancreas piensa y su tejido
pancreático hace una suerte de tejido nervioso;
cuenta, además con una planificación moral
sobre la utilidad, el bien o la conveniencia
de su función (que probablemente
sabrá suya).
La nieve quiere visitar otras montañas
y en su viaje pronto se derretirá.
Es por eso que ...
y, para evitarlo, es conveniente que ...
y firma.

miércoles, 1 de abril de 2015

Oído interno

El cuerpo sucede una vez y nunca se repite.
Si salmodia es porque x. Si alguien
lo oye alguna vez 
salmodiar es porque el cuer x ej
tus manos jamás y si quisieras
en el mismo punto donde 1ª vez etc
enfermarías. Si alguien
una vez y nunca
x alguien. Si sintiera
como yo siento tus labios
(nada de sangre nada
de herida de))
entonces lo sabría
y sólo entonces lo sabría
como yo sé tus labios :-x
si salmodian es x tu cuerpo, es
aquí, en estas, casi palabras,
o tu mirada casi beso,
casi cuerpo.

lunes, 30 de marzo de 2015

Irrigación

Ha brotado la menta
tan fuerte en su maceta.
Su verde de metal
parece de otro mundo.

El viento con sus dedos
te agarra del tobillo
y tira de tus débiles
raíces en mis besos. 


La alegría del suelo
está caliente mientras
camino con un fémur
que se llena de pérdidas.

viernes, 27 de marzo de 2015

Tela, roce, tacto

Una gota resbala 
de primavera por tu piel.
Tu piel que se diluye
en un calor con nombres.
Tu piel que guarda
mil imperativos

en su aroma. Mis labios
resbalan de primavera
por tu piel, que no es tal,
sino el caliente sueño
que se disputan estrellas,
ciudades, decenios.

jueves, 26 de marzo de 2015

Digamos que las intenciones

Digamos que las intenciones
están escondidas;
que es de intención esconderlas.
Digamos que uno se esconde
su propia intención a sí mismo
-lo que puede deducirse
de sus actos y los resultados
de sus actos- con medida precisión.
Digamos que entonces, como vecinos
convive el hombre puerta con puerta
con las suya y las ajenas intenciones,
a las que no siempre conoce.
Digamos que la pinza queda en el tendedero
después de recoger, con o sin prisa,
la ropa; que tiembla y tiembla el músculo
estando quieto este dedo.

martes, 24 de marzo de 2015

Y los ojos, ojos son.

Mis ojos son dos ciervos sin retorno.
Retorno de balcón, de espuma y sábana.
La espuma azúcar fresa con té y falta.
El té tus ojos siempre distraídos.
El siempre caza atado con su espalda.
La espalda vuelve al rito sin decoro.
El rito hace persiana con mis ojos.
Mis ojos son dos ciervos en tu casa.

 


lunes, 23 de marzo de 2015

Tiene narices

Me da en la nariz que estoy
ciego tanto para mí como 
para más allá, por lo que dices.
Ciego a mi nariz, es el camino
que quiere explotar en primavera,
el armuerzo de los vecinos,
algún secreto que se pudre a gritos.
Es el saber cuándo
me vela la enfermedad.
Es el frío no siempre
vestido de aventura
o la cercanía de tu piel
que pronto llegará a mis labios.

sábado, 21 de marzo de 2015

Antes del ritmo

Tiempo en los pulmones.
En el eco que en el líquido
el corazón ondea.
Aire que de espuma
de aire se impregna.
Tiempo que entra, tiempo
como el revuelo de un bosque
sale,
en el que habitan monstruos,
hadas, temores y conjuros,
de los pulmones, así
medidos hasta el límite.
Libre que de tú calor
errante viste.

viernes, 20 de marzo de 2015

Memoria

Te vas y sé que nada
enturbiará tu pecho.
El aire y sus caricias
te sonríen el futuro
en tus envidiadas manos.
Cuando gobiernes el mundo
y en tu corazón nada
sea roce o amenaza,
si en algo aprecias
el signo del momento,
¡recuérdame, recuérdame;
pero, ah, olvida mi destino!

