sábado, 18 de marzo de 2017

Donde explico la naturaleza de mis cuatro enemigos V

EL SENTIDO DE ESTA ENEMISTAD

¿Hacen daño? Si consideramos que así funciona el discurso humano, no habría daño alguno. Pero, ah, no es así todo discurso humano, ni ese discurso es uno, indivisible o inmutable. 
Me hacen daño si me impiden admitir, reconocer o imaginar otros discursos posibles (esto es, me hacen irónicamente menos real). Y no es que me hagan daño a mí, sino que soy yo quien se empeña en ponerlos en denuncia, y quiero estar atento, para que mi yo sepa robarse a sí mismo el olvido que le hace ser yo (ese yo de los muchos que me poseen, ese yo de los muchos yos posibles).
Alguno me dirá que si desconfío del bien, debiera desconfiar del mal y del daño. Pero no creo que a nadie le resulte conflictivo recordar que debe desconfiar del daño y del mal. Pero así pensado, creo que el dolor, el error, el daño y el mal, usan menos máscaras, son más honestos, mentras que el bien es un lobo con piel de cordero, que desprestigia el peligro de los lobos y de los corderos.
Considerarlos como enemigos no busca un afán de destrucción; no tiene que ver con el deber-ser, no-deber-ser. El objetivo es el estado de alerta, para tener en cuenta en cada caso, qué se dice y quién habla.

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