miércoles, 22 de marzo de 2017

No envidies

No envidies el sentido,
las olorosas canciones
que la noche en las rocas
quisieran navegar, para ser
hombres, el céfiro timón
que con el tiempo y la sangre,
estudios de profunda medicina,
va dando clable a la tibieza
colgadura, aspiración dental,
sin beso, sin rótulos, nudillos
y caderas, cuando invierno 
en el sombrero araña tu nostalgia,
el tramposo, ficiticio, 
bálsamo de voz,
corrupto de intención,
aojado y maldito.

martes, 21 de marzo de 2017

¿Ya no?

Civilización que desteje por la noche.
Que dice que tejió en el pasado de sus días.
Ciudad que va pirateando la ingenua rabia
de monstruosos seres grandes y extranjeros.
Que cuenta historias sobre la hospitalidad,
sobre la adivinanza universal y el deseo
por sufragio. Estructura, moda, valor, juguete.
En un salón corrompen el banquete y en otro
se trama con belleza la historia de un viaje.

lunes, 20 de marzo de 2017

En un momento

En un momento dado
aplíquese la circunstancia.
En un momento robado
era así el roce de tu ropa,
y ahora se desvela este señorío
al abrigo tenaz de la distancia.
En un momento prestado
sería capaz de ser con coherencia
con esta lógica de tanta utilidad
y su farándula eficacia y su rigor
en este espasmo del que nunca escribo
en un momento fugaz, filibustero,
regalo con complicidad y con usura,
que este idioma prestado, fugaz, 
ladrón, estafador, ingenuo y riguroso
que más que
yo
te ama.

sábado, 18 de marzo de 2017

Donde explico la naturaleza de mis cuatro enemigos V

EL SENTIDO DE ESTA ENEMISTAD

¿Hacen daño? Si consideramos que así funciona el discurso humano, no habría daño alguno. Pero, ah, no es así todo discurso humano, ni ese discurso es uno, indivisible o inmutable. 
Me hacen daño si me impiden admitir, reconocer o imaginar otros discursos posibles (esto es, me hacen irónicamente menos real). Y no es que me hagan daño a mí, sino que soy yo quien se empeña en ponerlos en denuncia, y quiero estar atento, para que mi yo sepa robarse a sí mismo el olvido que le hace ser yo (ese yo de los muchos que me poseen, ese yo de los muchos yos posibles).
Alguno me dirá que si desconfío del bien, debiera desconfiar del mal y del daño. Pero no creo que a nadie le resulte conflictivo recordar que debe desconfiar del daño y del mal. Pero así pensado, creo que el dolor, el error, el daño y el mal, usan menos máscaras, son más honestos, mentras que el bien es un lobo con piel de cordero, que desprestigia el peligro de los lobos y de los corderos.
Considerarlos como enemigos no busca un afán de destrucción; no tiene que ver con el deber-ser, no-deber-ser. El objetivo es el estado de alerta, para tener en cuenta en cada caso, qué se dice y quién habla.

viernes, 17 de marzo de 2017

Donde explico la naturaleza de mis cuatro enemigos IV

EL YO

El yo es una ilusión. Esto se sabe, y en este siglo está demostrado con datos y argumentado con estudios que no voy a citar, pero pueden encontrar fácilmente.
Pero si el yo consiste en un preciso olvido de que es una ilusión, irónicamente se vuelve menos real. 
Debo, pues, recordar, siempre que pueda, que yo no soy el agente que piensa, decide o recuerda, sino el producto de lo pensado, decidido o recordado. Puedo admitir que el yo es un ser que sabe; pero en la medida en que su saber suele sostentarse en el olvido de que lo que sabe es el saber que ha subrayado de otro y que su pensamiento es, por tanto, más torpe, más lento (si es que tiene velocidad alguna), menos eficaz, desconfío.
Es frecuente que el yo se crea uno y único.
Es frecuente que el yo considere suyo todo lo que sabe (y hasta considere que sabe todo lo que tiene  que saber ‒y hasta considere que sabe todo lo que se tiene que saber‒).
Creo que es el yo el que se empeña en confundir el uno y el todo, siendo así más nítida la naturaleza de su ser como objeto (objeto que se cree sujeto) perceptible (pero que se considera sujeto perceptor). 
Pero el olvido peor, el más criminal, el más flagrante, es el de que el yo se toma a sí mismo como criterio para el bien, y llama bueno lo que es imagen de sí mismo, enmascarando su moral con extraños principios, que raramente cumple ‒pero constantemente exige‒, máscaras como la felicidad, la utilidad, la vida, la posesión, que quedan desplegadas en el gigantesco teatro de su discurso.

jueves, 16 de marzo de 2017

Donde explico la naturaleza de mis cuatro enemigos III

EL BIEN


Mucha literatura hay en torno a esta idea, que difícilmente tiene un origen señalable, sino que parece deducirse de algunas otras que luego resultan con frecuencia ser máscaras de otras. 
Pensar que el bien no es una ficción es un error. El bien, por este lado, entresija una confusión entre el "ser" y el "deber-ser", dando a pensar que sólo lo que debe ser, es: no ya que lo que es malo no debiera existir; sino que, como es malo, no existe (no debe ser pensado).
Si, para colmo, se considera que el bien es uno, único, indivisible, coherente, inmutable, mal vamos.
Pero aún queda un grado más, sorprendentemente frecuente: afirmar que todo es bueno. Por este otro lado, tenemos que oír que sólo lo útil es bueno, sólo lo bello es bueno, que todo lo útil es bueno, que todo lo bello es bueno y esa caterva de reduccionistas engaños.
Pensar que el bien es más real que el mal parece un capricho. Cuando no, el bien es la máscara preferida para arrojar el mal (siempre a los demás), como un paraguas que despidiera lluvia y dijera que se protege de ella. Pinta, además, un mundo de humedad en blanco y negro, donde sólo uno de los elementos es presencia, sequedad, mientras el otro es ausencia, oscuridad.
Esta trinidad de confabuladores: el todo, el uno y el bien, esconde al más desconocido de los dioses: el Yo.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Donde explico la naturaleza de mis cuatro enemigos II

EL UNO

Reducir a uno lo que está compuesto de partes distintas y hace referencia a una multiplicidad, es un gesto, tal vez incluso necesario, de la percepción, que enfoca como un solo objeto lo que es una constelación de estímulos diversos.
La identidad es una ilusión, y olvidar que es una ilusión la vuelve, irónicamente, menos real. Los objetos existen, pero no son, en sí mismos, unidades, sino en relación a otros objetos semejantes o semejantemente contrastables.
Así, salvaguardar la unidad, y levantar sobre esa idea de salvación de la unidad una moral de conducta, corrompe nuestros actos y nuestros pensamientos.

martes, 14 de marzo de 2017

Donde explico la naturaleza de mis cuatro enemigos I

EL TODO

En el discurso, con frecuente rapidez, se recurre a "todo" o "todos" como conclusión/premisa fácil de algún conocimiento.
Generalmente, no suele referirse a la concreción de un conjunto finito, sino  a una noción abierta e incomprobable.
Además, el "todo" tiende a convertirse en una unidad aquello que está compuesto de multitud de elementos, cada uno algo distinto de los demás. No sólo anula sus matices, sino que los destierra de una consideración mental. Esto nos lleva a tener en cuenta al siguiente enemigo.