jueves, 19 de marzo de 2015

Los hijos rebeldes

La sangre es un hijo rebelde,
todo su deseo fuera escapar.
Se asoma al balcón de los pulmones,
coquetea con el galán malvado del frío.
Se disfrazó de rencor y de tesoros,
se disfrazó de hierro y fuego y sangre.
Su calor se alimenta de otros.
Su calor se asoma a los ojos,
llena de vergüenza las mejillas,
sangra en el momento menos pensado.
Siempre está jugando por la casa,
pero no consentirá volver
a su hora.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Gramática inevitable

Hay en la sombra un espejo inevitable.
En su inverosímil boceto parece que arde
si imaginamos crepitar proteo todas
sus formas posibles. Inevitable
flota como una nube oscura 
navegando por el suelo y el contorno
de los objetos. Se funde con los objetos
en sus propias sombras. Antes
de tocarte te toco tentando en tu sombra.
No deja de arrastrarse por el suelo y sin embargo
no deja huella, no ara, no escribe.

lunes, 16 de marzo de 2015

El sonido es suficiente

Basta el roce impreciso 
del quitarte la ropa.
Basta su ronco deslizar.
Su rumor y su sonido.

Clae la blusa en la sábana.
Cae una media de lana.
El ruido de su descanso
pide mi amor, me reclama.

Un hombro. Tu boca.
La carne que rascan
tus dedos que hablan,
la sangre, las sombras.

Mientras las cosas se callan.

viernes, 13 de marzo de 2015

Congoja

Ibas a ser tú la clepsidra de mis días.
Tú que te derramas en piel de árbol.
Antes de la tarde tus caricias ya
han evaporado. Un vaso de agua
basta para el frío
en la garganta, donde habitan 
sueños y demonios.

jueves, 12 de marzo de 2015

Idea demagógica de libertad

El pene de mi casa etc, etc,
cuando llueve envejece
como los demás.

Admita ridículo sabiamente prestigiado
su peregrina nostalgia,
sus veras de imposible pajarito
hecho de efímero vuelo,
parco de estilo.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Arte efímero

El cuerpo es inventado y su patente
está cosida al tiempo por un lado,
por otro a todo intento deformado
por la pasión, que huye de repente.

Arde su firma, fluye entre la gente
derecho a este finísimo bocado
de ira y al racimo enamorado
que sin tu corazón apenas siente.

Tanto me lo creí, tu cuerpo, el mío;
tanto lo perseguí, con tanta huída
lo amé, que en sus entrañas recocino

la ley sin ti, con hambre y con hastío.
Me narras y me comes. Con su vida 
escribes, letra o carne, mi destino.

martes, 10 de marzo de 2015

Mujer que viaja

El brazo no está hecho de músculo;
sabes que está hecho de cosquillas.

Con el dorso del dedo vas dejando
en la piel una estela de espasmitos.

Quieres morderme, estás a punto;pero ahora
son mis manos las que están desviando tu atención.

lunes, 9 de marzo de 2015

Yo confieso

Yo le tenía miedo a las tijeras cortaúñas
en las casas ajenas.
Mi primo rechazó temeroso las pinzas cortaúñas
cuando vino a mi casa.
Éramos niños, nuestras manos
no eran hábiles ni fuertes; ¿temíamos
nuestra misma torpeza en nuestros padres?

Este pequeño gesto emancipado
de cortarme a mí mismo las uñas,
encogido,
con la edad de mi padre cuando cortaba
las mías. Con mis manos no-torpes, no-débiles.

Voy por el pasillo con medias lunas de uña
nevadas en un folio cualquiera.
 
Esta rutina que aún tiene residuo de pasado.
Antes de que acabe el día,
¿con qué voy a sembrar la tierra?
Antes de que acabe el mundo,
¿cuál será mi parte en el barco de los muertos?

sábado, 7 de marzo de 2015

Ironía sólo en el lenguaje

El cuerpo sucede una vez 
y no vuelve a repetirse. 
La urgencia del sexo sucede 
una vez y no vuelve a repetirse. 
La punzada 
del hambre sucede una 
vez y no vuelve 
a repetirse. El agobio, el calor, 
suceden, una vez, no vuelven 
a repetirse. El cansancio, el ahogo, 
una vez, suceden, no vuelven a repetirse. 
La vergüenza y la herida, 
el placer y el alivio 
son igual que el recuerdo: sucede 
una vez y no vuelve a repetirse. 
Es así, 
el picor, el sufrimiento, la enfermedad o 
la muerte. 
Sucede una vez y no vuelve a repetirse.

viernes, 6 de marzo de 2015

Astragaloteosis

Quiero hablar del tobillo perfecto,
de un talón tallado en piel morena,
fino, brillante, grácil, delgado,
como el pomo de la Creación.

Quiero hablar, pero no diré más.
Yo subía por las escaleras.
Ella unos pocos peldaños antes.
Mostraba, entre el filo de su falda
y el débil de su sandalia abrazo
casi desnudo, un baile de pasos
que me pausaba en su ascenso hipnótico.

Por esa pantorrilla la ciencia
toda.
Por ese tendón articulado
toda
la cultura y los muros del arte.

Delenda memoria salvo el vuelo
de un escalón al otro, flotando,

de su tobillo perfecto quiero.

jueves, 5 de marzo de 2015

Rasgo de estilo

Estos nudillos se esconden escandalosamente.
Sus paisajísticas lomas ironizan cómo llevan
los años escurriendo el bulto. Simplemente:

jamás han ejercido su toque boxeador.

Aquí los tienes, rosados, que sí, que escriben,
que sí, que a veces acarician; pero vamos,
que se esconden como el yo modula su 

violencia.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Labiduría

Solía tener allí los labios rotos.
Cuando no amanecía, todos sus recuerdos
peregrinaban hacia el lugar más exacto 
en que su labio, sí, se pudría.

Sólo con que la noche, de tan corta,
hubiera sido tus brazos,
hubiera sido un vientre
tus labios y tus piernas,
o el húmedo placer de lo nombrable,

el hábito daría noticia del perdón.
Pero así de cruel solía ser la carne.

martes, 3 de marzo de 2015

Parpadeo

Era noviembre
cada una de tus pestañas.
En la terraza
cada una de tus pestañas.
Desliz de frío
cada una de tus pestañas.
Desliz si vuelves
y el intervalo
será tu vida
o la mía.

lunes, 2 de marzo de 2015

Detrás de la oreja

Siempre, escucha mis palabras
(aunque sé cuánto te gusta hacer oídos sordos).
He venido aquí para aclarar las dudas.
He venido pero estoy en otra parte
donde soy un trozo apenas de tus sospechas.
Porque cuando te deshaces de mí, esa historia
me suena ya tan conocida (la cantinela acostumbrada
de tus hermosas, hermosas sospechas).
Por eso estoy aquí, por ser el fruto de tu
desconfianza, la semilla de tu desconfianza.
Porque cuando llegué no había rastro
de pasos, de un lugar ni de mis piernas.
Porque yo, en cambio, siempre, te fui fiel.
Incluso cuando creo que no existes.

jueves, 26 de febrero de 2015

Cuerpo auténtico

Dime que esta ausencia eres tú.
Está colgada como un cuadro en mi mirada, su alcayata.
Son unos nudillos que no llaman a esta puerta siempre abierta.
Si lo que recorro es el contorno
de este vacío concreto, que sea
tuyo. Y el hueco de mis posiciones,
tuyo.
¡Desmiénteme!
Maldice mi obsesión y mis espasmos.
Si lo que falta en el mundo es tu silueta
y es esta silueta de mujer
no descubierta hasta ahora.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Cadena o escalera de celdas

Pone su mirada al caer la noche:
son las estrellas un techo de destinos.
Toda su civilización
ha ido poniendo en tierra otras
estrellas con tecnologías diferentes
para quedarse. Y este
es el capítulo primero.

Yo mismo, conduzco mi habitáculo
por estas carreteras dictadas.
No es una ilusión: muevo el volante
y el mundo se desplaza en consecuencia
y obedece las causas de mi movimiento.
Tanto que, si quiero, puedo discutir
contigo o soltar el volante y tocarte
en el hombro, en la rodilla, en el pecho.
Capítulo segundo.

Sean las paredes de su casa, su oficina,
su cuarto, que con tanto celo protege,
que con cuánto esmero decora con
caricias robadas al vecino desorden.
Paredes entre las que colocar estrellas, viajes
donde educar los gritos. Y este
es el capítulo tercero.

Incluso desnudo soy fiel.
Aquí, entre mi boca y mi cama,
recorro cuanto ha sido dicho,
escondo lo nunca escuchado,
relamo todos los secretos
en los que me verán entregarme
al olvido. Capítulo cuarto.

Quien calla escucha atentamente
la algarabía de su cuerpo
mil-localizado. Y piensa
que es libre porque sabe
que tiene
qué mear. Y ese
es el último capítulo.

lunes, 23 de febrero de 2015

Venganza

Para que pueda ver mi ojo en el espejo
tengo que acercarme mucho, mucho;
y, como aún soy miope, la nitidez así
es extrema.

Llegados a este punto -mis ojos, mi visión
mi espejo y yo- me distraen 
las visiones de mí mismo y todo el cuarto
reflejados por del cristalino la curvatura.

El ojo se vuelve un cuerpo extraño,
-un huevo (cósmico) apenas sanguinolento-,
habitado por un ser extraño, cuya mirada
es indescifrable.

Por supuesto, me resulta imposible mirar
más de un ojo a la vez así de cerca;
lo cual es, sin duda,
desesperante.

domingo, 22 de febrero de 2015

Contacto silencioso

Lengua que es tan apretádamente todo.
Sabías que iba a llegar, pero llegando
este roce de otra lengua, amiga, ¡Dios!,
lo sabido del mundo como persianas
cayó.                               De tus labios
saben que te añoro. Saliva a otredad
tan suavemente marcada de Otro
mi memoria.

sábado, 21 de febrero de 2015

Estudio sencillamente

Miré mi codo llagado
y admiré cómo las palabras del maestro,
que siempre consideré figuradas, 
no eran, entonces, exageración.
No hablo del arribismo político y su arte.
No hablo del rastrerismo militar y su arte.
No hablo de la altura del vino hacia los cielos.
No. Hablo del codo puesto a tábula rasa
de mi mesa (la mesa de tu cuerpo pienso ahora,
el tablero de juego de tu conversación,
la cama de esta noche cercana, amada mía)
en aquellos días prisioneros de la juventud.
Ahora, no conviene olvidar
que de codos heridos está hecho el reino.

viernes, 20 de febrero de 2015

Estudio de la nostalgia

Culo disciplinado, nalga obediente.
Sentado a la mañana, se vuelve fiel.
El cachete paterno
por no querer comer,
no sentarse a la mesa,
no jugar, no volver.
El canto ignominioso, su alta retórica.
O sentado en suelo, la fría hierba.
Por la charla de moda.
Por la mirada atenta.
En el amor de invierno
no juzgar, no volver.
Sentado en la distancia, se vuelve fiel.
Culo disciplinado, nalga obediente.

jueves, 19 de febrero de 2015

Otra función

Precisos en su afán los dedos
pinzan el herrete diminuto
en la cajita de la cremallera.
Hábiles llevan el cordón al lazo,
un pequeño tirón y, zas, ya está
apretado el otro zapato.
Y el inverosímil rigor con que los marciales dedos
dejan enganchado el botón
en su respectivo ojal.
Dedos que se distraen 
en el enredo de tu mechón.
Dedos en el espasmo
que da origen al mundo.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Eran

Lo más sorprendente de los adultos eran sus venas.
De los ancianos, esas venas casi azules que sobresalían
en las manos tan dispuestas a regalarnos y la caricia
y la carantoña.
Ahora que caigo, jamás vi a un adulto sangrar.
Pertenezco a una generación cuyos adultos no sangraban.
O todo es torpeza de una memoria en ciernes.
Cómo es posible que se conserve la sorpresa en cada vena.
Nosotros, en cambio, estábamos siempre heridos.
Siempre prestos al dolor, siempre derramándosenos
la vida, solo que entonces no sabíamos
que era la vida la que se nos caía del vaso
-nuestro cuerpo era un vaso que no sabíamos tener sujeto-
ni que lo que nos dolía aún no era este indoloro dolor de la vida
que hoy nos sujeta. Lo más sorprendente
de los adultos eran sus venas. En nosotros
la sangre brotaba
como por arte
de magia.


martes, 17 de febrero de 2015

Quieren saber

Las manos no hacen inventario
porque están ciegas durante el día.
Saben sembrar amistad con el frío,
obsesionadas como están con lo útil, su vecindad.
Manos abstractas, con tres dedos rizados
y el índice de tecla en tecla. Si estuvieran
hechas de noche, las manos, hablarían
-parlotean, las manos, todos lo saben-
y tu cuerpo sería su lenguaje.

lunes, 16 de febrero de 2015

Blusa de carnaval

Ha quedado su pecho a merced de la lluvia
y cada gota insiste su reguero de agua
buscando por el seno la caricia perfecta.
Una mujer desnuda caminos por la lluvia.
Si llegara ahora el viento valiente del verano.

domingo, 15 de febrero de 2015

Apagado programado

En esta selva de interruptores
te vine a buscar.
Con una sola tecla no necesito el sol.
Despertar o no despertar.
Obedecer o no obedecer.
Necesitarte ahora. Posponer.
Me he convertido en un gerente de permisos.
Sé de unos botoncitos que acallan los aullidos.
En este bosque de interruptores
he perdido mi sensibilidad
a los lobos.

sábado, 14 de febrero de 2015

Déjame pensar

Pocas cosas cambian tanto como el cuerpo.
Yo recuerdo
que una vez caí
de la bicicleta por un camino de tierra.
Iba rápido, bajábamos. Me derramé por el suelo derrapando.
Durante un mes tuve la pierna (ahora no sé cuál)
rayada de finos arañazos, con sus minúsculas costras
que eran como estelas de un bólido nocturno
talladas en mi piel con sangre.
Pero de todo eso ya no queda rastro.
Y así, podría seguir: con las uñas y sus manchas cortadas,
los lunares que salen, los pelos, que quieren quedarse,
el dolor de aquí, el calor de allá,
el hambre, el sueño, luego otra vez otra hambre, el sueño.
¡Ay, dolor, aquí! Ese calor, ese calor de allá.
Y así podría seguir. Las venas que se hinchan por una posición:
leía con el libro en el suelo y el cuerpo en la cama. Mis manos
enrojecían.
Los libros han cambiado. Ahora tengo otra bici (no sé cuál es ahora),
ni siquiera están los árboles bajo los que paseaba
y el Ayuntamiento ha hecho de las suyas en los caminos;
pero sigo llamando y llamando a este cuerpo el mío.
Cualquier cosa cambia tanto o más que el cuerpo.
Tanto como para extrañar el hogar
al que estás a punto de llegar:
tu cuerpo, su cuerpo y el mío.
Donde esas caricias parecen conocidas.
Ese remanso de novedad en tus palabras.

viernes, 13 de febrero de 2015

Función inevitable

Estante de cristal, fondo de espejo.
Un jarrón de vanguardia en la cerámica,
que compraron mis padres tiempo ha,
sirve como florero a unas espigas
encañadas de trigo, rescatadas
en alguna escapada a la campiña.
Tantos años y el barro conserva su vanguardia.
El trigo sin edad permanece dorado,
detrás del gris del polvo del tapiz del recuerdo.
Lejos de las miradas, en el estante en sombra,
más alto que la lámpara, el extraño jarrón,
sobre el fino cristal, ante el fondo de espejo.

jueves, 12 de febrero de 2015

Curvas sinuosas

Érase una mujer
aferrada a las barbas 
de un hombre.
Sobre ellas dormía
como un pájaro duerme
en la lluvia una larga
caída.
Amaba sobre ellas
los cuerpos de otros hombres.
Con ellas se tapaba,
con ellas devoraba 
cuerpos.
Apretaban sus manos
el hierro de sus sueños.
Reía.
Se deslizaba siempre,
enraizada de amor
y tiempo.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Entonces

El frío se hace de manos.
Despliego los dedos  -no dan más de sí-
entre las piernas, justito en la ingle.
Nada de erotismo: demanda de frío.
Me sorprende que estén vivos.
Se romperán si los muevo.
La carne ha agotado pronto su reserva.
Dedos fríos, muslos que se hielan, ingle
que aún confía en la sangre.
No; soy yo, nada del tiempo,
quien la física imagina,
quien siente y teclea
ahora.

martes, 10 de febrero de 2015

Rodilla en alzo sobre el sofá

Es de memoria curva de frío.
Aviso sordo tenue dolor.
Amiga infancia casi futuro.
Lejos de tuyas piernas o mías.

Por ti sabré. Por ti castillos
de arena en playa, presas o torres,
y el agua intacta. Ropa o perdón
doblada o muerte. Tu desnudez

envés. Caída.

lunes, 9 de febrero de 2015

Trayecto interurbano

Caminaba con esa musiquilla en los dedos.
Murmuraba en los labios sutiles sinfonías
tiritaba entre dientes tramados orquestales.

Ese cuerpo tendido que creemos callado.
Ese pensamiento que ha desaparecido
sin música, sin movimiento, sin calles

y sin gente.

domingo, 8 de febrero de 2015

Humus

Las mantas que dan re torcidas
guardando nuestro último interés.

Todos los libros tapizan y los papeles
que han sido llovidos y cubren.

Debajo de las mantas cuya fidelidad
paciente no nos importa destrozar.

Debajo de los papeles cuya insidia
irónica no nos importa y punto.

Es el perejil de nuestro cadáver.
La bechamel de nuestros apetitosos
cuerpos o días o datos o sueños.

sábado, 7 de febrero de 2015

Esperanza

Pulgarcito, dónde estás.
En la barriga del buey,
donde no llueve ni moja.

Y así esta rodriga panza
del todo meteorológica.
Donde los años se rumian.

Donde se viene gestando
mi perdición. Hueco orondo
donde redondo vacío

se imagina siendo odiando.  

viernes, 6 de febrero de 2015

Historia de mi pelo

Comienza in media res: apenas siente
Mi pelo es de raíces conceptuales.
Es negro y orgulloso, duro y terco.
Lo digo porque acabo de soñar
-es un sueño de orgullo 
y de anticipación:
¡la melena del padre
a las barbas del padre!-,
por qué las quiero tanto, canas.

Sobre la coronilla el goce, el gesto
de mi inseguridad y complacencia.
¿Ves que el cabello habla con secretos?
¿Ves que soy yo quien habla con secretos?

Pero su pelo era un absurdo ante mis ojos.
Pero su pelo era nobleza por el cuello
(nobleza entre mis dedos).
Barrer su pelo acumulado por el suelo.

-cabellos de mujer
arañan mi mirada
mientras su cuerpo encima
me besa y me rescata-

jueves, 5 de febrero de 2015

Protagonista accidental

Así que bajo
las escaleras hasta llegar a la zona lumbar.
Allí debe de haber un señor que se cree
yo o al menos
que tiene que ver algo conmigo.
Está, sin duda sentado, el señor
-así me lo imagino cuando me muevo
o se pone a saltar y refunfuññña cuando quiero
estar quieto- cómodamente.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Moras en el bosque

Sigue contando el rastro que persigue:
ni siquiera el camino ante el abismo
querrá frenar.

Perdido entre las frases que se miden
quiere avisar suiguiendo otro camino
donde arrastrar.

Me dan en medio del matiz que quieras
los restos, las camisas y las cuentas
sin caminar.

Y si has encontrado perdón
no fue perdido.
Si vienes pidiendo color
a un sueño herido.

martes, 3 de febrero de 2015

El narcisismo se va con sólo tocar el agua

Dime, fluido no newtoniano,
qué leches pasa con el aire.

Susurra y susurra y no da
como el río mi fiel retrato.

Se me ocurrió tocar el líquido
de mi rostro y todo acabó.

Algo de aire o monstruo vi
en el toque mi rostro y todo.

Me levanto y acabo, suelto,
me derrumbo y vuelvo: dime

por qué apenas soy
el matiz y el efecto
que produje o produzco
en tanto tú, mi límite,

que me defines.

domingo, 1 de febrero de 2015

Ladronzuela

Ya está la memoria
jugando a la indiferencia.
He pasado revista a los descuidos
y eso constantemente.
Se desliza sobre ti, lleva tu nombre,
y eso constantemente.
Si el tiempo de mi respiración fuera
soportable, otro con ojos de cuervo
te amaría de nuevo.
Lo aprendería una vez, constantemente.
Lo deslizaría de nuevo, constantemente.
Y tendría ahora ojos de cuervo con mi nombre.
Tendría ahora dedos de cuervo, nombre.
Veríamos volar su grito negro como el perdón
haciendo cielo en mi memoria sintigo y sin aliento.


sábado, 31 de enero de 2015

Agnus Dei

Si ignoras lo que ignoras significa
etcétera y etcétera, y demás
que corra de tu cuenta.

Si indignas lo que indignas magnificas
cierto cetrero trozo de detrás
de 

Si impugno lo que impugno planfica
y no lo quise así, sino verás:
fiel hasta ahora
y sin demora
dejo equipaje
listo señora
para el lenguaje.


viernes, 30 de enero de 2015

jueves, 29 de enero de 2015

Paseo de regreso

Mira por dónde, 
antes un cojo tú, tahúr
que escamoteas, tu sexo 
y tu libertad, sin disimulo
de que no ignoras lo que por
desconocimiento eres hábil.
Te cojo por la cintura, como
un novio que dura un segundo,
como el segundo
y quedo
mudito de hambre al momento.

miércoles, 28 de enero de 2015

Monoteísmo

Noche negra, 
huella inmensa,
larga lengua de ternera.
Cuero absurdo,
calle inversa,
urbe infecta de futuro.

Rumia el suelo de mi historia
vacuna del callejón,
mis podredumbres abonan
curtidores de descanso,
marca el tempo de mis moscas
pezuña de sed hendida,
lame mi fiebre y mi hora
oreja de vaca y cola.


Cabeza de vaca y beso 
de vaca y bifé de vaca,
cielo de vaca estrellado,
pampa de vaca argentina
y en la costilla bovina
cuerno de copia divina,
corazón de enamorado.

Oh, Señora ojos de vaca,
vaca de todas las vacas,
muge mi oscuro alimento,
enyúgate mi testuz,
llena mi boca de luz
y de contento.

martes, 27 de enero de 2015

Locus amoenus

Si interpretamos ese lugar ameno como el entorno natural, sin ninguna mota de artificialidad humana, habría que dejar fuera esa organización armónica de la arquitectura retórico-ideológica. Allí, la depredación del ácaro tendría su lugar. El apretado communio del estrato geológico o la bulliciosa degeneración citoplasmática serían ejemplos para el paradigma.
Si nos atenemos al influjo glorioso, pacífico, difícil, entonces, no decantarse por los entornos estrictamente humanos: conciertos, teterías, grandes estadios... Donde el individuo entrega su alteridad sin reparo y no le estorba callar al unísono de un pensar común. 
Otra opción consiste en considerar el paisaje como reflejo de un ideal vivencial, personal, sentimental. Entramos en el terreno del fantasma, en su casa, en su habitación privada. Y nos será difícil discernir si tenemos esos sentimientos porque nos impregnamos de ese paisaje, o si pintamos ese paisaje porque tenemos esos sentimientos.

lunes, 26 de enero de 2015

Seguir los pasos

Sigue la tierra a un paso de la aurora.
Calza la tierra oscuros sus zapatos
y en dos zancadas tristes de mejora
quiere alcanzar los pájaros ingratos
que el hombre fue sembrando con sus tratos,
feas cocinas de alas sin demora.

Y el hombre sigue a un paso de la tierra.
El hombre gasta tanto con sus fuegos
que inevitable con su mente yerra
su fría alteridad, sus tristes egos,
con obligado acento que le aterra
cuando amanece el canto de la guerra,
feas cocinas de rencores ciegos.

Tú improvisas la ley, me tienes tuyo.
Tú improvisas cualquier significado.
Con esta rapidez
haces calle de mí
fiel de persona.



domingo, 25 de enero de 2015

Luz que brota

Silbas un malentendido
para escaparte del miedo.
En la huida el ejercicio
ha hecho de un músculo espejo.

Se están cimentando sombras,
y en los derrumbes te espero.
Silbo entre las hojas rotas
de un caligráfico invierno.

sábado, 24 de enero de 2015

Hicimos esta ciudad

Hicimos esta ciudad con los ojos vendados.
Vas a venir calles y recuerdos.
Vas a venir siempre tan vestida.
Vas y sin la decisión correcta
a venir.
 
Has modelado mi cuerpo con los ojos vendados.
Otros opinan que es un tropiezo.
Otros tropiezan con él, se quejan.
Otros tientan y juzgan, tientan,
juzgan. 

Tejías tu pensamiento con los ojos vendados.
Y era yo el día que atrapaste.
Y era el día el labio que mordiste.
Y eras tú el labio
y el hueco que dejaste.

(En esta oscuridad late celosa la noche.
Otra vez la noche se cansará mucho antes
que nosotros obsesionados, obsesionados de amor.
Y su cansancio será la luz del día)

viernes, 23 de enero de 2015

jueves, 22 de enero de 2015

Potencia ubicua

Un electrón extraño contrata contra cuatro
feroces fuerzas fuera de escafandras.
Luego, llegada la lluvia, degollarán las dagas llagas
sobre sobrados brezos saboreando brasas.
Nadie conoció nociones de una unidad
decente cediendo cedazos adocenados
sin otros siniestros sinos.